Universidad de Chile

Artes

Comentarios sobre Lily Garafulic

COMENTARIOS

Francisco Brugnoli B.
Vicedecano Facultad de Artes,
Universidad de Chile

"Una Excursión por su Estilo"

Las esculturas en piedra de Lily Garafulic muestran una gran condición en el manejo expresivo de materiales y formas , a este período pertenece el torso de granito expuesto en el hall del decanato de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

En esta época explora tanto la talla directa como le modelado y estudia con atención la escultura románica, pero también los trabajos de Brancussi y Lipchitz, notorios por la búsqueda de los elementos fundamentales que definirían la forma en cuanto a lenguaje genérico de la escultura. Más adelante excursionará en operaciones constructivas de carácter tectónico, experimentando con diversas materialidades, naturales y sintéticas, que incluyen los tratamientos de superficies (Sala Universidad de Chile, 1947). Un siguiente paso (Galería Plástica Nueva, 1983), la conducirá a una exploración, particularmente arriesgada en el espacio. Se trata de formas elaboradas en bronce que se vinculan a la gráfica, en su proximidad a los signos orientales de escritura.

Estas obras se instalan en un complejo y definitorio proceso de desprendimiento de la forma escultórica, convencionalizada en los conceptos de masa y pesantez, cuestión ya abandonada en parte en la fase tectónica descrita, pero que en este momento deviene, con claridad, en una operación sobre el vacío, donde el signo, que es lo objetivamente perceptible, es justamente un conformador espacial, estableciéndose una coherencia entre el gesto escritural y un afán liberador de los conceptos convencionales que parecen inmovilizar, porfiadamente, a gran parte de la escultura local.

Ya en obras anteriores, como la exposición de la Sala Universidad de Chile, la obra de Lily Garafulic buscará la interpelación de los conceptos tradicionales de género, siendo un buen antecedente, también de éstos, su bien resuelta relación escultura-arquitectura, en la integración de las 16 figuras de profetas que actúan como estructuradoras de la linterna que sostiene la cúpula de la Basílica de Lourdes (año 1983). Sin embargo, en los últimos trabajos aludidos, el desafío parece extenderse hasta los conceptos mismos de espacio y volumen.

Personalidad inquieta y de gran carácter, su obra abarcará muchos más aspectos de los ahora tan brevemente reseñados, y la conducirá ya desde 1936 a la docencia en la Facultad de Bellas Artes, obteniendo la jerarquía de Profesor ordinario en 1951. Entre sus alumnos destacaron, entre otros las figuras de: Raúl Valdivieso, Sergio Castillo, Sergio Mallol, Wilma Hanng Matías Vial, Alfredo Portales y Francisco Gacitúa.

Las polaridades del mundo abierto por la personalidades significativas, alcanzadas por ellas, parecen deber al mundo abierto por la personalidad de la actual Premio Nacional de Arte, cuya impronta pertenece a la característica de una Escuela que compartió a muy importantes artistas- profesores, calidad de los nominados al Premio 1995. Sin dudas que para la actual Facultad de Artes, ese tiempo y esas personalidades, constituyen un paradigma, en el prima ese espíritu exploratorio y arriesgado muy bien representado por la obra de Lily Garafulic.

"Una Trayectoria Universitaria"

El reconocimiento que, con el Premio Nacional de Arte 1995, se hace a la personalidad y obra de Lily Garafulic, lo es también a una trayectoria donde la condición de universitaria resulta ineludible.

Ingresa a la Escuela de Bellas Artes en 1934, asistiendo al Taller que imparte Lorenzo Domínguez, una de las figuras más relevantes de la escultura nacional, que actúa de manera innovadora en cuanto los conceptos de su tiempo respecto la enseñanza, y la totalidad implícita en el quehacer de un escultor.

La formación de Lily Garafulic se extiende pronto más allá de la Escuela, estudiando mosaico en Ravena, vitral en Chartres, y escultura y grabado en Nueva York, este último con W.S. Hayter, coincidiendo en uno de los momentos cumbres de ese taller, el que se considera ha producido los mayores aporte contemporáneos a la disciplina. Incorporada a la docencia, como profesora de la cátedra de Escultura desde 1947 dirigió uno de los talleres más activos y prestigiosos de la institución, donde se formaron artistas como Sergio Mallol, Raúl Valdivieso, Sergio Castillo, Matías Vial, Wilma Hanning, Alfredo Portales y Francisco Gacitúa.

A través de su trayectoria, la obra de Lily Garafulic, abarcará un arduo y riguroso estudio de las diversas posibilidades de materiales que incluyen piedra, arcilla, madera, metales y exploraciones en sustancias sintéticas. En cuanto los aspectos formales, se explaya desde los conceptos de corporeidad volumétrica, en sus tensiones positivas y negativas, hasta las exploraciones tectónico-espaciales, comprendiendo en una etapa posterior del estudio de signos propios de la escritura oriental, que se muestran como verdaderas operaciones gestuales del espacio. Un aspecto muy importante de su trabajo lo constituyen sus obras integradas a la arquitectura, entre las que destaca la solución del soporte estructural de la cúpula de la Basílica de Lourdes, resuelto por las "16 figuras de profetas".

Parece importante, con ocasión de este premio, destacar el rol que cumplió la antigua Facultad de Bellas Artes, y que hoy se continúa en la actual Facultad de Artes de nuestra Universidad, en cuanto al desarrollo del arte nacional, y esto por la posibilidad principal, que constituye una producción no comprometida con obligaciones de mercado, y que por tanto da lugar a la presencia de personalidades, como la de Lily Garafulic, para quienes la experimentalidad se constituye en pilar fundamental de la obra. Artistas capaces de trasladar sus búsquedas al espacio docente han constituido así el eje fundamental de nuestra historia del arte. Por lo demás la creación artística en la Universidad no sólo resulta relevante por su proyección en la docencia, sino también por el significado más amplio de reformulación, y extensión de las formas culturales incluido el conocimiento; aspectos donde se identifica plenamente con el quehacer universitario.

Milán Ivelic
Director
Museo Nacional de Bellas Artes

"Un Encuentro con la Escultura"

Su primer encuentro con la escultura se produjo cuando ella tenía dieciocho años de edad, en el patio de su casa, a modo de juego, de curiosidad de adolescente, pero intuyendo, de pronto, que estaba definiendo una vocación. Sus primeros años en la Escuela fueron un hacer y un deshacer lo hecho; era una época aún llena de incertidumbre y, a la vez, de ansiedad por encontrar la senda que la llevara a concretar su aspiración por el arte.

Sus primeras obras, retratos y bustos, ejecutados en terracota, mármol, piedra y bronce, correspondieron a su etapa de aprendizaje. Eran los pasos iniciales, destinados a dar un sello personal a su trabajo. En general, estas obras,, en su solución volumétrica, no se liberaban todavía de la sujeción al modelo; no obstante, algunas comenzaban a escapar del sometimiento al dato real y, particularmente, una de ellas, Torso, ejecutada en bronce, constituye la obra inicial de su búsqueda por encontrar su expresión personal.

Esta primera época, que se puede ubicar entre los años 1936 y 1946, está unida a la exploración temática de la figura humana con especial insistencia en la cabeza. La culminación -de carácter monumental- fueron las dieciseis figuras de los profetas, realizadas en cemento para la Basílica de Lourdes.

Paulatinamente, aquella adhesión al modelo se rompe para elaborar obras que tienen la simplicidad y espontaneidad de un boceto, es decir, están a medio camino entre lo inacabado y lo elaborado. Pareciera establecerse un diálogo entre aquellas zonas del material que han sido tocadas por la mano de la escultora con las que han sido esculpidas, las que surgen misteriosamente desde el interior mismo del material elegido. Un ejemplo es El Mar, ejecutada en piedra.

También trabaja en obras que podrían definirse como exploraciones en el lenguaje propio de la escultura, desvinculado de cualquier elemento representativo. Su anhelo es lograr el juego puro de los volúmenes, mediante planos curvos o rectos, pero cerrando siempre la masa para establecer una relación entre el bloque macizo -mediterráneo- y el espacio (Siesta, mármol).

En la década del '60, Lily Garafulic se concentra en otra coordenada. Hasta ese momento, ella necesita la dura resistencia del material, tratando de doblegarle con el cincel a la gubia: los materiales tradicionales la habían acompañado durante todos esos años.

Ahora, en cambio, se produce una doble modificación en su actividad: por una parte, un cambio en el modo de enfocar y sentir la escultura, y, por otra, la necesidad de encontrar los materiales adecuados a esta nueva visión.

Este nuevo enfoque tuvo su origen en un viaje que realiza en 1960 a Isla de Pascua, isla que fue para ella "un mundo telúrico, desolado y próximo a lo que puede ser un paisaje primario elemental". Esta vivencia la llevó a meditar en la presencia de una realidad nueva, liberada de toda conexión natural y cultural con nuestro mundo, que encerraba un paso mítico y mágico, encargado en la simplicidad monolítica del Moai.

Aparecieron los Aku-Aku (del Sol, del Tiempo, del Signo, etc.) y el Andrógeno, obras que ilustran este momento fecundo de la escultora. ¿Qué buscaba? La respuesta de ella: "En los Aku-Aku he buscado, a través de maderas viejas, abandonas, perdidas al mundo, hacerlas vigentes por una ordenación propia (interna), obedientes al impulso humano de descubrir formas aún en lo que se niega a ser forma. La introducción del metal, casi en forma natural, da a las maderas suficiente vibración y, al mismo tiempo, mantener su expresión elemental al respetarse sus masas y perfiles acusados".

Estas obras, técnicamente, se caracterizan por el empleo de madera carcomida con incrustaciones de viruta de metal, soldaduras y pernos, es decir, materiales inusuales para lo que era la práctica habitual por esos años. No se puede dejar de asociar este empleo de materiales de desecho con la fuerza creciente que asumía en el ambiente artístico nacional el informalismo, corriente plástica que rescataba cosas y objetos considerados sin ningún valor plástico.

Tratando de sintetizar la obra de Lily Garafulic, podemos observar dos líneas de acción: una, que gira alrededor de un volumen simple y depurado, donde el oficio se vuelca insistentemente en el pulimiento de las superficies hasta tensar los volúmenes. Son obras que ingresan en el dominio de la autonomía de los medios y en la libertad de la forma respecto a cualquier referencia temática. Conceptos como ritmo, equilibrio, tensión, reposo, movimiento, definen las obras que constituyen este campo de acción. La otra línea está dirigida en otro sentido: el volumen pareciera escapar, en cierto modo, al control de la mente y de la mano, al oficio secular del escultor, a los materiales nobles. El volumen, que ahora acepta extraños e innobles materiales, que se hace expansivo, que acusa la presencia de espacios virtuales, lleva consigo una implícita y expresiva significación: su brutal elementalidad.

Julio Tobar Urzúa
Director Museo de Arte Popular Americano

"La Mujer Creadora"

Este galardón exalta la trayectoria de una gran escultora nacional que influyó grandemente en las nuevas generaciones, desde su docencia en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, y a través de la exhibición de su obra en nuestro país y el extranjero.

Al enfrentarnos a su obra reconocemos un trabajo de síntesis: la simplicidad de lo arcaico está presente.

El bloque sólido y monumental, se expresa en una variedad de materiales, que le son necesarias para sus innovadores enfoques y formas.

Este reconocimiento a su obra, nos permite recordar con afecto a la mujer creadora y a la artista comprometida con el cambio y la materia.

Aura Riquelme
Académica de Facultad de Artes

"Una Artista Contemporánea"

La escultura, como la danza, es una de las primeras y más intensas formas expresivas con que se logra dar vida a una estructura.

Lily Garafulic, como creadora, consigue en su larga vida dedicada a la docencia, una modulación tangible, una forma capaz de ser abarcada por el espacio, íntimamente ligada al material que emplea. Una vibración misteriosa recorre sus obras, livianas, áereas.

Hija de la ciudad de Antofagasta, es una mujer que vive y deja vivir con el continuo e incesante deseo de comunicarse sin traicionar su medio expresivo.

Su asimetría, de gran valor decorativo; sus manos devolviendo a la materia todo su sentido, librando siempre un combate entre la fuerza y la delicadeza, con un ardor indomable. Así surgen sus 16 profetas de Lourdes, de gran equilibrio, ritmo, proporción y pureza de estructura, de notable poder creativo. Esculpe sus figuras humanas movidas por un halo misterioso.

Desarrolla en la piedra, su filosofía, logrando dar vida simbólica y abstracta a materiales amorfos que transforma en reconciliables.

En sus 35 años de docencia, logra formar a muchos artistas y con su inteligente embrujo darse a conocer internacionalmente

Directora del Museo de Bellas Artes, de 1973 a 1977, difunde la cultura visual a toda su extensión.

Hoy se apodera de los materiales nuevos con facilidad e inventiva. Cambia el concepto de la escultura en Chile. Orienta a nuevas generaciones.

Este premio sitúa a Lily Garafulic como una artista contemporánea, cuya creación adquiere una solidez duradera, vigente.

Todo rejuvenece. También la idea.

FUENTE: Dirección de Comunicaciones, Universidad de Chile. 1995

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