Comité por la Sustentabilidad

Vinculación Sostenible

Respira Confianza: el proyecto estudiantil que busca ayudar a las comunidades de Quintero y Puchuncaví

Sensores de baja costo con los que hoy trabaja el equipo de Respira Confianza

Sensores de baja costo con los que hoy trabaja el equipo de Respira Confianza

Kevin Valenzuela, estudiante de ingeniería civil química y encargado del proyecto Respira Confianza

Kevin Valenzuela, estudiante de ingeniería civil química y encargado del proyecto Respira Confianza

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Respira Confianza

Estudiantes de distintas disciplinas de la Universidad de Chile desarrollan la iniciativa que será presentada en el 1er Encuentro Estudiantil ODS: Proyectos de Ingeniería y Ciencias en Latinoamérica, que reúne distintas experiencias a lo largo de la región en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Todos los días, poco antes de salir a trabajar, Carolina Orellena revisa su celular para chequear los indicadores de calidad del aire de la Bahía de Quintero. Dependiendo del nivel de contaminantes existentes decide si quedarse en casa o continuar con su jornada cotidiana.

Esa realidad que han padecido por años las y los habitantes de Puchuncaví y Quintero fue conocida por todo el país en 2018, debido a las intoxicaciones masivas que se vivieron por más de dos meses y que afectaron a cientos de familias. La problemática se instaló a nivel país, abrimos los ojos y el grito de ayuda de sus habitantes recorrió diferentes lugares.

Uno de ellos, y donde fue escuchado con gran atención por sus estudiantes, fue en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. En un foro realizado a fines de ese año por el Centro de Estudiantes de Ingeniería, Carolina Orellana, dirigenta social Casa de la Mujer de Quintero, decidió exponer lo que pasaba y decir lo que necesitaban: “Pablo, un dirigente del centro de estudiantes me dijo: ´si tienen algo importante que le quieran pedir a la Facultad de ingeniería, hazlo, porque este es el momento´. Dije que necesitábamos una red de monitoreo de calidad del aire que sea de la comunidad y que permita a la comunidad estar atentos con respecto al riesgo para poder resguardar nuestra salud e ir mejorando la calidad de vida, y obviamente también como un punto importante para visibilizar la exposición crónica y los altos niveles de riesgo a los que estamos expuestos cada vez que hay una nube tóxica de dióxido de azufre o de hidrocarburos volátiles y todo eso. Luego de unos meses me contactaron de nuevo los chiquillos estudiantes para contarme que ellos habían quedado súper motivados de lo que yo les había compartido y que les había hecho mucho sentido poder ser parte de una de las soluciones para una comunidad súper vulnerada”.

Nacía entonces el proyecto Respira Confianza, organizado por estudiantes de diferentes disciplinas de la Universidad de Chile, el que cuenta además con el apoyo de distintos profesores. La iniciativa busca entregar una red de monitoreo de calidad del aire independiente, que sea de los vecinos y vecinas del sector, con datos confiables y abiertos para toda la comunidad.

Por medio de una convocatoria abierta se levantó un primer equipo, en el que está desde el inicio Kevin Valenzuela, estudiante de ingeniería civil química, quien hoy está a cargo del proyecto. “Este primer equipo empieza primero a ver la posibilidad de generar esta red de monitoreo. La posibilidad de levantar información, hacer un estudio sobre la red que había actualmente en ese tiempo y ver cuáles eran los contaminantes que se estaban emitiendo.Después se convocó un curso de investigación, en específico de estudiantes de ingeniería química, porque para poder definir cuáles eran los contaminantes que estaban en la zona se necesita hacer un estudio de cuáles eran los procesos productivos que habían en Quintero. Qué estaban produciendo las empresas y que contaminantes estaban en el ambiente”.

Pese a los distintos obstáculos para obtener información, los que en su mayoría fueron puestos por las empresas de la zona, se logró realizar un primer catastro que permitiría definir el camino a seguir.

Uno de los profesionales que colaboró en ese proceso fue el profesor de la Universidad y miembro de la Fundación Cisne Negro, Mauro Arias, quién además, también está a cargo del proyecto. “Desde ahí empezamos a ver qué empresas hay y qué es lo que se produce y ver cómo lo estamos midiendo como Estado. Contrastar la oferta de gases con sus mediciones. Y decidimos crear un hito final y pasar a esta segunda etapa. Presentamos este trabajo como primer hito en Quintero y Puchuncaví a la comunidad y vino la segunda parte. ¿Qué hacemos con toda esta información?”.

Esa primera etapa fue parte crucial del proyecto, ya que la desconfianza de la comunidad hacia la información entregada por las autoridades era y es muy alta. Previo a la intoxicación masiva de 2018, la que afectó en un 90% a niños y adolescentes que tenían entre 9 y 15 años, la red de monitoreo que había en la zona pertenecía a las mismas empresas y la fiscalización por parte del Estado era casi inexistente. “Hasta el 2018 la Red era de propiedad de las mismas empresas, entonces eran los mismos titulares de las empresas los que manipulaban y entregaban los datos. Y ahí había una serie de inconsistencias. Por ejemplo una empresa nos decía ´esta estación mide dióxido de azufre con tal equipo´ y nosotros buscábamos el equipo y ese equipo no medía dióxido de azufre, volvíamos a preguntar y nos respondían otra cosa. Por ejemplo nos decían ´no, es que ahora tenemos otro equipo ́, entonces habían constantes inconsistencias”, comenta Kevin Valenzuela.

Hoy, dicha red es administrada por el Ministerio del Medio aAmbiente, pero los problemas continúan y la desconfianza de las personas no disminuye. “Hasta el día de hoy los datos de la red de monitoreo de Quintero y Puchuncaví no tienen validación. Si entras a la red de Simca puedes ver la información de monitoreo que suben las redes en todo Chile y la de Quintero y Puchuncaví ninguna tiene la validación de sus datos. Por ejemplo, cuando dice material particulado, dice ´no validados´, lo que significa que hay inconsistencia. La validación de que esos datos tengan correlación la tiene que hacer un profesional y eso nunca se ha hecho. En el momento que ocurrieron las intoxicaciones habían estaciones de monitoreo que llevaban dos años sin registrar ningún dato, incluso había estaciones que no medían los cuatro contaminantes normados, que sólo medían dos. Por ejemplo, la estación de Quintero por dos años no midió material particulado. No había claridad de cuál era la calidad del aire en todas las comunas. La gente se podría estar muriendo y tú no lo sabes. La pelota se pasó de un lado a otro y los problemas siguen existiendo. Siguen las estaciones sin validación de datos, siguen algunos equipos no midiendo todos los contaminantes, etc”, agrega el estudiante de ingeniería civil química.

Vino entonces la segunda parte del proyecto, hacerse cargo de la problemática y ver cómo resolver esta necesidad. Lo que en un principio parecía un imposible, hoy poco a poco va tomando forma. Pamela Ayala, estudiante de licenciatura en química, es parte crucial de esta etapa: “Como química ambiental, mi misión en un inicio es evaluar el funcionamiento de los sensores electroquímicos de bajo costo Alphasese, es decir, que tipo de gases se necesitan medir principalmente, evaluar si las señales entregadas de electrodo auxiliar y de trabajo son correctas, determinar las condiciones de viento para instalación de sensores en lugares donde la nube de contaminante afecta más a la población, además de considerar zonas que la misma comunidad identifique como importantes. Posteriormente de la instalación definitiva de los sensores, se deben recopilar datos del monitoreo ambiental y analizarlos para determinar un modelo de ajuste que pueda convertir la señal de los sensores de voltaje, a unidades de concentración y poder comparar con datos de estaciones de monitoreo referenciales a cargo del Estado”.

Pero cómo país, ¿cómo llegamos a este punto? Para Carolina Orellana, la respuesta es clara: “Hay una profunda sensación de abandono. Lo que acá sucede es súper dramático. Cuando uno comienza a estudiar el sector, a conocer cuáles son los contaminantes que nosotros respiramos y cuáles son las estrategias que han tenido los distintos gobiernos para poder sostener la productividad de la bahía por sobre todas las cosas, para ellos eso es superior a cuidar la vida, la salud de las personas y del ecosistema del que somos parte, entonces el abandono es concreto, es real. No es una idea, no es algo que nos imaginemos o que nos puedan decir que exageramos porque aquí eso se vive hace cincuenta años. Y ejemplo de esto, es que acá ya tenemos catorce proyectos en carpeta esperando que se aprueben sabiendo que es una bahía saturada, y eso responde solamente al modelo neoiberal y a la visión de aniquilación de las comunidades. Es terrible, y las autoridades locales responden a la misma lógica y hacen lo mismo”.

El profesor Mauro Arias, respalda esta idea: “Es entregarle el poder a la empresa y el Estado tener poco poder para hacer un rayado de cancha estricto. Es lo mismo que ocurre con el ordenamiento territorial. El problema de Quintero y Puchuncaví parte con el problema del ordenamiento territorial: por permitir que se instalen empresas altamente contaminantes donde existe gente. Después está el tema de que nuestro sistema permite que las empresas generen externalidades negativas y no se hagan cargo de esas externalidades negativas. Y está el tercer problema de que cuando queremos hacer como un maquillaje, que lo queremos controlar, no tenemos el poder suficiente como Estado para decir ´te voy a controlar de verdad. Vamos a hacer como que te controlo pero en realidad los sensores ponlos tú y tú después me informas ́. El poder económico es más fuerte que el Estado y que la sociedad civil”.

Esa triste realidad es la que hoy quieren empezar a cambiar los estudiantes organizados y la comunidad unida, como comenta la estudiante, Pamela Ayala: “Personalmente creo que la universidad entrega mucho conocimiento y herramientas necesarias para la investigación y análisis de problemáticas de diversos aspectos profesionales, pero existe poca vinculación con el medio, generando cierta lejanía con las comunidades que necesitan de nuestro aporte. Es por esto que para mí es muy importante poder aportar con mis conocimientos a gestionar una mejoría en la calidad del aire que respira la comunidad de Quintero y Puchuncaví, y facilitar que el monitoreo y la generación de información sea amigable con la comunidad para motivar la participación en torno a temas medioambientales”.

Para la profesora de la Universidad y presidenta del Comité por la Sustentabilidad, Lorna Lares, esta visión es fundamental: “Como diseñadora y parte del equipo, veo en Respira Confianza un proyecto concreto que pone en ejercicio la transdisciplina y la vinculación con el medio para desarrollar soluciones con y para la comunidad de Quintero-Puchuncaví. Asimismo, es un ejemplo del compromiso, y sello de nuestros y nuestras estudiantes, con el rol social y vocación de servicio al país. En este proyecto confluyen distintas visiones y aproximaciones al problema, desde áreas como Química Ambiental, Ingeniería en Computación, Diseño Industrial, Ingeniería Eléctrica y Ingeniería Civil Química, junto al trabajo del FabLab (FCFM) y la Fundación Cisne Negro, además de la experiencia y conocimientos de la Comunidad de una de las zonas de sacrificio más afectada de Chile. Abordar de manera holística y simbiótica un problema tan complejo, donde se entrelazan variables sociales, económicas, políticas y ambientales, requiere de la permanente colaboración e interacción del equipo. Por un lado, profesores e investigadores, que actúan como facilitadores en la búsqueda de soluciones; y por otro, los estudiantes como agentes relevantes en la construcción de una estructura organizacional y de trabajo común, donde confluyen visiones, conocimientos y experiencias, en algunos casos radicalmente distintas, pero capaces de articular y generar un saber colectivo que da forma a procesos y resultados concretos que se traducen en propuestas, diseño e implementación de soluciones, que en conjunto con actores de la comunidad se van validando en función del bienestar de las personas y avanzar en un desarrollo integral, equilibrado y sostenible”.

Hoy, en el “1er Encuentro Estudiantil ODS: Proyectos de Ingeniería y Ciencias en Latinoamérica”, los estudiantes se mirarán con sus pares de distintos países de América Latina, una región azotada por el extractivismo y las zonas de sacrificio, presentando su proyecto, Respira Confianza. “Yo creo que abre puertas súper grandes el empezar a socializar este tipo de temáticas y este tipo de tecnologías. Principalmente nuestro interés de poder postular a este congreso es precisamente hacer más notorio el proyecto, visibilizarlo más y de esa forma poder convocar a más personas. Porque muchas de las cosas que estamos haciendo no las podemos desarrollar por falta de manos especializadas y capacidad técnica, pero sabemos que no es algo imposible”, comenta Kevin.

Además del trabajo en los sensores, los estudiantes desarrollan una aplicación para celulares que permita generar un sistema de gestión de riesgo y alerta temprana, que ayude con mayor celeridad a los vecinos y vecinas de la zona.

Las comunidades de la Bahía de Quintero no desistirán en su lucha, esa que dan día a día por tener una vida un poco más digna y libre de contaminantes. “Necesitamos esperanza y esa esperanza por ejemplo nos la da la belleza de nuestra flora y de nuestra fauna, la belleza de las playas, la belleza de nuestra arquitectura, la belleza de las costumbres. Eso es súper importante y relevante, porque parte de la estrategia del Estado ha sido invisibilizar nuestra cultura. Nuestra cultura de la pesca, del turismo, todo eso lo han querido tapar y decir que en el cordón industrial está todo muerto. Pero no es así. Nosotros queremos comenzar a que se nos denomine ´zona con necesidad de recuperación ́. Eso queremos ser, no queremos ser más una zona de sacrificio”, sentencia Carolina.

Renato Henríquez Salazar, periodista DAC

Miércoles 11 de noviembre de 2020