Columna de opinión:

Crecimiento con igualdad

Crecimiento con igualdad

En este espacio, la semana pasada mi amigo y colega Manuel Marfán apuntaba a la necesidad de un mayor crecimiento para satisfacer las demandas de mejores pensiones, educación y salud de la ciudadanía. No puedo sino compartir su visión. Sus tres “preguntas incómodas” se pueden resumir en una: ¿Puede Chile entregarle a su población prestaciones sociales similares a las de los países desarrollados de la OCDE con su nivel de ingreso actual? Pregunta casi retórica y de fácil respuesta. Un rotundo NO.

La pregunta clave es cómo llegar a ser un país como los países avanzados de la OCDE. ¿Haciendo más de lo mismo? También un rotundo NO. Desde luego, iniciativas tales como la Comisión Nacional de Productividad, dirigida por nuestro profesor Joseph Ramos, son valiosas. Pero se necesita bastante más. Sin diversificación productiva y exportadora, no podremos aspirar a ser una economía desarrollada.

Uno podría preguntarse si no estamos frente a un problema de qué viene primero, el huevo o la gallina. Investigaciones recientes han demostrado que, a medida que un país crece, se diversifica su estructura productiva. ¿Entonces, no será que necesitemos crecer primero y esperar a que espontáneamente nuestra canasta productiva y exportadora se diversifique? ¡Lo que sucede es que Chile tiene un estructura productiva y exportadora de un país de más o menos la mitad de su ingreso! En este aspecto nos parecemos más a los países africanos que a los países emergentes más exitosos. En la última década sendos estudios de Ricardo Hausmann y sus colegas en Harvard demuestran que países que, dado su nivel de ingreso, logran diversificar su producción y exportaciones tienden luego a crecer más rápido que aquellos que no tienen el mismo éxito en diversificarse. Son pocos los ejemplos de países que han ido convergiendo hacia los niveles de ingreso de los países líderes. Pero lo cierto es que aquellos que lo han hecho utilizaron la diversificación como aspecto central de su estrategia de crecimiento. Algunos ejemplos: Finlandia, Irlanda, Corea del Sur, Singapur, Taiwán y, más recientemente, China.

Una economía más diversificada y competitiva internacionalmente demandará más trabajo calificado en destrezas muy variadas y ciertamente distintas a las que posee la fuerza de trabajo en la actualidad. Ello involucrará mayores salarios, los que se traducirán en mejoras en los estándares de vida para nuestros trabajadores. En otras palabras, una diversificación exitosa redundará no sólo en crecimiento sino también en mayor igualdad.

También demandará de transformaciones en la educación a todo nivel, pero particularmente en la superior (incluyendo muy especialmente a la técnico profesional). No podemos esperar que el mercado por si solo, a través de señales de precio, lleva a cabo esta profunda reforma en los contenidos y programas de nuestra educación. El estado ineludiblemente tendrá un rol orientador importante, haciendo de coordinador entre las demandas por talentos del sector productivo y la oferta que emerge de nuestro sistema educacional. Algo no contemplado en las reformas educacionales que se están implementando. La razón es que la diversificación productiva y exportadora apenas asoma dentro del programa del actual gobierno.