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Bárbara Hernández, nadadora de aguas gélidas:

"Los deportistas tenemos que estar dispuestos a ayudar para que las generaciones que vengan cuenten con el apoyo que a nosotros nos faltó"

La campeona mundial de nado en aguas gélidas y egresada y magíster en Psicología de la U. de Chile, Bárbara Hernández, volvió a hacer noticia tras convertirse en la primera chilena en cruzar el Canal de Catalina, una travesía que le tomó una noche entera de nado sin descanso. Este 2019 decidió por primera vez en su carrera dedicarse sólo al nado. Sobre el desafío de cruzar los siete océanos y las dificultades de ser deportista en Chile, habla la llamada "Sirena de Hielo", en la siguiente entrevista con Prensa U. de Chile.

Bárbara Hernández, nadadora de aguas gélidas, es Psicóloga y Magíster en Psicología de la U. de Chile.

Bárbara Hernández, nadadora de aguas gélidas, es Psicóloga y Magíster en Psicología de la U. de Chile.

Siempre le voy a tener ese cariño por la Universidad porque me enseñó a conocer, a compartir y a explorar la diversidad, señaló.

"Siempre le voy a tener ese cariño por la Universidad porque me enseñó a conocer, a compartir y a explorar la diversidad", señaló.

La nadadora espero cumplir el desafío del nado en los siete océanos en los próximos dos años.

La nadadora espero cumplir el desafío del nado en los siete océanos en los próximos dos años.

Su abuela trabajó cerca de 50 años en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, y unas cuadras más allá, en el Barrio Patronato, sus padres tenían unos locales. Ella, siendo muy niña comenzó a nadar en la Piscina Escolar de nuestro plantel, comenzando así una larga relación con la Casa de Bello, de la que luego fue estudiante de Psicología y del Magíster en Psicología.

“Cuando uno estudia en La Chile es por siempre de La Chile, y más cuando uno practicó un deporte vinculado a la Universidad”, dice hoy Bárbara Hernández, quien hace unas semanas se convirtió en la primera chilena en cruzar nadando el Canal de Catalina en Estados Unidos, desafío que le tomó once horas de nado nocturno al lado de delfines, lobos marinos y otros peces.

En el Día del Patrimonio volviste a la Piscina Escolar y siempre te vemos muy vinculada a la U. de Chile, ¿cómo te marcó tu paso por este lugar?

Desde que empecé a ir a la piscina, conocí gente de todas las carreras, y realmente ahí había diversidad. Siempre le voy a tener ese cariño por la Universidad porque me enseñó a conocer, a compartir y a explorar la diversidad. Además me ayudaron para poder seguir estudiando. Yo vengo de una familia de mucho esfuerzo, y fui la primera de ellos en ir a la Universidad. Entrenaba, estudiaba para la Universidad, hacía ayudantías, después la práctica, nunca reprobé ningún ramo. Seguí en este ritmo que me dio la U con profesores siempre dispuestos a ayudarme y con compañeros muy motivados. Sólo tengo agradecimiento a la Universidad, y trato de devolverles la mano cada vez que pueda.

Has nadado en aguas gélidas, en glaciares, ahora en aguas abiertas, ¿cómo ha sido tu relación con el nado?

Partí a los seis años nadando en la Piscina Escolar. Luego empecé a competir en piscina, después nos fuimos con mi entrenador a prepararnos a otros lugares, y el 2014 comencé en la natación de aguas gélidas. Me la jugué para ir al primer mundial en 2016 en el que gané dos pruebas. Ahora estoy con el desafío Siete Océanos nadando en aguas abiertas. Crucé Gibraltar y el Canal de Catalina, ahora voy a cruzar el Canal de La Mancha y seguir compitiendo en el circuito de natación de aguas gélidas.

Salvo ahora que estás sólo dedicada al nado, ¿durante todos estos años siempre combinaste el deporte con los estudios y el trabajo?

Siempre. Y mientras hacía el magíster igual atendía la consulta, fui también encargada de deporte de una municipalidad por dos años, y ahora, estoy pensando si tal vez después del Canal de La Mancha retomo la consulta o no, pero estoy definiendo. Paralelamente, siempre he hecho charlas en las que vinculo el deporte y mi experiencia en estos lugares extremos, o lo que significa competir por Chile, sobre todo vinculado a la psicología infanto juvenil, que es lo que a mí me gusta.

Y ahora dedicada por completo al nado, ¿cómo sigue tu año?

Ahora me voy al Canal de La Mancha, ese es un cruce de 34 o 35 kilómetros, con corriente mucho más fuerte que Catalina, así que el rango que uno se puede demorar va entre 12 y 17 horas. A fines de agosto voy a la Patagonia porque tengo una invitación de Tierra del Fuego y Punta Arenas para ir a nadar a dos o tres glaciares y pasar a la inauguración de una piscina en Puerto Natales, y así me he ido dividiendo. En noviembre empiezo a competir el circuito de natación de aguas gélidas y en febrero tengo el Mundial de Natación de Aguas Gélidas.

¿Y cómo es esta experiencia de los Siete Océanos?

Estas son maratones en aguas abiertas, que van desde los 15 a los 47 kilómetros de natación, sin el uso de traje de neopreno y la temperatura del agua fluctúa entre los 13 y los 17 grados. Bajo los cinco grados es imposible nadar más de un par de kilómetros, por eso la natación en aguas abiertas es otra disciplina, que es reconocida a nivel mundial también.

En el Canal Catalina estuviste once horas nadando de noche, ¿habías hecho un trayecto tan largo antes?

No, nunca. Lo más que había nadado fueron cuatro horas y media, y de noche sólo había nadado una hora o dos acá en Chile. Nunca había estado tanto rato en agua a 15 grados, es un frío distinto al de hielo, porque en hielo se nada 15 minutos, pero acá es un frío sostenido en el tiempo y cuando amanece comienza a correr el viento. En el cruce no se para más de 30 segundos o un minuto para la hidratación, no te puedes sujetar de ningún kayak, ni de la embarcación de al lado. Hay que nadar con luces porque no te ven, de hecho, hay nadadores que se han perdido. Hace poco en la Vuelta de Manhattan un nadador desapareció, una corriente se lo llevó y lo encontraron muerto, entonces, son cruces que tienen un grado de dificultad y un riesgo, por eso que hay que ir muy bien entrenado y con un equipo que te conozca.

¿Cumpliste con tus expectativas en Catalina?

Sí. En estos dos cruces he hecho muy buenas marcas. En Gibraltar tengo la mejor marca panamericana, que fueron tres horas. En el Canal de Catalina también hice una muy buena marca, está por sobre la media. Uno se puede demorar entre 10-15 horas, ese era mi rango, hay nadadores que se demoran veintitantas horas porque depende mucho de la corriente, más allá de las capacidades de cada una.

¿Y cuándo piensas alcanzar la meta de los Siete Océanos?

Espero sacarlos todos dentro de los próximos dos años, porque son cruces demasiado peligrosos, muy exigentes, costosos también, entonces es muy difícil nadar más de uno o dos al año. Tienes que postular para poder hacerlos, te seleccionan y se dan pocas ventanas de tiempo para poder hacerlos. Cada cruce necesita muchas semanas de preparación, entonces, estoy viendo cuáles podría nadar el próximo año. Tengo vistos la Vuelta de Manhattan para junio del 2020, y viendo cual puede ser entre agosto del próximo año y el 2021, si todo va bien y tengo la plata.

El financiamiento es un tema bien difícil para los deportistas, ¿ahora estás con apoyo para poder dedicarte al nado?

Sí, me apoya el Ministerio del Deporte y de la Fundación Impulso Inicial de Andrónico Luksic, y con ellos espero cubrir todo este año. Pero no es un apoyo con el que yo me pueda pagar el departamento donde vivo o el supermercado, sino que es apoyo que yo destino en su totalidad a la compra de pasajes, al alojamiento y esas cosas. Entonces, siempre está este tema de estar buscando más recursos. Durante mucho tiempo trabajé en paralelo, y ahí me tenía que levantar muy temprano, entrenaba de seis a ocho, y en la tarde de seis a nueve de la noche, y así. Pero ahora por lo exigente de estas carreras y todo lo que he invertido en ellas, decidí jugármela para que salga todo bien, y no me da para tener una pega normal.

¿Y es complicado jugársela sin saber qué va a pasar luego con el financiamiento?

Eso es lo que a mí más me angustia. No es la nieve, ni el dolor, ni el hielo, sino el apoyo. Y es difícil porque mi vida no es la de cualquier psicóloga con magister de 33 años, pero es lo que decidí, entonces hay que aprender a bancarse la incertidumbre. Hoy no sé qué va a pasar el próximo año. Quiero nadar los Siete Océanos, pero no sé si voy a tener el apoyo, si el ministerio va a seguir creyendo en mí. Hay que aprender a lidiar con eso.

¿Y has notado alguna diferencia en estos años? ¿Hay mayor apoyo ahora?

Sí, creo que en mi caso no me puedo quejar, tengo más cobertura de prensa, más apoyo y más visibilidad de la que tuve hace cuatro años atrás o cuando recién empecé. Creo que los deportistas hemos ido ganando un espacio que tenemos que saber aprovechar, y que es el poder estar en los lugares donde se toman decisiones. Estoy pensando en Tomás González, que está a cargo de la Federación de Gimnasia, o deportistas que han podido estar en el ministerio. Por lo mismo, es súper importante que los deportistas tengamos una profesión. Tenemos que estar ahí, hacernos cargo y si hay cosas que ya no conseguimos para nosotros, estar dispuestos a ayudar para que las generaciones que vengan sí cuenten con el apoyo que a nosotros nos faltó.

Otro gran tema en el deporte es el sesgo de género, ¿tú cómo lo viviste?

El sesgo siempre está, pero acá en Chile. Afuera somos todos pares, sobre todo en hielo, que son pruebas muy difíciles y muy extremas. Pero acá en Chile siempre hay sesgo. Primero, no creían que yo era la nadadora cuando llegaba, porque tenían otra imagen de lo que era la nadadora, que era mucho más grande, más fuerte, mayor. O si no estaba siempre la comparación como ‘Juanito es mejor’…hasta que llegó el punto en que no, no hay otro hombre que haya nadado en seis glaciares, no hay otro hombre chileno que haya hecho el Canal de Catalina, y yo siento que eso igual es un orgullo y me lo tomo con harta responsabilidad, y lleva a que las mujeres lleguen a tener un referente femenino y a poder motivarlas, porque es a las mujeres a las que siempre se nos dice que no podemos, que para qué, que nos va a doler.

¿Y cómo manejaste ese sesgo en tu carrera?

A puro tesón. Rodeándome de la gente que cree en mí, partiendo por mis papás que fueron siempre súper motivados. También tengo un pololo que va a todas conmigo, y el resto trabajando, entrenando, no perdiendo tiempo en rebatir nada ni discutir nada, sino que preparándome siempre lo mejor posible para darlo todo, y si el resultado no me acompaña, estar dispuesta a partir de cero. 

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