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Facultad de Artes

Académico de la Facultad de Artes:

Cristián Sánchez: "Mi materia prima es Chile"

El cineasta y académico de la Facultad de Artes, Cristián Sánchez, está llenó de proyectos que dividen su tiempo entre la pedagogía, la investigación y la creación artística. En la práctica: un Fondo del Cine, una beca para ir a hacer clases a la Universidad de Stanford y la pronta finalización del libro que escribe sobre el también cineasta, Raúl Ruiz.

El académico de la Facultad de Artes, Cristián Sánchez, ganó una beca que lo llevará a la Universidad de Stanford y un Fondo del Cine para la realización de su nuevo película, "Tiempos Malos".

El académico de la Facultad de Artes, Cristián Sánchez, ganó una beca que lo llevará a la Universidad de Stanford y un Fondo del Cine para la realización de su nuevo película, "Tiempos Malos".

"Tiempo Malos" narra la historia de un adolescente que se ve involucrado afectivamente con una familia de narcotraficantes que llegan a Santiago desde Holanda.

"Tiempo Malos" narra la historia de un adolescente que se ve involucrado afectivamente con una familia de narcotraficantes que llegan a Santiago desde Holanda.

"Tiene algo de cine negro y mucho humor porque los personajes son muy divertidos", explica Cristián Sánchez sobre su nueva película.

"Tiene algo de cine negro y mucho humor porque los personajes son muy divertidos", explica Cristián Sánchez sobre su nueva película.

"Hay ciertos autores a los que se les tiene al lado y porque se les tiene al lado no se les ve", sentencia Cristián Sánchez acerca de la poca visibilidad que en Chile tuvo su obra.

"Hay ciertos autores a los que se les tiene al lado y porque se les tiene al lado no se les ve", sentencia Cristián Sánchez acerca de la poca visibilidad que en Chile tuvo su obra.

Sobre su obra, el académico Cristián Sanchez señala que "puedo hacer esta película de análisis del hampa chileno y plantear la historia de un guerrero del siglo XVII que llega a esta época".

Sobre su obra, el académico Cristián Sanchez señala que "puedo hacer esta película de análisis del hampa chileno y plantear la historia de un guerrero del siglo XVII que llega a esta época".

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"Fue el contacto con la realización de la primera película que pude dirigir -'Cosita', del año 1971-, donde verdaderamente entendí lo que podía hacer en cine. Me fascinó ese lenguaje, pero no tanto del punto de vista de las explicaciones, del aprendizaje de la técnica o de los ejercicios, sino cuando pude tener la autoría sobre una pequeña cosa", recuerda Cristián Sánchez, académico de la Facultad de Artes.

Luego de "Cosita", vinieron otros proyectos cinematográficos realizados durante su época de estudiante que terminaron por confirmar su vocación y gusto por el cine. También en 1971, Cristián Sánchez codirigió el mediometraje "Así hablaba Astorquiza" y al año siguiente "El que se ríe se va al cuartel". Sobre esta última, recuerda: "fue una película muy personal, una mezcla entre documental y ficción. La hice enteramente yo, sin depender de nadie: fotografía, montaje, sonido. Me gustó mucho la experiencia porque pude ahí, definitivamente, hacer algo propio donde tenía un esquema de guión, el que fui siguiendo según mis intuiciones. El logro, para mí, fue muy bueno".

Para usted, ¿las intuiciones son algo importante a la hora de hacer una película?

Me guío por las intuiciones, pero son intuiciones elaboradas. Hay una especie de meditación sobre el objeto porque algo me reclama meditar sobre él, hasta que finalmente "salta la liebre" y se ejecuta intuitivamente. Después reflexiono qué es lo que hice, qué es lo que hay, cuáles son los alcances. Después de "El que se ríe se va al cuartel" vino "Esperando a Godoy", que fue el primer largometraje que hicimos en la Escuela, una película no terminada y que estuvo censurada por más de 17 años. En la Universidad Católica no nos dejaron acceder a los materiales y ahora que los tenemos, tengo el deber de terminarla. Fue una codirección y sólo falta la postproducción.

Usted ha dicho que hace cine desde su fragilidad, ¿a qué se refiere?

A diferencia de otros realizadores chilenos que armaron una plataforma de infraestructura para empezar a plantear sus películas, yo partí desde la nada, sólo por el deseo de hacer cine. Siempre fueron películas hechas casi sin recursos y sin saber si se podían producir porque nadie lo quería hacer. Por lo tanto, nacen de esa fragilidad, de un deseo de hacer algo y no desde la ventaja de una plataforma de poder. En mi caso, los recursos se fueron encontrando en el camino y casi todas las películas, salvo "Los deseos concebidos" -donde había productor-, se hicieron así.

Si la fragilidad es el dinero, ¿cuál sería la fortaleza de su cine?

Yo creo que haber resistido en el tiempo. Las películas que hice han sido valoradas y no quedaron en la nada. Por lo menos hay gente que ha encontrado muchas cosas en ellas, las películas siguen vigentes y ese es el valor que tienen. No son un testimonio arqueológico de un pasado que murió. Son películas que todavía dicen cosas, que no han perdido su poder explosivo. Atraen porque tienen una cierta extrañeza. He intentado tener una mirada muy particular sobre esta materia prima que es Chile.

Sin embargo, usted también ha señalado que su cine podría desaparecer, ¿cómo se explica eso?

Simplemente digo que corrí el riesgo, pude haber desaparecido, no haber tenido medios para seguir produciendo. Es más, ha pasado bastante tiempo desde mi última película, "Cautiverio Feliz" y sólo he trabajado en cosas chicas. Ahora el Fondo del Cine me permitió tener recursos para mi nueva película, "Tiempos Malos". Por primera vez puedo producir una película con platas del Estado, a excepción de "Cautiverio Feliz", que ganó el concurso del Consejo Nacional de Televisión. En mis otras películas, los fondos concursables me apoyaron para terminarlas, pero nunca para producir algo. Por eso decía que, de alguna manera, estaba destinado a desaparecer. Pero no me arrepiento del camino tomado y estoy satisfecho porque se ha producido un reconocimiento. Jorge Ruffinelli ha sido extraordinario en este redescubrimiento de mi cine, ha sido la persona clave.

SU AÑO

Jorge Ruffinelli es un periodista y crítico uruguayo que trabaja en la Universidad de Stanford y a quien Cristián Sánchez conoció a fines del año 2005. Según señala el académico de la Facultad de Artes, Ruffinelli siempre cuenta que "me mandaba mails hace más de 10 años y yo me negaba a contestárselos, pero la verdad es que yo tuve mail hasta el año 2000, 2001", agregando que en 1998, cuando terminaron "Cautiverio Feliz", Ruffinelli envió un correo a su productor, Daniel Pantoja, diciendo que "estaba interesado en mi trabajo, había visto 2 ó 3 películas y quería ver la otras".

El mail que Cristián Sánchez le envió como respuesta jamás llegó a destino y el cineasta optó por que fuera él quien lo buscara. Y así fue. Luego del encuentro entre ambos en 2005, Ruffinelli y Cristián Sánchez se volvieron a reunir en el Festival de Valparaíso. En el intertanto, el académico de la Facultad de Artes asistió al BAFICI en Buenos Aires, en el que le fue muy bien. "'El zapato chino' fue un revuelo sobre todo entre la gente joven. Encontraban extraordinaria esta película y gustó mucho".

Ello repercutió en el Festival de Valparaíso, en que se hizo una retrospectiva completa de su obra. A ello, sumó la noticia de que Ruffinelli publicaría en la revista Nuevo Texto Crítico de Stanford, la entrevista que durante meses realizaron por correo electrónico. "Además, me dijo que existía una beca para hacer clases en Stanford y que participara porque había posibilidades que este año se la dieran a un chileno. Mandé mi currículo y gané la beca. Ahora me gano el Fondo del Cine y espero que me siga yendo bien, al igual que a la película".

¿Cómo ha sido recibir tantas buenas noticias juntas?

Durante muchos años recibí muchas malas. Fueron momentos difíciles. Me gané algunos premios CORFO, gané por segunda vez la Beca de la Fundación Andes y después otro fondo para "Tiempos Malos". Pero de ahí en adelante no hubo caso. Fue duro y por eso tomo esto con cautela. Creo que es una oportunidad muy grande y una gran responsabilidad. Quiero que esta película sea la mejor y que pueda darse en los cines porque las otras -vuelvo a la cosa de la fragilidad- fueron hechas en 16mm., un formato que no permitía la exhibición en salas de cine. Por primera vez voy a hacer una película en súper 16, pero para ampliar a 35, lo cual me tiene muy contento.

"PARA MÍ, LA MATERIA PRIMA ES CHILE"

"Tiempos Malos" es el nombre de la cinta en la que actualmente está trabajando Cristián Sánchez y que obtuvo un Fondo del Cine para su realización. Ángel, el protagonista de la película, es un adolescente cuyo padre muere asesinado. Mientras su madre y su hermana se van a vivir al sur, él decide quedarse en Santiago y, por esas cosas del destino, termina vinculado afectivamente a una familia de narcotraficantes que llega desde Holanda.

¿Cómo surge la historia de "Tiempos Malos"?

Quería adaptar una novela chilena de Armando Méndez Carrasco llamada "Chicago Chico" y que está ambientada en los años 30, pero había ciertas cosas, como la idiosincrasia, que me parecía que no iban a funcionar en esta época. Entonces, empecé a reelaborar una historia a partir de lo que había leído y se me ocurrió la de este joven que, por casualidad, se ve involucrado con esta familia de narcotraficantes. Lo que a mí me importa son las relaciones internas y cómo se tienden a disolver finalmente. "Tiempos malos" en coa significa "ocasión peligrosa", algo que puede ser muy bueno o muy malo. Tiene algo de cine negro y mucho humor porque los personajes son muy divertidos.

¿Investigó mucho sobre el tema?

Sí. El mismo Méndez Carrasco había escrito un diccionario de coa. Leí otras novelas de él, me empapé y ahí pude escribir los diálogos. Luego empecé a operar con mi propia memoria, a hacer un rastreo de mis propias neuronas. A diferencia de otros cineastas chilenos, yo me he metido mucho en lo que es Chile. Es una de las cosas que me dijo Ortega cuando vio "El zapato chino". Él dijo que yo soy un cineasta que funciona desde la calle, mientras otros, que no tienen idea, inventan prototipos populares: no saben cómo habla la gente, ni cómo es de verdad. Ortega me peguntaba, ¿cómo sabes eso?

¿Y cómo sabe?

Ese es mi secreto. Sé porque me he metido en esos mundos. Mis películas tienen que ver con cosas que yo conozco y si desconozco algo, lo investigo. No me quedo con una aproximación que está sólo en mi cabeza. Es como una hipótesis que quiero chequear con la realidad, de manera que la experiencia me indique cómo corregirla. Por eso mis películas parecen un documental, tienen un efecto de realidad muy fuerte. Luego rompo eso y creo cosas más extrañas que tienen que ver con la realidad de Chile también. Chile es un país muy complejo, muy difícil y eso también lo exploro. Es la observación, lo que me contaron, también lo que he intuido, pero va más allá de la propia proyección mental.

Es decir, ¿sus escenas las podríamos ver en las calles?

Creo que se aproxima bastante a algo que es real porque trato de llegar a cierta verdad. Para mí, la materia prima es Chile. Qué es el país, cuál es su modo de ser, su expresión, su carácter. Eso es lo que intento interrogar en cada película.

¿Se está acercando a esa verdad?

Son verdades parciales. Uno va construyendo una verdad en la medida en que tú la afirmas y la gente dice eso es así. Ahí tú sientes que es verdad, cuando trasciendes el realismo mecánico de reproducción de las cosas en lo externo, cuando tomas el objeto y descubres que se transforma en algo imaginario. Algo de emoción se produce cuando se arriba a una cierta verdad que construyes en tú propio discurso. Esa es la labor del arte, construir verdad a través del discurso porque la verdad no está antes. Es fuerte porque transmites una sensación poderosa y eso, quizás, la gente lo siente. Esa es la única prueba que puede haber. La verdad artística significa que estoy moldeando de cierto modo el país en la medida que yo propongo esa verdad.

"BUÑUEL ME ENSEÑÓ EL AMOR POR EL CINE"

"Me vi con pocas posibilidades de hacer películas. Empecé a leer mucho, a comprar libros, a estudiar por mi cuenta y ahí vino el verdadero aprendizaje del cine. De repente alguien me dijo si quería hacer clases y acepté". Así describe sus inicios como profesor el actual académico de la Facultad de Artes, lugar al que llegó hace más de 10 años y en el que imparte clases tanto en el Departamento de Artes Visuales como en los Diplomas de la Escuela de Postgrado. El próximo año, además, Cristián Sánchez partirá becado hasta la Universidad de Stanford, donde continuará su labor académica y de investigación.

¿Qué tienen Buñuel, Ruiz y Bresson, por ejemplo, que no tienen otros cineastas para que usted escriba sobre ellos?

Buñuel me enseñó el amor por el cine. Lo fascinante, lo misterioso, lo extraño, viene de Buñuel y para mí está en las alturas. He leído muchas cosas sobre él y nada me ha dejado satisfecho así que decidí escribirlo yo. Espero agrandarlo algún día, hacer un libro de Buñuel porque tengo mi propia mirada y lecturas de sus películas. Bresson es el gran maestro de la escritura fílmica y creo que no hay nadie tan riguroso como él. Lo que dice y hace se condice absolutamente. Todas sus películas son coherentes entre sí, son parte de una obra. Y Ruiz tiene una carrera extraordinaria. Creo que es uno de los grandes creadores del cine moderno, de la imagen tiempo. Tiene una obra enorme.

Profesor, ¿no le parece curioso que sea un extranjero el que descubrió su obra mientras en Chile pasó desapercibida durante tanto tiempo?

No me parece curioso porque es habitual que en el arte ocurra. Hay ciertos autores a los que se les tiene al lado y porque se les tiene al lado no se les ve. Pero cuando alguien de afuera ve las cosas, puede pasar lo que pasó con Ruffinelli. Antes, Ascanio Cavallo ya había escrito un artículo muy bueno en Artes y Letras. Además, en un periódico de Frankfort apareció un texto muy bueno de un crítico alemán cuando "Los deseos concebidos" se exhibió en el Festival de Berlín en 1983. Él dijo que era de las tres películas más importantes que se dieron. Yo le pasé ese material a Ruffinelli para que él hiciera su propio análisis.

Usted comento que fue justamente Ruffinelli quien le hizo pensar sobre su trabajo, ¿cómo fue ese proceso?

Me obligó a repensar cosas, a ver los lazos de unión. Yo reelaboré la génesis de mis imágenes, de dónde procedían, por qué las repetía y por qué volvían a aparecer, cosa que había intuido pero no había tenido el rigor sistemático para hacerlo más teórico. Hay cierta coherencia en mi trabajo. Creo que hay una línea de continuidad y eso me permite saber ahora hacia donde voy.

¿Sabe hacia dónde va?

Creo saberlo más que antes.

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