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Ventajas y dificultades

¿Es necesario reemplazar el sistema de votación física por el voto electrónico?

Mayor rapidez, menor costo y aumento de la participación son algunos de los argumentos que se han esgrimido en el debate sobre la posibilidad de implementar un sistema de voto electrónico en nuestro país. Al respecto, los académicos Alejandro Hevia, del Departamento de Ciencias de la Computación, y Claudia Heiss, del Instituto de Asuntos Públicos, analizaron distintas aristas sobre la incorporación esta tecnología en procesos eleccionarios.

Los académicos destacaron la importancia de la confianza de la ciudadanía en los sistemas de votaciones.

Los académicos destacaron la importancia de la confianza de la ciudadanía en los sistemas de votaciones.

La posibilidad de implementar sistemas de voto electrónico ha generado intensos debates en diferentes países, con experiencias disímiles a la hora de evaluar sus resultados, y Chile no ha sido la excepción. Si bien el sistema actual -mediante papel y lápiz- es bien evaluado, hay voces que proponen reemplazarlo por un sistema electrónico que permita tener los resultados más rápido, bajar los costos asociados y disminuir las molestias a la hora de votar en casos donde se cuente con grandes papeletas, tal como ocurrió en la última elección de COREs.

El profesor Alejandro Hevia, del DCC de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, explicó que a la hora de analizar este tema es importante diferenciar entre el voto electrónico remoto –en la casa a través de un computador personal por ejemplo- y el voto electrónico presencial, que es el sistema utilizado en países como Estados Unidos en distintas elecciones.

Respecto al primer sistema, el académico aseguró que su aplicación se encuentra descartada por los expertos “ya que no tenemos la tecnología necesaria para garantizar la seguridad del voto”, mientras que en el caso del voto presencial se mantienen dudas referentes a los sistemas de conteo y de seguridad.

Entre las razones para cambiar el actual sistema de voto físico –con lápiz y papel- por uno electrónico presencial –con una máquina en un local de votación- Hevia destaca el potencial del segundo a la hora de “plantear la pregunta en diferentes lenguajes, por ejemplo mapudungun y quechua además de castellano, lo que no se puede hacer en el voto impreso, y también que el tipo de pregunta que se puede hacer es más compleja, planteando alternativas o la posibilidad de ordenar éstas por orden de preferencia, lo que es muy difícil de hacer en la alternativa física”.

Sin embargo, en materia de velocidad del cómputo, costo, usabilidad y aumento de la participación, los beneficios serían mucho más dudosos, debido a materias como la brecha digital que existe entre la población de mayor edad, los costos asociados a la mantención de un sistema electrónico, y la rapidez del actual sistema, entre otros aspectos.

En opinión del académico del DCC “el principal desafío que tenemos es ver cómo pasamos la confianza del sistema actual a uno electrónico. La única forma de resolverlo es teniendo experiencias piloto pequeñas en elecciones de bajo perfil, como organizaciones gremiales pequeñas, centros de estudiantes o juntas de vecinos, para ir entendiendo cómo funcionan estos sistemas, en qué confía la gente y en qué no”, de manera de corregir errores y ganar la confianza de la ciudadanía.

“Un experto de Estados Unidos dice que los sistemas de votación no están hechos sólo para nombrar al ganador, sino también para convencer al perdedor. Si la población no tiene confianza en el sistema y no se convence de que su candidato perdió, se deslegitima la votación. En el caso chileno la gente ve la urna, se contabiliza a viva voz, y emular eso en un sistema digital es difícil”, recalcó.

Por su parte, la profesora Claudia Heiss, del INAP, recalcó que "para las elecciones nacionales es muy importante que el sistema sea confiable, así que para mí no hay duda que es mejor el sistema físico. Desde que tenemos la cédula única las elecciones funcionan bien y se han ido arreglando los problemas con el padrón. Creo que hasta el nivel municipal está fuera de duda su valor. La confiabilidad y fiscalización por parte de la ciudadanía y los vocales de mesa es alto, y eso no se puede hacer con el voto electrónico".

Sin embargo, la académica aseguró que "eso no significa que nunca se pueda votar electrónicamente. En el caso de consultas comunales, por ejemplo, si se genera un mecanismo que de confianza, o en votaciones internas de los partidos yo no lo descartaría, en la medida que se valore más la facilidad para aumentar la participación". 

Heiss llamó la atención sobre los casos de países como Holanda, Alemania y Reino Unido, que a pesar de implementar el voto electrónico, en algunos casos por décadas, terminaron retornando al voto físico. Incluso en el país germánico lo declararon inconstitucional debido a que los electores tendrían derecho a entender cabalmente la forma como son realizadas las elecciones de los dirigentes políticos del país. De todas maneras, estos casos contrastan con los de Brasil y Estonia, donde las votaciones nacionales se realizan a través de un sistema electrónico en experiencias evaluadas de manera positiva.

La profesora recalcó la necesidad de contar con los medios de seguridad necesarios en caso de reemplazar el sistema físico, y recordó el caso de Cambridge Analytica "donde usando el big data y algoritmos buscaron incidir en las elecciones. Creo que cada vez habrá más cuestionamientos al uso de tecnologías y big data en eventos políticos, entonces creo que hay que tener ojo ante la posibilidad de que aumenten las posibilidades de manipulación, que actualmente es más difícil en los sistemas físicos".

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