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Sentipensarse joven indígena de ciudad. Las voces cosmoconscientes del podcast ¿Origi-Ke?

La profunda crisis del modelo político, económico y cultural chileno, que estalló el 18 de octubre de 2019, liderada por una multitud de escolares saltando los torniquetes del metro, simboliza la urgencia por romper y transformar las bases de una sociedad horrorosa y violentamente desigual, injusta, racista, patriarcal y monocultural; que niega y aplasta las múltiples y diversas formas de ser.

Desde esa tarde-noche de rebelión muchas de estas voces acalladas, hastiadas, ignoradas y negadas comenzaron a manifestarse en las calles, en espacios cotidianos de trabajo o estudio, en medios de comunicación alternativos y otros no tanto. Ya no eran las banderas partidarias las que flameaban en la protesta. Hermanadas a la bandera chilena, coloreaba o cubierta de mensajes, la Wenufoye, la Whipala o la Wüñelfe se sumaban a las voces, a los flyers, stickers, pancartas, ollas o cacerolas sonando. Parecía que la lucha histórica por la recuperación de derechos y tierras del mundo indígena era también la lucha de quienes comenzaban a reconocerse en la urgencia por justicia y dignidad. La protesta se fue haciendo clamor por una nueva constitución que incluyera todas estas voces; que debía ser paritaria y plurinacional, e incluso pluricultural. Este país, que siempre quiso mostrarse a sí mismo y al mundo como occidental y europeo, parecía avanzar y mirarse en el espejo de la morenidad, la negritud, de su ser, origen y presente indígena- migrante y mestizo.

Y se nos vino la pandemia como otro vendaval que seguiría desnudando el modelo. Hubo que replegarse y construir puentes virtuales, en imágenes y sonidos a la distancia. Allí es donde nos encontramos con un extraordinario proyecto sonoro, el podcast “¿Origi-ke?”, o como sus creadoras/es lo definen: un audio fanzine experimental y contra informativo de jóvenes Indígenas autoconvocadxs de Valparaíso. Son muchas las cualidades que lo hacen original, poderosamente honesto, sorprendente y sobrecogedor. Sus sentidos y significados, sus múltiples lenguajes sonoros, creativos, artísticos, musicales y lingüísticos, lo tornan una experiencia que nos sigue asombrando. Decidimos contactarlas/os y contarles lo mucho que valorábamos su proyecto, más cuando mucho de lo que reconocen como sus principios resuenan y dialogan con los propósitos y miradas que estamos instalando en interculturalidad en la Chile. Luego, iniciamos un encuentro virtual con sus reflexiones, que reconocemos en el concepto de Buen vivir de los pueblos indígenas, las filosofías andinas, sus cosmovisiones y la necesidad constante por descolonizar y descolonizarse de muchas/os jóvenes indígenas, en su viaje a descubrir o reencontrarse con la propia identidad, desde sus historias comunitarias y ancestrales.

Si bien el espacio ya cuenta con 6 capítulos, dialogaremos con el primero, titulado “Un mundo ch'ixi/ champurria es posible”, que ellas/os reconocen como manifiesto y con las reflexiones que sus autoras/es nos compartieron. En esta primera entrega, sus creadoras/es trazan el camino a recorrer: la importancia de contar con un espacio para reconocerse, encontrarse y compartir su “ser indígenas de ciudad”.

Reconocemos en esta propuesta sonora como la voz liberada de los pueblos al sur del Abya Yala (1) -no de América y que fue asumida como voz descolonizada para nombrarse y reconocerse-. Estos ejercicios de descolonización del pensamiento y de la cultura se levantan como voces críticas del paradigma único impuesto desde occidente en todos los planos de la vida, la relación con la naturaleza, la educación en todos sus niveles, la sociedad, las comunicaciones, las relaciones, las instituciones, de las ciencias, las artes y las humanidades. El colectivo de jóvenes reconoce esta acción descolonizadora como motor que las/os motiva, desde sus orígenes personales-comunitarios y trayectorias:

Acaecido el alzamiento del Pueblo Chileno en contra del gobierno de turno y de la clase oligárquica y de sus engaños, al vernos también inmersos en la vorágine, jóvenes cuerpas en constante búsqueda de sus raíces confluyen en un círculo una mañana soleada de noviembre del 2019, (un día después de la conmemoración de la memoria del weichafe Camilo Catrillanca). Debido al COVID-19 y desde nuestra necesidad de seguir reflexionando y problematizando en torno a nuestros procesos identitarios, decidimos activarnos política y comunitariamente para sobrellevar de mejor manera esta crisis sanitaria, donde el enclaustramiento en nuestros hogares, al igual que muchxs, tiene sus repercusiones en nuestras emociones, pensamientos y nuestro ajayu/ espíritu.

Son muchas y muy diversas reflexiones y emociones que nos movilizan; es doloroso pensar y materializar esto. Sucede que nos abraza una contrariedad que cargamos por habernos autoreconocido como indígenas y vivir una vida occidental en la urbanidad. ¿Cómo se logra tal equilibrio, si a veces sentimos que fallamos en el cotidiano? Solo sentir que nacimos en una familia cuyos recursos serán destinados a una educación occidentalizada porque es la validación misma del Estado winka/ kara, comprando fruta en una trasnacional porque nuestro mayor poder adquisitivo es la junaeb, o aprendiendo esta lengua que será nuestro portal de comunicación. Otro potente sentir en nosotrxs es la rabia al ver el extractivismo capital patriarcal en niveles ya groseros y criminales, el saqueo y la impunidad con que se violenta el agua, los territorios y sus habitantes, la flora y fauna y toda la vida en general.

El capitalismo y el sincretismo han hecho lo suyo y nos han llenado tanto la cabeza con el maldito marketing y folclorización indígena que las, les y los jóvenes que escuchan este llamado ancestral no son capaces de reconocerse por miedo y vergüenza por todas las humillaciones y vejámenes que atravesaron nuestrxs antiguxs. Eso nos unió hoy en día como jóvenes indígenas, champurrias y ch’ixi por la waria, una fuerza mucho mayor nos dijo que teníamos que estar juntxs para aprender y poder compartir lo que sabemos de nuestrxs ancestrxs y de nuestra gente mayor que se les honra y respeta. Hoy día somos esa fuerza joven que no tiene miedo de ser indígenas y ser de ciudad, buscando darle un sentido a nuestra existencia y pudiendo amar (nos) hasta que nuestrxs ancestrxs nos lo permitan. Y para quienes tengan la oportunidad de leernos: No nos conocemos, pero nos necesitamos.

Las diversas trayectorias descolonizadoras de los pueblos indígenas y de estas/os jóvenes de Valpo, nos recuerdan que poseen maneras de pensar-pensarse y sentir que comparten, así como elementos particulares, que hablan de una forma de comprensión del mundo distinta a la occidental. Históricamente, movimientos indígenas, organizaciones comunitarias y sociales del Abya Yala emergen, desde su resistencia ante la colonización, para oponerse al modelo neoliberal y levantarse como portadores de formas de vida alternativas a la globalización económica y la devastación de la naturaleza.

Este volver a levantar lo propio comenzó con un ejercicio intelectual, el pensarse por sí mismos, jiwaspachpaamuyu. Así el ejercicio del amuyu (pensamiento) y lup’i (reflexión, análisis), se manifestó en una producción intelectual que dejó de lado la vieja tradición colonial de adoctrinamiento (Choque, M. E., 2006: 3)

Entre los pueblos, aseguran estas/os jóvenes, hubo tiempos en que sí compartimos, que sí convivimos juntxs, que sí aprendimos la lengua del otrx para entendernos. Aún hay mucho kimün para seguir recorriendo esas huellas. Eso nos une hoy jóvenes indígenas, champurria. Este rumbo si bien es colectivo se materializa en búsquedas, crisis, quiebres y descubrimientos de la propia voz e identidad: Los procesos identitarios, de autoreconocimiento, se constituyen en un despertar personal, el que muchxs de nosotrxs hemos vivido en distintas circunstancias biográficas. Poder sacudirnos la vergüenza y compartir nuestras heridas, te vas dando cuenta que no es una afectación individual, existe un daño primigenio producto de la violencia fundadora de las metrópolis europeas y luego con el surgimiento de las Repúblicas. En este proceso del autoreconocimiento, es que también estamos abiertxs a incluir y ser comunidad para quienes emprendan esa búsqueda.

La propia voz se va encontrando al calor de otras voces, de otras búsquedas, que se reconocen y deciden caminar juntas, que nunca han estado solas y hoy lo saben, porque ancestras y ancestros las/os han guiado a este nuevo ser:

desde las conversaciones circulares y la comida compartida, conocido desde tiempos inmemoriales como apthapi, surge el Tantachawi/ Trawün de Jóvenes Indígenas como un grito de unión y reconocimiento. En este sentido, hay una motivación y movilización interna que es la respuesta al llamado de la tierra, algo que nace de la interioridad de cada unx de nosotrxs y eso nos hace agruparnos en manada originaria para construir en conjunto, aprender, descolonizar categorías epistémicas y compartir saberes de nuestros linajes, que nuestras trayectorias sean aporte comunitario y ser la voz presente de lxs ancestrxs.

Debido al COVID-19 y desde nuestra necesidad de seguir reflexionando y problematizando en torno a nuestros procesos identitarios, decidimos activarnos política y comunitariamente para sobrellevar de mejor manera esta crisis sanitaria, donde el enclaustramiento en nuestros hogares, al igual que muchxs, tiene sus repercusiones en nuestras emociones, pensamientos y nuestro ajayu/espíritu.

En la resistencia y despojarse de los sentidos colonizadores se recupera una cosmogonía, cosmovisión y valores compartidos por los pueblos indígenas, como asegura Elisa Loncon (2010). La cosmovisión se refiere a un conjunto de percepciones, creencias que comparte una colectividad y que le dan un sentido y coherencia a su forma de habitar, de ser, de pensar y de sentir; es la imagen del mundo que poseen; la mirada que los lleva a interpretar su entorno natural, social, cultural y total. Una inflexión y apertura de esta cosmovisión de los pueblos es propuesta por Lozada (2007) y Oviedo (2011), que reconocen que la noción de cosmovisión sigue siendo un concepto racional e intelectualizado- aún colonizado-, pues se distancia de lo sensitivo- emocional, que es central para los pueblos andinos. Reconocemos esta cosmoconciencia de los pueblos indígenas, como manera de relacionarse con sí mismas/os, su comunidad, la naturaleza toda y el universo. Es lo que desde el podcast porteño escuchamos nombrar como “sentipensares”, desde el conocer y conocerse, desde las emociones que las/os atraviesan y que sanan desde sus memorias, las heredadas, contadas, atesoradas con todo su ser, sentir y pensar.

Luego de Chileyem, desde Pikunmapu/ Qullasuyu, como territorio; desde donde dialogo, doy cuenta que brota una fuerza joven que no teme ser indígena y ser de ciudad, porque también bailamos trap. Pero también sentipensamos la forma de habitar y reconstruir nuestra identidad cruzada por la herida colonial y decidimos que crearemos nuestra propia versión de nosotrxs mismxs, 100% Original No Fake. ¡Y en tiempos violentos y virulentos se Origi KÉ (original)!... Para seguir recorriendo la memoria reciente construida también en los relatos de nuestrxs antiguxs que habitaron actualmente el saqueado Valle del Akunkawa (zona central). Nuestros manifiestos serán liberados según nuestra kuyen/phaxsi/ killa para que prepares tu mejor awayu, lawen y mate y viajemos juntxs porque aunque no os conozcamos, nos necesitamos.

Nos reunimos periódicamente en Tantachawi/ Trawün virtuales acorde a nuestros tiempos, sin calendarios ni presiones occidentales, donde a veces no necesariamente nos ponemos a discutir el contenido del siguiente capítulo, sino más bien saber cómo estamos, qué sentimos frente a un contexto delirante como lo es el COVID-19. Nuestras emociones juegan un rol importante en nuestra propuesta comunicacional, emociones que no tienen cabida en las instituciones y en la academia, y de ser así, transforman, categorizan o “higienizan” ese conocimiento usurpado, abstraído y menospreciado de los pueblos originarios.

Tal necesidad y certeza del viaje compartido, de estos jóvenes indígenas, confluye en una mirada cosmoconciente, o cosmovisón, la que se caracteriza y manifiesta según Loncon (2010) en sentidos de comprensión del mundo indígena, que evidenciamos en el podcast “¿Origi-ke?” : A) Unicidad del mundo de la vida, en que el universo, el mundo visible y material así como el espiritual, todos los seres vivientes y de energía que allí habitamos somos uno solo. Cada elemento que integra esta totalidad es, por tanto, una parte de este todo y posee igual valor e importancia y es merecedora de iguales derechos. Esta noción de totalidad sustenta los principios del Buen Vivir de los pueblos indígenas, como formulación más antigua de resistencia frente al colonialismo del poder y la reafirmación de la existencia de un modo de vida propio.

Al interior de esta unicidad existen otros sentidos o principios que le dan equilibrio a la vida misma: B) El ser humano pertenece a una comunidad, es parte de este universo en que sus integrantes se relacionan desde la complementariedad, de cada persona, de cada ser vivo con las y los antepasados, ancestras y ancestros. Son también complementarios los seres vivos entre sí, lo terrenal con lo espiritual. Esta relación implica una conexión y un ser parte una del otro. Emerge así el sentido de reciprocidad en las relaciones humanas y con cada ser que habita la naturaleza y el universo, por ello existe un dar y recibir mutuo y un agradecer por ello. Así se va tejiendo una relación armoniosa entre diferentes entidades y seres.

C) Las comunidades se rigen, a su vez, por el principio de relacionalidad, que se corresponde con la matriz cultural andina (Rodríguez, 2016), en la que prevalece una visión comunitaria de las relaciones sociales, y no jerarquizada del individuo sobre la naturaleza. Este sentido de lo comunitario se conecta con el formato oral- auditivo elegido en el podcast, para vincularse y comunicarse con esas/os que están en búsqueda o ya han emprendido el viaje hacia sí:

Para nosotrxs cada episodio es un viaje sonoro, nos parece que todxs aprendemos de distintas maneras y este tiempo se abre a que junto a lo visual, digital y táctil, lo auditivo sea un acompañamiento, una guía hacia un destino interno que se acciona al oír. Tal vez el sentido de la audición sea una de las primigenias formas de conocer, de conectarse al entorno. Antes de cualquier tipo de lenguaje hubo una escucha y eso queremos rescatar; es un sentido tan potente, que tras cada episodio los comentarios de otrxs y nuestros propios sentipensares son emocionales y de muchos afectos.

En este entramado relacional destaca como sentido D) una profunda y poderosa conexión entre el mundo visible y el espiritual, no reconociendo fronteras que limiten su contacto y comunicación, de allí la importancia y profundidad que las prácticas y saberes espirituales. La espiritualidad está presente en todos los seres de este universo total, como la naturaleza y sus elementos, como la madre tierra o el padre sol. Es a través de estados de observación y contemplación que el ser humano sostiene estas conexiones y equilibrios, y le permite conectarse y comunicarse, por ejemplo, con esta madre tierra, que es más que un territorio, es un ser vital que abraza a quienes la habitan y atesoran y merece ser abrazada, amada y protegida.

Por otro lado, el respeto y gratitud hacia la Pachamama/ ÑukeMapu y los espíritus sagrados que habitan en cada ser natural, así como por nuestrxs ancestrxs, pueblos y linajes, nos permiten estar aquí hoy y responder estas preguntas. Sentipensarnos originarixs en la urbanidad implica diferentes formas de vivir y construir comunidad, al no estar necesariamente habitando los mismos territorios ‘ancestralmente reconocidos según ésa historia parcelada y oficial’.

Finalmente, desde la cosmoconciencia, se vive según E) el sentido o principio cíclico del tiempo y la naturaleza, a diferencia del tiempo lineal occidental. Por ejemplo, en muchas celebraciones de los pueblos, como el Solsticio de invierno, en que vuelve a comenzar una nueva época, la naturaleza vuelve a renovarse ligada al movimiento del sol.

Las comunidades indígenas se conciben como parte de la tierra y por tanto de sus ciclos. Vemos cómo la tierra cambia, cómo pasan las estaciones, cómo el cielo vuelve a ser el que alguna vez algunx de nuestrxs ancianxs observó. Así, no se trata de un tiempo lineal, desde un principio a un fin, sino de un ciclo que siempre vuelve a comenzar, siempre vuelve a hablarnos. Cada momento o festividad es una instancia más para recomprendernos y comprender los ciclos del territorio que habitamos. Y a través de ello recuperar lo que nos fue despojado, retomar nuestra historia y reivindicar lo que somos y lo que construimos Poner en práctica nuestros elementos culturales propios, defender y repensar nuestras identidades en concordancia con nuestro territorio, y siempre de la mano con la revitalización de nuestras lenguas y nuestro conocimiento (Primer cap. Podcast Interculturalidad, 2020 ).

Para las voces porteñas del podcast el ciclo es una constante, desde el círculo como espacio de encuentro, reconocerse, intercambiar experiencias e historias, compartiendo un mate virtual o las memorias de las abuelas y abuelos que emigraron desde sus tierras y aprendieron del desprecio por sus culturas y sus lenguas. Y el ciclo se completa cuando hoy sus nietas/os al aprender sus lenguas y saberes, demuestran que sus pueblos no son vestigios, que no están extintas/os, pues son tesoros en las palabras de sus predecesoras/es.

Esta es una sociedad homogeneizada que no acepta ni comprende sus raíces ni la diversidad y que desconoce la historia intencionalmente borroneada y que más encima te sentencia antes siquiera de escucharte porque según los libros de la historia oficial chilena, fuimos pueblos que alguna ‘vez existieron’. ¿Cómo nos posicionamos frente a esa contrariedad?

Lo cíclico aparece también en la propuesta sonora guiada por los ciclos lunares, que han orientado desde siempre a sus pueblos. Recuperar esta unicidad con la luna y sus tiempos es regirse por el tiempo no colonizado ni catolizado, no sincretizado o vaciado de poder y vida.

La propuesta comunicacional de “¿Origi- ke?” se teje y construye también como un encuentro, reconocimiento y diálogo cultural, lingüístico, artístico y creativo. Los pueblos, sus lenguas y maneras de ser y hacer aparecen en lengua aymara, quecha, mapudugun o diaguita, restableciendo su presencia y protagonismo en tiempos y espacios que parecen vaciados de sentido y humanidad. Estas voces platican con la naturaleza como una hermana, en canciones, en relatos o entrevistas, en ritmos ancestrales o contemporáneos, que cuestionan la ausencia de cualquier tipo de diversidad, porque cuando exigen sus derechos es para todas/os. Se entrelazan identidades y culturas en absoluto dinamismo, a tal punto que se cuestionan ¿cómo nos llamábamos a nosotrxs mismxs?. A lo que se responden, estamos en un plano compartido con otros ngen, achachilas. Somos el despertar de la fragmentación que nos impuso la vida colonizadora, que nos dividió, nos enajenó, que nos hizo luchar por migajas para auto educarnos. Es un viaje, aprovechar esta oportunidad de ser duales, híbridos. Las redes comunicacionales nos han permitido cercanía en tiempos de distanciamiento; al tener claridad en objetivos comunes, en sentires comunes, podemos proponer cooperativamente y visibilizar mensajes y realidades actuales urgentes.

Cuando les preguntamos a las/os jovenesindigenasvalpo ¿qué imaginan que les depara el futuro y cuál es la relevancia de una propuesta de estas características en el universo juvenil, indígena, estudiantil, en la warria? reflexionan que imaginar es ilimitado, más nosotrxs vamos con mucho amor y respeto avanzando paso a paso, disfrutando los procesos. Somos conscientes de que nuestra propuesta es relevante en el universo de muchxs hermanxs, de todxs quienes escuchen y participen en esta recuperación de nuestros procesos identitarios de pueblos originarios, rescatando y volviendo a antiguas formas de entender la vida y que son igualmente válidas y deben ser respetadas. Esperamos transmitir y motivar a donde sea que llegue nuestro mensaje y seguir haciendo redes que defiendan la vida pero sobre todo, el orgullo de ser algo mucho más que solo ser, el orgullo de pertenecer a distintos pueblos.

Bibliografía

  • Choquehuanca, D. (2006). Hemos decidido volver a nuestro camino, recuperar nuestros valores, recuperar nuestros códigos. En: Intervención en el Encuentro Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala. La Paz (Bolivia).
  • Loncon Antileo, Elisa. (2010) Wüñol Tripantü o Wvñol Xipantv. Historia, presente y futuro para los pueblos indígenas. Texto sin publicar.
  • Lozada, B. (2007). Cosmovisión, historia y política en los Andes. La Paz (Bolivia): CIMA Editores.
    Rodríguez Salazar, Adriana. (2016) Teoría y práctica del buen vivir: orígenes, debates conceptuales y conflictos sociales.
El caso de Ecuador. Tesis doctoral Universidad del País Vasco.
  • Oviedo, A. (2011). Qué es el Sumakawsay. Más allá del socialismo y del capitalismo. Camino alternativo al desarrollo. Una propuesta para los “indignados” y demás desencantados de todo el mundo. Quito (Ecuador): Ediciones Sumak.

(1) AbyaYala en la lengua del pueblo Guna significa “tierra madura”, “tierra viva” o “tierra que florece” y es un término que designaba a todo el continente, previo a América.
El pueblo Guna es originario de la sierra Nevada al norte de Colombia; y actualmente vive en la costa caribeña de Panamá, en la comarca de Kuna Yala (San Blas).

Gricelda Figueroa Irarrázabal
Álvaro Calfucoy Gutierrez
Área Interculturalidad
Oficina de Equidad e Inclusión
Universidad de Chile

Oficina de Equidad e Inclusión

Viernes 3 de julio de 2020