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Nueva Ruta de la Seda

La apuesta de China por ser potencia mundial

Desde septiembre de 2013 el gobierno de la República Popular China, encabezado por el Presidente Xi Jinping, se encuentra impulsando la iniciativa "Un cinturón, una ruta", una serie de grandes inversiones en infraestructura comercial que abarca 65 países en Asia, Europa y América Latina, estimada en 1 billón de dólares, a la que se suman proyectos de desarrollo en materia educacional y salud, entre otros. Es la gran apuesta del liderazgo chino, reafirmado en el reciente décimo noveno Congreso Nacional del Partido Comunista, por transformarse en una potencia mundial, desplazando a Estados Unidos de cara al centésimo aniversario de la Revolución en 2049.

Esta iniciativa se proyecta hasta mediados de siglo e implica una inversión de al menos 1 billón de dólares en infraestructura en 65 países.

Esta iniciativa se proyecta hasta mediados de siglo e implica una inversión de al menos 1 billón de dólares en infraestructura en 65 países.

El proyecto ha sido llamado la Nueva Ruta de la Seda en alusión a la histórica ruta comercial que unió China con Occidente en la antigüedad.

El proyecto ha sido llamado la "Nueva Ruta de la Seda" en alusión a la histórica ruta comercial que unió China con Occidente en la antigüedad.

La apuesta busca instalar a China como la gran potencia mundial.

La apuesta busca instalar a China como la gran potencia mundial.

El objetivo no puede ser más explícito. Entre los documentos emanados del último congreso del Partido Comunista de China, se estableció que para la mitad de este siglo China debe transformarse, a partir de tres etapas de trabajo, en un país "moderno y socialista, fuerte, democrático, avanzado culturalmente, armonioso y hermoso", desplazando de paso a Estados Unidos como principal potencia mundial.

Entre los mecanismos que el país se encuentra desplegando para cumplir su cometido se cuenta la iniciativa "Un cinturón, una ruta", también conocida como "Nueva Ruta de la Seda"; un proyecto de inversión de grandes proporciones que busca modernizar la infraestructura comercial vial, ferroviaria, portuaria, aeroportuaria y energética en 65 países en diferentes continentes, y que se estima contará con fondos de hasta un billón de dólares.

De esta manera, China busca aprovechar los fondos acumulados durante los últimos años para mejorar la conectividad comercial entre los países participantes, expandiendo la exportación, abaratando costos de transporte, y mejorando la cooperación financiera. En el último encuentro realizado en mayo pasado, participaron mandatarios de países tan diferentes como Rusia, Turquía, Argentina, Chile y Suiza, dando cuenta del interés que ha generado la iniciativa.

El profesor Mario Matus de la Facultad de Filosofía y Humanidades, destacó que en una perspectiva histórica "puede ser la primera vez que China hace un esfuerzo de esta naturaleza, ya que siempre ha sido una civilización muy desconfiada de los extranjeros y que a pesar de haber sido muy avanzada, siempre estaba mirando hacia adentro. Este giro significa que se han preparado para él y que posiblemente han preparado mecanismos que no conocemos y que sólo veremos en los próximos años", dice.

De esta manera la República Popular China (RPCh) estaría, de acuerdo al académico, desarrollando un enfoque más sofisticado que el utilizado por la Unión Soviética en sus relaciones internacionales, ya que en vez de la política están utilizando los negocios, aprovechando además los errores de Estados Unidos, que ha perdido influencia en la región asiática.

"Washington se disparó en el pie luego de que el gobierno de Trump abandonara el Acuerdo Transpacífico (TPP), que era la alternativa ideada por Obama para impedir que China se convirtiera en el principal socio comercial de la zona Asia Pacífico", afirmó Matus, quien también destacó la capacidad que ha tenido el país de combinar "el rol de un Estado monolítico con un partido único, con un impulso significativo en que las grandes empresas chinas y también extranjeras localizadas en el país, están siendo alentadas para transformarlo en el mayor exportador en el mundo".

Una opinión similar tiene el académico del Instituto de Estudios Internacionales Manfred Wilhelmy, quien explicó que el TPP se entendió en un momento como el componente económico comercial de lo que se llamó el "pivote asiático", pero que tras la decisión de abandonarlo, no existiría alternativa a la iniciativa de China. "Por ejemplo un país como Australia toma cierta distancia, porque es un aliado político estratégico de EE.UU. en la región, pero por otro lado China es su mayor socio comercial, entonces no se pueden dar el lujo de que su relación con ellos se deteriore", lo que se suma a un escenario en el que la Unión Europea se encuentra sin recursos como para poder competir con la propuesta realizada por Beijing.

De todas maneras, el profesor Wilhelmy pone en duda la capacidad de China de poder desplazar a Estados Unidos como principal potencia mundial. "Sin duda aspiran a la paridad, pero pueden ocurrir muchas cosas en el camino. China tiene un sistema financiero con muchas debilidades, una agenda ambiental pesadísima y una sociedad civil que de alguna manera está, a pesar de toda la presión, desarrollándose y quiere una vía no tan regimentada. Creo que por más que se intente planificar las cosas de manera tan nítida, la historia es más dinámica e impredecible que eso".

¿Por qué invertir en infraestructura?

En un mundo donde el poder es muchas veces relacionado con la potencia de los ejércitos nacionales, una iniciativa enfocada en el mejoramiento de puertos o carreteras puede ser vista como algo secundario, sin embargo, apunta a elementos centrales del poder económico de los países involucrados.

El profesor Matus recordó que "durante la primera globalización el comercio mundial se desarrolló como fenómeno a partir de una caída del costo de transporte, lo que permitió exportar nuevos productos en grandes volúmenes con niveles atractivos de rentabilidad", lo que explicaría el gran gasto en el que está incurriendo la RPCh en esta iniciativa, que se extendería durante décadas.

Por su parte, el profesor Francisco Martínez, del Departamento de Transporte de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, explicó que "este es un dato de cómo el transporte afecta y cataliza las relaciones comerciales y sociales en el espacio. La falta de infraestructura de transporte adecuada genera costos que inhiben una serie de relaciones que no logran realizarse debido a ellos", y es por eso que para China le resulta atractivo buscar mejorar la conectividad marítima y terrestre con otros países.

Por supuesto que una apuesta de esta envergadura también ha generado desconfianza y dudas, y el propio Presidente de Francia, Emmanuel Macron, llamó a que esta ruta fuera en ambas direcciones. Ante ello el profesor Martínez aseguró que "salvo que se utilizara algún mecanismo de control del sistema para que sea en beneficio sólo de una parte, en general generan interacciones entre todos los interlocutores involucrados. Es difícil imaginarse que China pudiera controlar que esas ventajas fueran en su propio beneficio. Lo que sí podría hacer es desarrollar estrategias adicionales para poder maximizar de alguna manera esas oportunidades". 

Más allá de las suspicacias y las dificultades que enfrenta este proyecto, sin duda será motivo de discusión en los próximos años, en un mundo en el que el sitio hegemónico de Estados Unidos se encuentra al menos en cuestión.

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