Senado Universitario

Cuenta anual del señor Secretario del Senado Universitario

Miguel Orellana, Secretario del Senado Universitario

Miguel Orellana, Secretario del Senado Universitario

Señor Rector y Primer Presidente del Senado Universitario, señoras y señores:

Un profesor de una antigua universidad europea aconsejaba a sus estudiantes, antes de que ellos partieran a administrar el vasto imperio que entonces su país tenía, nunca debe arrepentirse de nada, ni dar explicaciones, ni pedir excusas (Never regret, never explain, never apologize). Sin embargo, comenzaré señalando que, dado que la cuenta detallada del primer año de trabajo del Senado Universitario será distribuida de forma impresa a la comunidad universitaria en fecha próxima y que ella estará también disponible en nuestra página Web, me limitaré en lo que sigue solo a exponer, de un lado, algunos rasgos generales del contexto histórico que confiere su significado a la presente ceremonia y los principales logros del órgano normativo máximo en su primer año de trabajo. Paso, de inmediato, a la primera de estas tareas.

La raíz última de la vida universitaria chilena es la primera comunidad de estudio que recibió autorización para conferir a sus estudiantes los grados de bachiller, licenciado, magíster y doctor en el Valle Central. Se trata de la universidad fundada por la Orden de los Padres Predicadores en 1622 con el nombre de UNIVERSITATIS ANGELICI DOCTORIS DIVE TOMÆ, instituida gracias una bula papal que autorizó a la escuela en la cual educaban a sus novicios en Santiago de la Nueva Extremadura para otorgar los mencionados grados en la disciplinas de lógica, filosofía moral y teología. Pronto otras órdenes religiosas siguieron los pasos de los dominicos, dando pronto lugar a una pequeña constelación de corporaciones de las denominadas universidades “menores”, “conventuales” o, más simple, “religiosas”.

La siguiente etapa en el desarrollo de la educación en el Valle Central lo constituye la Real Universidad de San Felipe, a cuya historia dedicaré la primera parte de esta cuenta por razones que, espero, pronto serán manifiestas para todos ustedes. En 1713, es decir, menos de dos siglos después de la fundación de la ciudad, los vecinos de Santiago a través del Cabildo, pidieron al rey de España permiso para fundar una universidad con su patrocinio. Siete años más tarde, el gobernador Cano y Aponte evacuó de manera favorable el informe que sobre este punto solicitó el monarca. En 1738, Felipe V autorizó por Real Cédula la fundación de una universidad en Santiago de la Nueva Extremadura, con diez cátedras: teología, filosofía, derecho romano, derecho canónico, leyes, medicina y lenguas; esta última, contemplaría también el estudio del mapudungún, con el propósito de facilitar la evangelización del pueblo mapuche.

El Cabildo, en señal de agradecimiento al Rey, decidió llamar a la corporación de San Felipe. Los trabajos para la construcción del edificio, que fueron costeados por los vecinos de la capital, se iniciaron en 1743, en el solar en el cual hoy está ubicado el Teatro Municipal. En 1756, el edificio quedó terminado y la Universidad recibió al gobernador Amat como su vice-patrono en una sesión solemne en la cual se dio lectura al decreto que nombraba los primeros ocho profesores para servir las mencionadas diez cátedras. Las primeras clases se iniciaron en enero de 1758; es decir, hace doscientos cincuenta años. Quienes reclaman hoy por la lentitud de los ritmos universitarios, harían bien en tener presente que transcurrió casi medio siglo entre la solicitud del Cabildo al rey de permiso para fundar una universidad con su patrocinio y el inicio de las clases. Hasta 1810 la Real Universidad tuvo 1837 alumnos, y graduó 299 doctores.

Como reseñará del señor Vicepresidente del Senado Universitario, entre el inicio del proceso que hoy nos reúne en este Salón de Honor y su fruto, la instalación de una nueva forma de gobierno en la Universidad de Chile, que contempla tres órganos superiores, el Consejo Universitario, la Rectoría, y el Senado Universitario, y sus frutos, el plazo ha sido mucho más breve: solo una década.

La Real Universidad es, en rigor, el inicio de la educación laica en Chile, el inicio de la formación en las llamadas “profesiones liberales”, lo que hoy denominaríamos derecho, ingeniería y medicina. Es decir, el estudio de materias que, ya en el siglo XVII, no requerían ni de ser enseñadas por sacerdotes, ni tampoco que sus estudiantes tuvieran por meta ingresar en una orden religiosa al terminar sus estudios. De ahí por lo demás, vale la pena detenerse en este punto un momento para destacarlo, que el anhelo por hijos e hijas “profesionales” esté tan arraigado en nuestro país. La enseñanza de las profesiones liberales en Chile tiene dos siglos y medio.

En 1817, cuando los patriotas recuperaron control de la capital luego de la batalla de Chacabuco, la corporación abandonó el adjetivo. Buscando la protección de nuevo régimen, la Universidad de San Felipe añadió a su nombre, por así decirlo, un apellido materno y pasó a denominarse “Universidad de San Felipe del Estado de Chile” y, en 1835, “Universidad de San Felipe de la República de Chile”. En 1839 el presidente Joaquín Prieto, por así decirlo, cortó por lo sano, y abrevió su nombre a “Universidad de Chile”.

Gracias a la ley que proveyó por primera vez fondos del Estado con este fin, firmada el presidente Manuel Bulnes en 1842, el primer jefe del Estado en oficiar de Patrono, se pudo proceder a la Instalación de la Universidad de Chile en 1843, designándose como rector al príncipe de las letras castellanas del siglo XIX, el educador, filósofo, gramático, humanista, jurista y poeta venezolano Andrés Bello, quien fuera traído al país en 1829, al borde de la cincuentena, por el último gobierno pipiolo, aquel que encabezara el presidente Francisco Antonio Pinto.

Cuando Chile se acerca al bicentenario es saludable reconocer la continuidad entre la Universidad de Chile y la de San Felipe. Todos los doctores, alumnos, libros y edificios de la Universidad de San Felipe terminaron perteneciendo a la Universidad de Chile. A mayor abundamiento, el último rector de la Universidad de San Felipe de la República de Chile, el canónigo y doctor en derecho Juan Francisco Meneses, fue el primero que firmó documentos con la versión abreviada del nombre que la corporación recibió en 1839, Universidad de Chile, desempeñándose más tarde como segundo decano de su Facultad de Leyes y Ciencias Políticas, la denominación original de la actual Facultad de Derecho. Negar la continuidad entre ambas sería equivalente a sostener que cuando Lucila Godoy Alcayaga pasó a denominarse “Gabriela Mistral” o Neftalí Reyes Basoalto a llamarse “Pablo Neruda”, una persona nueva comenzó a existir y otra dejó de hacerlo. Como lo sostiene el propio Bello, siempre tan esmerado en el uso de la lengua, en su discurso de 1843, la ley de 1842 “ha establecido la antigua universidad sobre nuevas bases, acomodadas al estado presente de la civilización y las necesidades de Chile”. La Universidad, en suma, antecede a la república en medio siglo.

Hay, por cierto, muchas y sustanciales diferencias asociadas con ambos modos de presentación de la corporación. La de San Felipe se mantenía con lo que cobraba a quienes recibían de ella sus grados. La Universidad de Chile fue gratuita por casi 140 años, desde su instalación y hasta la reforma educacional de 1980, motivo por el cual el anhelo que vuelva a serlo está vivo, aún hoy, en muchos miembros de esta comunidad, en particular, sus estudiantes.

Dicha gratuidad, en todo caso, refleja la toma de conciencia de las más altas autoridades del Estado ya a mediados del siglo XIX de una verdad que sus sucesoras en el siglo XXI recién hoy parecieran estar comenzando a recordar, después de casi treinta años de olvido. A saber, que la educación no es una mercancía más que, sin riesgos para el cuerpo social, pueda ser transada en el mercado sujeta solo a que sea voluntario el acuerdo respecto al precio entre los privados que la venden y los privados que la compran. La educación como, más allá de sus profundas diferencias, como lo entendieron los gobiernos chilenos desde aquel de Francisco Antonio Pinto con su Constitución de 1828 y hasta su olvido con la Constitución otorgada en 1980, es algo muy diferente. A saber, una condición que permite el aumento de la productividad y el desarrollo material y espiritual; esto es, la diversidad y calidad de bienes y servicios disponibles a los miembros de nuestra sociedad. La educación no es una mercancía, sino una condición para la producción de mercancías de distinto tipo, intelectuales, espirituales y materiales.

Hasta aquí, el contexto histórico. Paso a continuación al presente. El decreto con fuerza de ley nº 1 de 2006 del Ministerio de Educación, publicado en el Diario Oficial el 10 de marzo, en su Título II, señala que el Consejo Universitario, la Rectoría y el Senado Universitario son los órganos superiores de la Universidad de Chile, corporación cuyos principios orientadores son la libertad de pensamiento y expresión; el pluralismo; y la participación de sus miembros en la vida institucional, con resguardo de las jerarquías inherentes al quehacer universitario.

La Nueva Institucionalidad Universitaria separa la dimensión ejecutiva del gobierno, la cual queda encargada al Consejo Universitario y la Rectoría, de su dimensión normativa, que es el mandato del Senado Universitario. Y crea, además, un Consejo de Evaluación, cuerpo al cual encarga la supervisión de dicha tarea.

La ley entrega al Senado Universitario un papel determinante en la fijación de la orientación de la marcha y la estructura interna con la cual la Corporación enfrenta dicho desafío. Por este motivo, le confía considerables facultades que incluyen, entre otras, la de aprobar la estructura orgánica; de ratificar su presupuesto anual; de aprobar las propuestas de creación, modificación o supresión de títulos profesionales o grados académicos; la de requerir de información de las autoridades superiores; la de aprobar la convocatoria a consultas y eventos de reflexión; e, incluso, a propuesta del Rector, por iniciativa suya o del Consejo de Facultad respectivo, la remoción anticipada de un Decano.

El Senado Universitario está integrado, además del Rector que lo preside ex officio, como se dice en Latín, o por derecho propio, como decimos en Castellano, por 36 miembros, los cuales fueron elegidos de la siguiente forma. Dos por el personal de colaboración de la Universidad. Siete por sus estudiantes. Y veintisiete por los académicos. El mandato de los senadores universitarios elegidos por el estamento del personal de colaboración así como por el estamento académico es de cuatro años; es decir, hasta 2010, mientras que aquel de los elegidos por el estamento estudiantil es de dos años; es decir, termina en 2008.

De los senadores universitarios elegidos por los profesores, dieciocho lo fueron por los claustros locales de las respectivas facultades e institutos, y nueve por el claustro académico pleno de la Universidad, habiendo obtenido la primera mayoría de entre estos últimos el académico que, en la segunda sesión plenaria, resultó elegido por el plenario como su primer vicepresidente, el profesor don Ennio Vivaldi Véjar de la Facultad de Medicina.

El Senado Universitario celebró su sesión inaugural y de constitución el 18 de julio de 2006, oportunidad en la cual recibió una presentación don Francisco Martínez, el profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas que oficiara por largos años de secretario ejecutivo de la Comisión Especial del Consejo Universitario denominada “Senado Universitario”, el antecedente institucional inmediato del nuevo cuerpo. En su segunda sesión, luego de un cuidado debate, el plenario acordó que el período de la Mesa sería de un año, con la posibilidad de reelección. Y que, además de elegir su vicepresidente y su secretario, quienes según la ley deben pertenecer al estamento académico y que, en sentido estricto, junto con el señor Rector - Presidente constituyen la Mesa, elegiría además tres senadores universitarios como colaboradores de la misma, al menos uno de los cuales pertenecería al estamento estudiantil.

Resultaron elegidos como colaboradores de la Mesa un ex-presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad, el estudiante de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, don Felipe Melo Rivara; la señora doña Yasmir Fariña Morales, funcionaria del personal de colaboración de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo con destacada trayectoria gremial en la Universidad; la profesora doña Gloria Riquelme Pino de la Facultad de Medicina y quien les habla, de la Facultad de Derecho, como primer senador secretario.

En su primer año, el Senado Universitario tuvo cuarenta reuniones plenarias de tres horas de duración, con un promedio de asistencia que superior al 80%, el cual teniendo presente que Cervantes señala en El Quijote que las comparaciones son odiosas, no queda en mal pie frente a lo que, entre nosotros llamamos “el verdadero Senado”. En cumplimiento del mandato legal de adecuar la reglamentación universitaria al nuevo estatuto, nuestras primeras tareas consistieron en darnos un reglamento operativo básico y, en los meses siguientes, en paralelo con otras tareas, en elaborar del reglamento interno definitivo, el cual está pronto a ser aprobado. También generó el reglamento del Consejo de Evaluación y sancionó su integración a la luz de sus atribuciones, y las propuestas del señor Rector, quedando este cuerpo integrado por los profesores señores don Gonzalo Díaz Cuevas de la Facultad de Artes, quien lo preside, por don Bruce Cassels Niven de la Facultad de Ciencia, secretario, don Raúl Fernández Donoso de la Facultad de Medicina, don Andrés Weintraub Pohorille de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y don José Zalaquett Daher de la Facultad de Derecho.

Poniendo en marcha los mecanismos previstos por la nueva institucionalidad universitaria y luego de un debate exhaustivo, la aprobación del presupuesto de la Universidad para 2007 se alcanzó en una comisión mixta del Senado Universitario y del Consejo Universitario.

Me permito destacar también el trabajo de análisis y aprobación el 17 de agosto de 2006 del Proyecto de Desarrollo Institucional denominado “El Compromiso de la Universidad de Chile con el País”, el cual ha permitido poner en operación en las instancias ejecutivas del gobierno universitario del las propuestas surgidas del trabajo realizado por la Comisión Especial “Senado Universitario” del Consejo Universitario, cuyo texto íntegro está disponible en nuestra página Web y cuya visión de futuro contempla, en el marco de su misión histórica, y su naturaleza de universidad pública de calidad internacional, cómo responderemos a los desafíos de un sistema universitario complejo en los años venideros.

En virtud de sus atribuciones estatutarias el Senado Universitario ha requerido de diversos informes del señor Prorrector, de los señores vicerrectores de Asuntos Académicos así como de Asuntos Económicos y Gestión Institucional y, por último, del señor Decano de la Facultad de Derecho referidos a distintos asuntos que incluyeron el presupuesto 2007; la Corporación Deportiva “Universidad de Chile”; el Centro de Extensión Artístico y Cultural “Domingo Santa Cruz” y el Liceo Experimental “Manuel de Salas”.

En su primer año, el Senado Universitario estudió y aprobó los siguientes programas académicos conducentes al grado de magíster.

Presentado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en Habitat Residencial.

Presentado por la Facultad de Ciencias Agronómicas en Ciencias Agropecuarias, mención Sanidad Vegetal, y también en Enología y Vitivincultura

Presentado por la Facultad de Ciencias Sociales en asociación con la Facultad de Medicina en psicología clínica.

Presentado por la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas en Metereología y Climatología.

Por la Facultad de Derecho en Derecho de la Informática y las Telecomunicaciones.

Por la Facultad de Economía y Negocios en Marketing.

También aprobó dos programas conducentes al título de Especialista presentados por la Facultad de Medicina en Medicina Materno Fetal y en Medicina Intensiva de Adultos.

Se aprobó asimismo una modificación del Reglamento del Programa conducente al grado académico de magíster en Literatura que dicta la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Aquí encontramos, señoras y señores, prueba de la vitalidad de la actividad académica de la Universidad de Chile, en los nuevos programas de estudio que han surgido gracias a la iniciativa y los desvelos de sus académicos, que están atentos a las nuevas oportunidades y desafíos que la corporación enfrenta en el mundo globalizado y la sociedad del conocimiento y la información.

Durante el primer año el trabajo en materias reglamentarias ha estado organizado en tres comisiones: la de Estructuras y Unidades Académicas; la de Docencia; y la de Estamentos y Participación. Estas comisiones se han reunido, con frecuencia semanal, para avanzar en la redacción de los reglamentos que, en el futuro próximo, regirán la convivencia en la Universidad.

El Senado Universitario emitió su primera declaración pública con motivo del asaltó de que fuera objeto la Facultad de Filosofía y Humanidades. En ella se rechazó el ingreso de personas que esconden su identidad a los recintos universitarios así como el robo y la quema de libros, describiéndolo como lo que él es, el paradigma del intento de aplastar la razón con la violencia. Una segunda declaración tuvo por ocasión la futura Ley General de Educación. Una tercera versó respecto de la última ocupación de la Casa Central por la Federación de Estudiantes de la Universidad, la cual calificó de “extemporánea”. La cuarta declaración pública del Senado Universitario, sobre la cual volverá el señor Vicepresidente en su cuenta, tuvo por asunto las condiciones estipuladas en un inicio por el Gobierno para la asignación de fondos para la innovación tecnológica y su previsible repercusión en el sistema universitario nacional.

El plenario acordó también, por votación dividida, participar en la primera división del Fútbol profesional sujeto al resguardo de los elementos valorativos de la Universidad, del nombre, símbolos y emblemas asegurando adecuados mecanismos de control, encargándole al señor Decano de la Facultad de Derecho y la comisión ad hoc de profesores de la misma Facultad la misión de cautelar los adecuados mecanismos jurídicos que aseguren estas condiciones.

Es claro, señoras y señores, que muchos de nosotros desearíamos haber hecho aún más. Pero, por otra parte, si hemos hablado y debatido en abundancia durante el último año en el Senado Universitario, hay también que tener presente que nunca antes en la historia de la Universidad había existido un espacio de reflexión y debate en el cual profesores, estudiantes y funcionarios hayan tenido la oportunidad de hacerlo. Este primer año de trabajo ha permitido la expresión de voces que, por casi cuarenta años, no había tenido oportunidad de hacer uso de la palabra. Tenemos la esperanza que nuestro trabajo sea útil también más allá de la Universidad, en otras universidades públicas que mañana encuentren maneras de adaptar esta modalidad de gobierno a sus propias realidades.

En relación con este punto y acercándome al fin de mi exposición, concédanme relatar una anécdota de la historia de la ciencia moderna que tiene por protagonista al naturalista inglés Thomas Henry Huxley, a quien debemos la introducción de los términos “agnóstico” y “agnosticismo” y que se ganó el apodo de “Bulldog” de Darwin por su defensa acérrima de la teoría de la evolución en un debate con el señor obispo de Oxford al año siguiente a la publicación del libro El Origen de las Especies. Se cuenta que cuando terminó de leerlo, el Bull-dog lo cerró y exclamó: “Sí, desde luego, ¡que estúpido de mi parte no haberlo pensado antes!” (Yes, of course, how silly of me not to have thought of that before!).

En la sesión plenaria del jueves pasado tuvo lugar la renovación de la Mesa, la cual resultó en la reelección del señor vicepresidente y de la señora Fariña, y la elección para integrar la Mesa por el período 2007 – 2008 de la profesora señora María Isabel Flisfisch Fernández de la Facultad de Filosofía y Humanidades como secretaria; de la estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales señorita Patricia Varela Pino; y del distinguido profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas don Patricio Cordero Simunovic como nuevos senadores colaboradores de la Mesa por dicho período.

Señoras y señores, permítanme terminar con una nota personal. Para quien ingresara a esta corporación cursando el grado pre-escolar en la Escuela Primaria Anexa al Liceo Experimental “Manuel de Salas” de la Universidad de Chile en 1960, haberse desempeñado como primer secretario de su Senado Universitario representa una deuda de esas que uno solo puede reconocer, con la conciencia de que nunca podrá pagarla. Agradezco a todos mis colegas en el Senado Universitario su apoyo, el cual hago extensivo a mis alumnos ayudantes ad honorem en la Facultad de Derecho, sin cuyo apoyo invariable en mis otras responsabilidades no hubiera podido jamás atreverme a enfrentar estas funciones. Muchas gracias. ¡Que florezca la Universidad de Chile! Floriat Domus Chilensis.

Miguel Orellana Benado
Secretario Senado Universitario

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