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Mario Hamuy:

"Si las personas se han informado en qué va a consistir el fenómeno, van a poder disfrutarlo de mejor manera"

El Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015 y académico del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), continúa su trabajo de divulgación científica, esta vez con la publicación de "El Sol negro", su más reciente libro en donde detalla, desde una perspectiva histórica y científica, el rol de los eclipses en la investigación astronómica y en las sociedades, además de explicar las condiciones que posibilitan este fenómeno que presenciaremos el próximo 2 de julio, y luego, el 14 de diciembre del 2020.

Este va a ser mi primera experiencia viviendo este momento tan especial, contó el profesor Mario Hamuy.

"Este va a ser mi primera experiencia viviendo este momento tan especial", contó el profesor Mario Hamuy.

El más reciente libro del profesor Hamuy, El Sol negro, continúa el trabajo de divulgación científica que ha venido realizando en los últimos años.

El más reciente libro del profesor Hamuy, "El Sol negro", continúa el trabajo de divulgación científica que ha venido realizando en los últimos años.

El profesor Mario Hamuy dictó este miércoles 19 de junio una charla preparatoria al eclipse en la comuna de Cerro Navia.

El profesor Mario Hamuy dictó este miércoles 19 de junio una charla preparatoria al eclipse en la comuna de Cerro Navia.

En la instancia, dialogó con niños y niñas de la comuna en la Casa Escuela Comunitaria Violeta Parra.

En la instancia, dialogó con niños y niñas de la comuna en la Casa Escuela Comunitaria Violeta Parra.

En la jornada, el académico y Premio Nacional abordó los diferentes conceptos asociados a los eclipses.

En la jornada, el académico y Premio Nacional abordó los diferentes conceptos asociados a los eclipses.

Que catorce han sido los eclipses solares totales que los habitantes de nuestro país han podido presenciar en diferentes puntos del territorio desde la Independencia, y seis serán los que se podrán ver en lo que queda del siglo; que han sido fuente de conocimiento para la investigación astronómica a partir de, por ejemplo, el descubrimiento del helio y la comprobación de la Teoría de la Relatividad de Einstein; y que la primera fotografía de un eclipse solar fue tomada en 1842.

Estos son sólo algunos de los datos que las y los lectores pueden encontrar en “El Sol negro” (Debate), el más reciente libro del Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015 y académico del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), Mario Hamuy, texto que revisa desde el punto de vista científico, social y cultural este tipo de fenómenos, como el que podremos presenciar el próximo martes 2 de julio, seis meses después del eclipse lunar del 21 de enero de este año. Mismos que el académico ha ido compartiendo y difundiendo a través de charlas durante las últimas semanas en diferentes puntos del país.

Inicialmente asociado a malos augurios por las antiguas civilizaciones y culturas, hoy la invitación del profesor Hamuy es a disfrutar informadamente este eclipse solar total, el primero que, como relató, podrá presenciar cuando el eclipse cruce nuestro país “de mar a cordillera sobre el sector sur del desierto de Atacama, un territorio de pueblos diaguitas que comparten un idioma común, el cacán, en cuya lengua el Sol y la Luna se denominan ‘Guanchoi’ y ‘Cara’, respectivamente”, como relata el libro.

¿Por qué es importante darle también una perspectiva histórica y social, tanto a nivel local como global, a los eclipses?

Cuando me puse como tarea escribir el libro, me pareció inevitable tener que investigar sobre este tema, y me encontré con una historia muy rica a lo largo de varios milenios, que comenzó por el año 3.700 AC en la antigua Mesopotamia. Ese fue el lugar y el momento donde se empezaron a realizar las primeras observaciones y registros escritos del fenómeno eclipse. Allí aparece una historia riquísima de la ciencia de la mano de los eclipses que me pareció imposible no comentarla y aportarla como un contexto al fenómeno del 2 de julio de este año y el 14 de diciembre del próximo año.

Los eclipses a lo largo de la historia han jugado un rol muy importante en el avance científico. Por ejemplo, el descubrimiento del segundo elemento químico más abundante del universo, el helio, fue realizado durante un eclipse total en India en el siglo XIX, y hace poquito más de un siglo, un 29 de mayo de 1929, en un eclipse total solar en Brasil y África, se confirmó la teoría de Einstein. Esos son dos ejemplos de contribuciones de los eclipses a la ciencia mundial.

En un momento de la historia los eclipses fueron leídos como malos augurios desde algunos saberes ancestrales. ¿Queda algo de eso?

Efectivamente los eclipses en la antigua Mesopotamia eran momentos de tremenda ansiedad porque la fuente vital de energía, el sol, nos abandonaba. De hecho, la palabra eclipse en griego significa abandono, desaparición, y no se sabía si esa desaparición iba a ser temporal o permanente. Con el paso de los siglos -desde el Renacimiento, en particular, de Copérnico en adelante-, se comienza a entender el fenómeno eclipse como un simple juego de sombras y de luces entre el Sol, la Luna y la Tierra, y pasaron a ser fuentes de asombro.

Hoy los eclipses se pueden predecir a precisión milimétrica. Sabemos exactamente en qué lugar y a qué hora van a ocurrir, así que en resumidas cuentas los eclipses pasaron de ser una fuente de temor a un motivo de asombro.

Hoy día, debido a la falta de conocimiento, todavía hay personas que asocian a los eclipses a malos augurios y una serie de mitos en torno a este fenómeno, pero bueno, justamente en el libro intento explicar el fenómeno eclipse, que son simples e inofensivos juegos de luces y de sombras entre el Sol, la Luna y la Tierra.

A nivel personal, ¿cuál fue su primera experiencia con los eclipses?

Mi primera aproximación fue a los 12 años, el 4 de enero de 1973, con un eclipse que fue total en el sur de Chile y parcial en Santiago. Ahí figuraba yo observando el fenómeno desde mi barrio, en la calle, y sin duda ese fue un elemento que ayudó a reafirmar mi interés por esta disciplina, mi vocación por la astronomía.

En estos años he visto eclipses lunares totales -que son muy lindos- pero nunca he visto un eclipse solar total, nunca he tenido la posibilidad de viajar al lugar del eclipse total. En Chile hubo uno en 1994, pero había que viajar al extremo norte de Chile, a Putre, y en ese momento no pude hacerlo, así que este va a ser mi primera experiencia viviendo este momento tan especial. Para ello voy a tener que desplazarme de Santiago al norte de Chile, a la Región de Atacama. Voy a estar en el pueblo de Incahuasi, donde el eclipse va a durar 2.10 segundos. Voy acompañado de los estudiantes de Licenciatura en Astronomía de la FCFM U. de Chile, con quienes ya llevo trabajando varios meses en la educación del eclipse a nivel escolar.

¿Qué impactos puede tener una ciudadanía más informada en lo que a este tipo de fenómenos respecta?

Bueno, el libro que acabo de publicar es justamente un instrumento para que las personas puedan conocer lo que consiste el fenómeno eclipse, y toda la fenomenología que va a ocurrir durante la totalidad y que puedan entenderla mejor y poder observar de mejor manera el fenómeno.

Hay muchos fenómenos de luces, colores y de sombras que ocurren en estos dos minutos y medio, y si las personas han leído antes y se han informado en qué va a consistir el fenómeno, creo que lo van a poder disfrutar de mejor manera.

Por de pronto, lo primero que les va a impactar a los que estén en el lugar de la totalidad es que abruptamente el día de transforma de noche y que el sol se viste completamente de negro. Va a ser una experiencia muy surrealista, donde alrededor del sol negro va a salir un halo de luz brillante que se llama corona solar, que siempre está presente pero que el brillo del sol no nos permite ver. Van a aparecer también en la base de la corona, prominencias solares de color rojo, sin mencionar el color crepuscular que va a adquirir el cielo, la aparición de las estrellas y de los planetas durante el día en esta breve noche de dos minutos y medio. La temperatura va a bajar unos cuatro o cinco grados, se va a levantar una brisa y los pájaros se van a anidar.

¿Cuál es el llamado en relación justamente a este disfrutar el eclipse pero de forma segura para la visión?

El sol va a perder brillo porque una parte de la luna va a bloquear el disco del sol. No hay una radiación nociva que emane particularmente durante un eclipse, la radiación nociva del sol está presente permanentemente. El problema es que en la parcialidad el sol brilla menos que un día normal, y la sensación va a ser quedarse mirando fijamente esa hora veinte en la cual el disco del sol va a parecer que le falta un pedazo, y ahí obviamente aunque el sol brille menos, se estaría recibiendo una cantidad enorme de luz y es allí donde se corre riesgo quedar con daño. No es que durante el eclipse parcial o total vayan a haber radiaciones nocivas especiales, no. Siempre está la radiación del sol que es especialmente nociva en sus rayos ultravioletas.

El eclipse comienza en forma parcial a las 3:20 de la tarde y se extiende por una hora veinte, hasta 16:40, cuando el eclipse comienza su etapa total, entonces en esa etapa previa es importante que las personas estén siempre observando el sol con los lentes especiales.

Cuando llegue el momento de la totalidad, 16:40, lo que hay que hacer es sacarse los lentes porque si no te vas a perder todos estos fenómenos –la corona del sol, el sol negro, los planetas, las prominencias-; y cuando termine la totalidad, que va a durar dos minutos y medio, hay que volver a ponerse los lentes para ver el sol creciente, el sol que va de menos a más.

En definitiva, podemos distinguir tres etapas: la primera parcialidad, donde el sol va de más a menos y hay que usar lentes; la totalidad de dos minutos y medios que hay que sacarse los lentes; y luego la segunda mitad que va de menos a más, donde también hay que protegerse.

A nivel general, ¿se puede considerar el espacio de observación astronómica que tenemos en Chile como algo patrimonial?

Sin duda los cielos del desierto de Atacama son un laboratorio natural, un patrimonio de todo el país. Hasta la fecha los más beneficiados han sido los astrónomos. En los últimos 60 años hemos podido gozar de la instalación de los telescopios más poderosos del mundo en nuestro territorio, y gracias a los convenios, el 10 por ciento del tiempo está reservado para la comunidad chilena. Eso ha significado un big bang para el desarrollo de esta disciplina, no sólo en la U. de Chile, sino que en todo el territorio.

Yo creo que es momento de que revisemos la manera en que firmemos los convenios internacionales, de manera que se incluyan cláusulas, que permitan los off set tecnológicos, de manera de que Chile pueda participar en el diseño y fabricación de estos instrumentos complejísimos que requiere la astrofísica, para que así nos sólo los astrónomos se beneficien de este patrimonio natural sino también los ingenieros.

Si a eso se agrega que en los próximos años se van a instalar en Chile telescopios de campo amplio, que van a generar tsunamis de datos, ahí también se requiere que se incorporen a este desafío los estadísticos, los informáticos y los matemáticos.

Y por último, está el tema económico- turístico. Los cielos del norte de Chile son espectaculares para quedarse observando el universo, a simple vista o cuando dispones de algún telescopio, hasta para hacer astrofotografía, que no tiene un fin científico, sino que estético, principalmente.

Por lo tanto, la oportunidad del 2 de julio y la del 14 de diciembre del próximo es una muy buena. Los eclipses son unas magníficas oportunidades para que los astro turistas que vengan a observar el eclipse quieran volver en el futuro. Todo esto es una muy buena razón para que Chile se sienta muy orgulloso de este patrimonio, y que el beneficio llegue a la mayor cantidad de ciudadanos.

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