Senado Universitario

Discurso del señor Ennio Vivaldi con motivo de la entrega de la Medalla Senado Universitario a la señora Ángela Jeria Gómez

Senador Ennio Vivaldi

Senador Ennio Vivaldi

La Universidad de Chile ha decidido crear la medalla Senado Universitario y ha decidido que la primera concesión de esa medalla sea para la Señora Ángela Jeria Gómez.

El Senado Universitario aspira a representar tanto la unidad de las personas que laboran en la Universidad, la comunidad universitaria constituida por académicos, funcionarios y estudiantes; como la unidad de las diversas áreas disciplinares que configuran la integridad del conocimiento.

La Universidad de Chile se origina y se da sentido a sí misma en el discurso fundacional de Bello. La Universidad podría haber desaparecido o ese discurso podría haberse desnaturalizado hasta lo irreconocible, tras la intervención de 1973 y la ley de universidades de 1980. Sin embargo, los valores que inspiran a nuestra Universidad han sido siempre resonantes con las grandes fuerzas que cohesionan el tejido social de nuestro país, valores que quizás se expresaron más nítidamente que nunca en esos momentos adversos. En esos años, la lealtad de académicos, funcionarios y estudiantes a esta Universidad pública, así como la lealtad de tantos chilenos y chilenas a sus escuelas, liceos, hospitales y consultorios médicos, oficinas jurídicas o núcleos de artistas, sin importar cuan precarias fueran sus condiciones, mantuvieron viva la llama de la solidaridad que posibilitaría el retorno a un estado de derecho, configurando un legado de valores que quizás pudo haber sido mejor albergado por la democracia renaciente.

Es la proyección de ese espíritu de la Universidad de Chile lo que nos motiva a crear esta medalla de reconocimiento. ¿Por qué la elegimos a usted señora Ángela Jeria como primera receptora?

Angela Jeria se incorpora en 1948 a la Editorial Universitaria, que en ese entonces ocupaba parte del segundo piso de esta Casa Central. En 1958 pasa a la Oficina de Presupuesto y Finanzas de la Universidad. Cuando su marido, Alberto Bachelet, oficial de la Fuerza Aérea, es destinado a Antofagasta, ella conserva su vínculo institucional trasladando su cargo a la sede de la Universidad de Chile de esa provincia. Volviendo a Santiago prosigue su carrera llegando a ser Directora de Presupuesto y Finanzas. En 1969 deja su cargo funcionario e ingresa como estudiante a la carrera de Antropología. En septiembre de 1973 sobreviene el golpe militar, la Universidad de Chile es intervenida y muchas carreras, Arqueología entre ellas, son cerradas. En 1974 su marido muere en prisión. En el funeral hablará Ángela, habrá muchas ausencias, estarán sus palabras. Cuando se reabre la carrera de Arqueología se reincorpora a ella y cuando se apronta a titularse, faltándole sólo un examen por rendir, es detenida junto a su hija y llevada a Villa Grimaldi y a Cuatro Álamos. La detención termina con su expulsión del país. Llega a Australia donde comienza a trabajar en el boicot y repudio a la Junta Militar. Viaja a México, Cuba y la Unión Soviética. Cuando se radica en la República Democrática Alemana para acompañar a su hija, puede trabajar como ayudante de investigación en un centro de prehistoria y arqueología. Va a Bélgica, Francia e Italia. En 1977, a raíz del asesinato de Orlando Letelier, viaja a Washington para dar testimonio de los atropellos a los derechos humanos en Chile. En 1979, sintiendo que volver a América Latina era para ella una necesidad, estaba considerando trabajar con un arqueólogo, el Profesor Lumbrera, en Perú, cuando recibe la noticia de que puede volver a Chile, es decir que ha dejado de ser considerada como “altamente peligrosa para la seguridad nacional”. Volviendo a Chile se incorpora al Comité Pro-Retorno de Exiliados y trabaja en la Comisión Chilena de Derechos Humanos con Jaime Castillo Velasco. Participa en un programa del World University Service por el derecho a vivir en la patria. Se vincula a una ONG pro apoyo laboral para retornados. Es detenida por “estacionar su automóvil en doble fila” y conducida a la comisaría de Las Tranqueras cuando participa en un acto de denuncia por el degollamiento de Guerrero, Nattino y Parada. Es detenida por participar en un homenaje a O’Higgins. Vuelve a ser detenida por participar de una protesta por el asesinato de un estudiante. En 1990 retoma sus estudios de Arqueología en la Universidad de Chile, y luego, a un paso de titularse, opta por dejarlos para dedicarse a apoyar a su hija que emprendía una demandante carrera política.

Las ideas se van comprendiendo recién en el proceso de llevarlas a la práctica. Al contemplar este resumen biográfico, el planteamiento original de la medalla de reconocimiento se nos hacía incierto: ¿cómo podríamos como Universidad de Chile jactarnos que gracias a su paso por aquí usted señora Angela actuó como actuó, e hizo todo lo que hizo? Para entender nuestro propio gesto, ahora debíamos tratar de explicar lo que admirábamos y valorábamos en usted. Para ese intento explicativo recurro a un poeta por quien, según recuerdo, usted sentía admiración.

Leo un verso de Federico García Lorca:

“El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.”

La torera es el gesto de tomar la capa por una punta y hacerla girar totalmente distendida en un círculo completo. A primera vista, entonces, el crepúsculo circundando el cielo como una torera parece una bella metáfora. Pero quizás lo que el poeta busca sea otra cosa. Al comienzo del poema se nos había presentado a un gitano que, sólo con una vara de mimbre, iba a Sevilla a ver los toros; y que a la mitad del camino había cortado limones redondos y los había ido tirando al agua hasta que la puso de oro. Yo no soy especialista en literatura, pero soy especialista en la neurofisiología del soñar, y creo difícil encontrar imagen onírica más hermosa, que nos entregue esa vividez sensorial, esa intensidad emocional, esa cromaticidad extrema propia de los sueños, que ésta, con ese amarillo resplandeciente de los limones y el agua. Volviendo al verso citado, éste se sitúa inmediatamente después del prendimiento del gitano por la Guardia Civil y antecede a un prolongado curso de acción de convicciones oscilantes en cuyo desenlace… sonarán voces de muerte, pues el gitano, luchando ante cuatro puñales, tendrá que sucumbir. Entonces, pero recién desde la perspectiva del desenlace fatal, el verso citado parece adquirir un sentido diferente. Lo que en realidad consigue el poeta con esa tarde que da una larga torera sobre el mar y los arroyos, es transformar todo el paisaje, quizás el universo entero, en una inmensa, sideral, inconmensurable plaza de toros, un escenario digno en el que el gitano ha de alzarse, y nosotros con él, en la infinita soledad que lo lleva desde el soñar, hasta el enfrentamiento con la fuerza brutal de la muerte. Entre lo humano que genera sueños y lo humano que enfrenta la muerte hay algo indefinible, algo a lo que solemos aproximarnos con palabras como dignidad o coraje, pero que intuimos roza y palpa lo que llamamos condición humana. Sólo por completitud, agrego que Linnaeus al elegir un nombre para nuestra especie, con afán rampante en el árbol evolutivo y en lo que quizás resultara inevitable en pleno siglo de la Ilustración, nos distingue con el de “sapiens”. No sé si aquél sea el rasgo más definitorio del ser humano.

Y quizás así podemos reintentar aproximarnos a entender nosotros mismos el sentido de elegirla a usted como primera destinataria de esta nueva medalla Senado Universitario. Quizás sea una forma de agradecerle que en su vida haya elegido a la Universidad de Chile, primero como el ambiente en que quiso trabajar y después el ambiente en que quiso estudiar.

En la Editorial Universitaria Ángela trabaja con el Director del Departamento de Extensión Universitaria, Francisco Galdámez, con el ilustre refugiado español don Angel Ciutat de Miguel y con Inés Figueroa, directivos de la Comisión de Publicaciones; con Jorge Sanhueza, a cargo del Fondo Neruda; con el historiador Mario Góngora. El Departamento de Extensión acoge a tanta gente tan significativa en el mundo de las artes, como los escritores Hernán Valdés y González Vera, o los poetas Jorge Tellier y Waldo Rojas. Muy en especial destaca allí la presencia del escritor Manuel Rojas, de larga amistad con la familia de Ángela, quien incluso había creado algunos personajes de sus novelas inspirados en la personalidad del padre de ella, don Máximo Jeria Johnson.

En la Oficina de Presupuesto comparte responsabilidades con Tomás Aguayo, quien luego sería Tesorero General de la República y con Ernesto Schiebelbein, luego Ministro de Educación, y hoy Premio Nacional de Educación. Conforma un equipo de directivos brillantes, del que forman parte, además de Francisco Galdámez, el Tesorero General de la Universidad, Luis Recabarren, los Asesores Jurídicos Carlos Ruiz Bourgeois y Raúl Brañez Ballesteros, la abogado Jefe de la Oficina del Consejo, Teresa Esterio, la Jefe del Servicio de Bienestar Estudiantil Diana Burstein, y el Jefe del Departamento del Personal, Juan Vilches.

Son los años de las rectorías de don Juan Gomez Millas, don Eugenio Gonzalez Rojas y del Rector Subrogante Ruy Barbosa; de los Secretarios Generales don Guillermo Feliú Cruz y don Alvaro Bunster Briceño.

En su desempeño como responsable del presupuesto universitario compartirá el afán por impulsar proyectos y transformar anhelos en realidad con los Decanos anteriores a la Reforma, entre otros, Enrique d’Etigny, Eugenio Velasco, Hernán Alessandri, Amador Neghme, Ramón Rodríguez, Ventura Galván, Luis Oyarzun, Sergio Molina, Edgardo Boeninger, Domingo Santa Cruz, Carlos Pedraza, Luis Cerutti y Hernán Ramírez Necochea. En seguida, con los nuevos decanos y líderes de la Reforma, entre otros, Alfredo Jadresic, Oscar Valenzuela, Fernando Kutnetzov, Mario Luxoro y la primera mujer en ocupar un cargo de Decano de la Universidad de Chile, Elisa Gayán. Así también señalamos a integrantes del Consejo Universitario durante el período de transición: el Presidente de los Plenarios de Reforma, Enrique París, el Presidente de la Comisión de Reforma, Fernando Vargas, el Presidente de la Asociación de Funcionarios, Humberto Palma. También llegarán con sus sueños a la Oficina de la Directora de Presupuesto el Director de Teatro Pedro de la Barra y la actriz Mares Gonzalez, el músico, trágicamente muerto, Jorge Peña Hen, el escultor Samuel Román.

Al ingresar a la recién creada carrera de Arqueología dirigida por Mario Orellana, conoce a Carlos Aldunate, Director del Museo, y es compañera de Victoria Castro, Consuelo Castro y Fernanda Falabella.

¡Son tantos los integrantes de nuestra comunidad con los cuales usted interactuó en la tarea de seguir construyendo y consolidando nuestra Universidad en un período tan significativo de su historia! Si hace unos minutos invocábamos el sentimiento íntimo de la poesía de García Lorca, permítanos ahora saludarla a usted, señora Ángela, invocando a otro poeta que sé usted también admira, en una obra que, quizás como ninguna otra, logra expresar la pertenencia común a un colectivo.

Leo un verso de Pablo Neruda:

“Pero una permanencia de piedra y de palabra:
la ciudad como un vaso se levantó en las manos
de todos, vivos, muertos, callados, sostenidos
de tanta muerte, un muro, de tanta vida un golpe
de pétalos de piedra: la rosa permanente, la morada:
este arrecife andino de colonias glaciales.”

Que este reconocimiento para usted pueda descansar en esa permanencia de piedra y de palabra. Que nuestra medalla le sugiera que en estos muros de la Casa Central siguen vivas todas las palabras que, o con risa o con llanto o con serenidad, aquí hayan sido expresadas. Señora Ángela Jeria, reciba usted la Medalla del Senado de la Universidad de Chile.

Muchas gracias

Ennio Vivaldi
21 de noviembre de 2007

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