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Columna de Opinión:

Encuesta ELSOC: preocupante desigualdad a lo largo del territorio nacional

El profesor del Departamento de Urbanismo y e investigador del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social (COES), Ernesto López, analiza los resultados de la Encuesta Longitudinal Social de Chile (ELSOC), que trató temas como desigualdad urbana, y conflictos barriales, además de la estigmatización territorial, o los bajos niveles de cohesión social. Este estudio medirá anualmente, durante una década, el comportamiento de estas variables en todo el país.

El profesor Ernesto López llama la atención sobre fenómenos como la baja cohesión barrial y la estigmatización barrial.

El profesor Ernesto López llama la atención sobre fenómenos como la baja cohesión barrial y la estigmatización barrial.

Otro de los datos que destacan son el aumento de los arrendatarios en los barrios del país.

Otro de los datos que destacan son el aumento de los arrendatarios en los barrios del país.

El 24 de agosto pasado, el Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social (COES) dio a conocer los primeros resultados del Módulo Territorial de la Encuesta Longitudinal Social de Chile (ELSOC), que medirá anualmente las percepciones de un panel de 3000 habitantes de todo el país, durante 10 años. Los temas presentados esta vez fueron la desigualdad urbana, y cohesión y conflicto barriales. La muestra considera población de ciudades pequeñas (por sobre 10.000 habitantes), medianas (sobre 30.000), y grandes (sobre 100.000 habitantes). Se analizaron por separado las conurbaciones del Gran Santiago, Gran Concepción y Gran Valparaíso.

Los conflictos urbanos fueron medidos a tres escalas: macro (factores estructurales como la desigualdad), meso (conflictos directos como la seguridad de barrios), y micro (interacciones de los habitantes, conflictos vecinales, etc.). Cohesión barrial se refiere a la calidad de la convivencia, interacción social, participación local y prácticas asociativas, confianza entre vecinos y sentimientos de arraigo y apego al barrio, elementos fundamentales que ayudan a configurar el “capital social” de los hogares de acuerdo al lugar donde viven.

Un cuarto de los encuestados considera que su barrio está estigmatizado. La estigmatización territorial es preocupante en la medida en que los atributos negativos del barrio se traspasan automáticamente a sus habitantes. Luego, las sociedades funcionales requieren de confianza y cooperación entre sus integrantes, junto con compartir identificación, arraigo y sentido de pertenencia. Sin embargo, la ELSOC muestra que un 23 por ciento de chilenos/as percibe sentimientos de inseguridad barrial, sólo un 36 por ciento ha visitado la casa de un/a vecino/a más de dos veces en el año, y tan sólo un 16 por ciento participa activamente en alguna organización vecinal.

Se trata de bajos niveles de cohesión barrial, en un país donde los vínculos sociales parecieran estar cada vez más deslocalizados. Tener una mejor relación con los vecinos podría fortalecer el capital social, pero ello no ocurre. Sin embargo, todavía un 45 por ciento de los chilenos/as confía bastante o mucho en sus vecinos, y un 55 por ciento, pese a todo, no piensa mudarse del barrio donde vive.

La ELSOC también muestra las importantes desigualdades territoriales del país. En las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo en conjunto, un 34 por ciento de sus habitantes percibe que sus barrios son estigmatizados, en contraste con un 17 por ciento de la zona centro-sur (incluye Santiago) y un 19 por ciento de la zona sur. Respecto a las sensaciones de inseguridad barrial, el porcentaje para los habitantes de la zona norte es de un 30 por ciento, casi el doble de las zonas centro-sur y sur.

En niveles de confianza entre vecinos, apego al barrio, sociabilidad y apoyo social entre vecinos, la zona norte vuelve a mostrar resultados muy por debajo del promedio. La intensiva explotación minera en el norte, que genera tanta riqueza en este país, está estrechamente relacionada con el desregulado crecimiento de las ciudades, y una estructura de población laboralmente activa pero temporaria y con poco sentido de arraigo, sumado a inmigración internacional reciente con graves carencias materiales, que enfrenta complejas situaciones de racismo, y que acentúa la proliferación de campamentos. Pareciera ser que a mayor riqueza extractiva, mayor desigualdad y menor cohesión en los territorios.

La estigmatización barrial es también preocupante para los hogares chilenos con bajos niveles de ingreso, educación y capital social. Un 37 por ciento de los hogares de ingresos bajos la experimenta, en contraste con sólo un 7 por ciento de los hogares de ingresos altos. Los hogares que cuentan sólo con educación básica y con capital social bajo también perciben mucha mayor estigmatización barrial (34 por ciento y 29 por ciento respectivamente). En estos hogares, son también notablemente menores los indicadores de cohesión barrial tales como confianza entre vecinos, apego al barrio, sociabilidad, lazos sociales fuertes, apoyo social, participación local y arraigo al barrio.

Pareciera ser que el mito del “barrio pobre, solidario y cohesionado” se derrumba en las comunas más carenciadas, especialmente de las ciudades grandes de nuestro país, tras décadas de políticas habitacionales segregadoras, promesas incumplidas de dotación de servicios básicos y bienes públicos, y conjuntos residenciales y viviendas deficientemente diseñados. Los datos de la ELSOC representan una verdadera radiografía a la política subsidiaria de vivienda de mercado que ha sostenido este país por más de 40 años, a partir de la cual la vivienda social se ha construido en el suelo de menor precio y de peores condiciones urbanas.

Los sentimientos de inseguridad y criminalidad en los barrios son mucho más altos en las ciudades grandes que en las pequeñas. Lo mismo ocurre con la estigmatización barrial. Pese a todo, el Gran Valparaíso muestra los niveles inseguridad percibida más bajos (21 por ciento), comparado con Santiago (27 por ciento) y Concepción (26 por ciento). Ello no es extraño en una ciudad donde la cohesión, los niveles de confianza entre vecinos y el apego al barrio son más altos que las dos restantes áreas metropolitanas principales chilenas. Esto también tiene mucho que decir respecto al patrimonio social “inmaterial” de Valparaíso, actualmente amenazado por la escalada de inversiones inmobiliarias privadas que gentrifican la ciudad y amenazan con desplazar a los vecinos de mayor vulnerabilidad social y económica.

La ELSOC también considera resultados según la tenencia de la vivienda, sobre todo porque vivimos en un país en el que gran parte de la vivienda que se construye actualmente se orienta a la inversión rentista y al arriendo. Cada vez somos más un país de arrendatarios, lo cual es prácticamente la única vía de acceso para el segmento más vulnerable de la clase media y los hogares jóvenes. Sorprendentemente, los datos muestran una situación desmejorada en lo que respecta a hogares que arriendan su vivienda, entre quienes la confianza con vecinos está muy por debajo de los hogares que son propietarios (36 por ciento arrendatarios versus 49 por ciento propietarios). Similar tendencia en lo que refiere a apego al barrio, apoyo social, arraigo al barrio y participación local (sólo un 15 por ciento de los arrendatarios participa); los barrios de Chile cada vez se componen más de hogares transitorios, con declaradas intenciones de mudarse a otro sitio en el próximo año (arrendatarios 38 por ciento, propietarios 62 por ciento).

A nivel de promedio de todo el país, son bastante concordantes las apreciaciones respecto al encarecimiento de las viviendas (84 por ciento), transporte (73 por ciento) y bienes y servicios (67 por ciento). Mientras que la escalada de aumentos de precio de vivienda ha caracterizado a las principales zonas metropolitanas chilenas en la última década, la percepción generalizada de encarecimiento del costo del transporte se percibe mayormente en la zona sur del país.

Sin embargo, para los sectores más acomodados, existe otra realidad. En los barrios donde vive el 16 por ciento de la población más acomodada, existe una percepción de muy alta reputación de los barrios con escasas experiencias de criminalidad; los sentimientos de inseguridad y conflictividad barrial son muy bajos. Tampoco se percibidas transformaciones en los precios de bienes y servicios en el barrio. Un 23 por ciento más rico disfruta de niveles altos o muy altos de apoyo social y participación, además de alto apego, mucha confianza en vecinos, sociabilidad, permanencia de lazos sociales fuertes, y arraigo al barrio. Como se puede apreciar, cohesión barrial y bajo nivel de conflicto urbano son atributos por los que los hogares más pudientes de la sociedad “pagan” al momento de solventar su lugar y espacio de residencia. Un barrio cohesionado con interacciones positivas activas es un commodity costoso en este país.

La encuesta ELSOC medirá el comportamiento de estas variables a lo largo de 10 años y en todo el país. Desde ya es importante que los proyectos de gobierno que hoy se ofrecen al país consideren estos graves indicadores de conflicto y cohesión barrial, situaciones que actualmente exacerban la desigualdad, afectan la calidad de vida, y condicionan el bienestar futuro de gran parte de la población nacional. Como muestran estos resultados, no se trata sencillamente de aspirar a un país más cohesionado; se trata de atacar la muy alta desigualdad socio-territorial que nos caracteriza.

*Proyecto liderado por Investigadora Principal: Dra. María Luisa Méndez. Más detalles en el siguiente enlace: http://www.coes.cl/wp-content/uploads/2017/08/Presentacion-Territorio-ELSOC-Ola-1-2016.pdf

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