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Eduardo Santa Cruz:

"La telenovela es el producto cultural de televisión más importante de Latinoamérica"

Fanático e investigador de telenovelas, el profesor del Instituto de la Comunicación y la Imagen (ICEI), Eduardo Santa Cruz, revisa el cambio del tipo de contenidos que podemos encontrar hoy, la diversidad de sus orígenes y la segmentación para diferentes públicos de teleseries.

"La telenovela es parte de la cultura de masas y popular latinoamericana", dice el profesor Santa Cruz.

"La telenovela es parte de la cultura de masas y popular latinoamericana", dice el profesor Santa Cruz.

La afición al género de las telenovelas llevó al profesor Santa Cruz a escribir el libro “Las telenovelas Puertas Adentro. El discurso social de la telenovela chilena” (2003, LOM). El texto surgió tras su investigación sobre el tipo de contenidos producidos en el país en la década de los noventa,  época donde “estaba pasando algo interesante, algo que es bastante distinto a lo que ocurre hoy día”, explica el académico.

¿Por qué es relevante el estudio de las telenovelas, qué representan?

-La telenovela es el producto cultural de televisión más importante de Latinoamérica. Desde el punto de vista económico, genera muchas ganancias, por ello en algunos países como Brasil encontramos una industria de la telenovela. En Chile ha sido menor, pero no ha dejado de estar de manera sistemática: se vienen produciendo telenovelas desde el 82,  donde encontramos el éxito de “La Madrastra”. La telenovela es parte de la cultura de masas y popular latinoamericana. A partir de ahí puedes generar toda una lectura sobre la sociedad.

¿Qué podeos encontrar en las telenovelas latinoamericanas?

-Hay distintos tipos, se han ido generando en América Latina al menos dos grandes modelos de telenovelas, que son el más tradicional, el más melodramático, más clásico, y el brasileño. Los brasileños instalan una manera distinta que permite que fluyan ahí discursividades mucho más directamente asociadas a la realidad, es decir, ahí hay una cierta interpretación de la realidad social, económica. Aparecen tipos sociales, estereotipos, estereotipos o arquetipos sociales.

Y en el caso chileno ¿Con qué nos encontramos?

La telenovela chilena de los 90 especialmente era muy tributaria de las brasileñas, del modelo brasileño más que del clásico. El modelo melodramático más clásico puede ser más universalista, en cambio el brasileño era muy pegado a ciertas realidades sociales, e incluso históricas. Hay lecturas históricas, por ejemplo en el  caso nuestro, lo que fue Pampa Ilusión. Es decir, o de realidades geográfico culturales. La que estaba situada en Chiloé, en la Isla de Pascua, la de los gitanos. O sea tu puedes a partir de la telenovela, de contar una historia de amor, a generar toda una lectura sobre la sociedad. Piensa, en esos años, “Amores de Mercado”, que plantea toda una lectura de clases, por ejemplo.

¿Y por qué se dan tan fuertemente en los 90´esas temáticas relacionadas a los imaginarios nacionales?

-Nos encontrábamos en la vuelta a la democracia, donde se trataba de reconstruir una sociabilidad que fuera más o menos incluyente, que el conflicto social y político fuera temperado. Además estábamos en un contexto mayor de globalización, con una economía que tenía que situarse en los mercados mundiales. En esa época se discutía mucho hasta dónde la globalización iba a desperfilar el Estado – nación y con ello las identidades nacionales. Y la verdad es que pasó al revés: mientras más globalización, más nacionalismo, lo cual aparentemente es una contradicción, pero en realidad no lo es. Porque justamente toda la televisión chilena de la época empieza a construir un discurso que dice: “debemos estar abiertos al mundo, pero desde un perfil propio”.

¿Y cómo se explica el paso de un énfasis de este tipo de teleseries a otro tipo como son las brasileñas y las turcas que entran a la pantalla?

-Bueno, las brasileñas han estado siempre, incluso han operado como modelo. Se han dado incluso varias veces, qué se yo, Pantanal, La Esclava Isaura, se han dado más de una vez. A mediados, fines de los 80 llegan y llegan con mucha fuerza, e incluso al grado de que varias de estas exitosas chilenas son adaptaciones de los libretos brasileños. Por ejemplo la de Sucupira, esa es una adaptación de una telenovela brasileña.  Lo que sí que es nuevo son estas turcas, obviamente. Pero eso te indica, que la estructura narrativa melodramática, es decir, el melodrama como forma de contar una historia, al parecer es universal.

En las teleseries nacionales también se ha diversificado la oferta, como las teleseries del post almuerzo en TVN…

-La televisión abierta ha desplegado una oferta bastante diversa. Son decisiones de mercado, de entrar a copar públicos distintos, franjas con productos más segmentados. Además, son producciones de mucho menor costo, que  es otra cosa muy importante, porque una telenovela melodramática clásica la haces dentro de esta pieza.

Algunos han dicho, habría que investigarlo, que esto estaría relacionado con un cierto declive del reality, que éstoshayan llegado a un punto de saturación. Si eso es así, indica que la telenovela no satura. Es un producto que por algo lleva 60 años, es una sandía calada.

Otro tema interesante son las teleseries nocturnas ¿Por qué cree que en éstas encontramos un énfasis en la representación de una sociedad más acomodada?

-Es muy difícil contestar por qué las telenovelas, sobre todo en las noches, se muestra una clase alta en decadencia, porque no es una clase alta modélica, es decir, no hay ningún héroe. Es gente muy degradada, eso es muy raro. ¿Será porque quieren decirnos, como aquella vieja telenovela, que “Los ricos también lloran”? Quizás es una suerte de compensación, de decir que mejor no ser rico, que más vale nuestra vida sencilla, porque nosotros somos honestos, somos personas decentes, que es una manera de decir confórmate con lo que tienes, es súper buena tu vida.

Hoy tenemos 28 teleseries en pantalla ¿Cómo se explica esa gran cantidad de horas de este contenido?

-Bueno, yo diría porque es un producto que en general rentable. Porque aquí el éxito y fracaso es económico, estamos hablando de la televisión comercial, más allá de quien sea el dueño. Algunas fracasan, pero en general no fracasan. Además la producción de las teleseries nacionales ha ido abaratándose. Ya no se hace un pueblo como en Aquelarre, una locación completa, ni se lleva todos los actores a grabar a la Isla de Pascua o allá al norte a Caldera, o a Chiloé, que implica darles de comer, de todo. Ahora no. Ahora se hacen las chilenas con costos mucho menores. Entonces es probable que sea un producto muy rentable porque al parecer superando los 10 puntos ya estas ganando plata.

¿Y cuál ha sido su teleserie favorita?

-Romané. Es notable. Es una telenovela muy bien lograda.

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