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Consejo de Evaluación

Columna de Opinión del Profesor Cristóbal Holzapfel, Presidente del Consejo de Evaluación:

"Cuando de evaluación se trata"

Cuando de evaluación se trata lo que está en juego corresponde tanto a la adopción de criterios cuantitativos como cualitativos. Se escucha una y otra vez que hay que privilegiar la calidad, y la apuesta por la excelencia académica está ligada con ello.

El texto del profesor Cristóbal Holzapfel corresponde a la ponencia que presentó en el Coloquio "¿Qué se evalúa cuando se evalúa?" organizado por la VID, FACSO e IBJGM.

El texto del profesor Cristóbal Holzapfel corresponde a la ponencia que presentó en el Coloquio "¿Qué se evalúa cuando se evalúa?" organizado por la VID, FACSO e IBJGM.

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Mi primer propósito es mostrar el sutil juego que hay entre los mencionados criterios cuantitativo y cualitativo. Por de pronto, digamos que cantidad y calidad o cualidad remiten a lugares, a topoi, en la retórica tradicional, vale decir, como lo hace por ejemplo Aristóteles, nuestros discursos se están apoyando en los mencionados lugares, que actúan en cierto modo como un trasfondo de ellos.

Me atrevería a decir que estos lugares se vuelven más interesantes aún en una retórica concebida como teoría de la argumentación, como lo hace el filósofo polaco que enseñara en la Universidad de Bruselas, Chäim Perelman.

El impacto que provocó su obra es notable puesto que este nuevo modo de entender, a saber, la retórica como argumentación, se impuso hasta nuestros días. Es lo que se conoció desde fines de los cincuenta como "nueva retórica". El punto crucial de esta "nueva retórica" y que marca una diferencia con la retórica tradicional es que al concebir la retórica como argumentación se reconoce al otro, al auditor, a la audiencia, como un interlocutor válido, que no cuando pretendemos meramente persuadirlo. En el primer caso apelamos directamente a la racionalidad del interlocutor y en el segundo los medios emocionales y anímicos también entran a tallar.

Pues bien, cuando observamos un curriculum vitae, como lo hace en nuestra universidad la CSEA, la Comisión Superior de Evaluación Académica, que depende del Consejo de Evaluación, observamos allí una patente argumentación, y se trata entonces de que el candidato a una jerarquía académica superior intenta convencernos, y no meramente persuadirnos, de que ese tránsito o salto de una jerarquía a otra, se justifica.

Pero, afinando más nuestra puntería: ¿qué es lo que se hace particularmente presente en un CV? Cantidad de cursos, tesis de pre- y postgrado dirigidas, artículos indexados y libros publicados por prestigiosas editoriales, proyectos concursables ganados, conferencias dictadas, etc. Y a partir de la cantidad, a saber, del lugar, del topos de la cantidad, los evaluadores, los miembros de la CSEA, sacan conclusiones respecto de si el ascenso, el salto, el tránsito, se justifica o no. Más precisamente lo que se ha hecho en ese proceso es pasar del lugar de la cantidad al de la calidad. Sobre la base de cierto número de cursos, tesis, proyectos, artículos, libros, conferencias, se transita a la supuesta calidad del candidato.

Fijémonos mejor todavía respecto de cómo se lleva a cabo este proceso: cierta cantidad de algo, lo que fuere, permite concluir en la calidad de quien ha realizado ese "algo".

El alcance que tienen los topoi de la cantidad y calidad es extraordinario, puesto que, si bien lo analizamos, es lo que hay tras la aplicación de un concepto o un valor a una persona o una situación. Sucede que alguien que conocíamos hasta ahora como una persona honesta, comienza a tener distintos comportamientos que nos dan la impresión de deshonestidad. Pues bien, en algún momento tal vez llegaremos a formarnos una nueva idea de esa persona, a saber, como deshonesta. Y lo mismo caber decir, por supuesto, del talento artístico que tenga alguien, o de que un país de pronto se encuentra en una crisis económica, y otros.

Y esto sucede por supuesto al leer atentamente un curriculum. La argumentación tácita que se va desarrollando en él le hace ver al evaluador, por ejemplo, que cierto candidato a la jerarquía académica de asociado va muy bien con la investigación y publicaciones, pero luego viene un vacío de varios años. Y luego tal vez mejora otra vez considerablemente en ese rubro, obteniendo un megaproyecto y publicando un libro que ha ocasionado gran impacto. ¿Cómo lo evaluamos? ¿Da esto para un final feliz? ¿Contará el candidato con mi voto? Y frecuentemente se trata en esto de diferencias tan sutiles que se hace necesario el análisis y debate sobre el caso en cuestión.

Más precisamente ¿cómo sucede el juego entre cantidad y calidad, sobre todo cuando se producen quiebres? Perelman habla de una técnica que puede ser de un lado de frenado y otra más radical de suspensión. Vale decir, sucede que en el ejemplo anterior, al reconocer el evaluador un vacío de algunos años en investigación y publicaciones, al menos frena el enlace que estaba haciendo entre el candidato y ciertas acciones o actividades que serían esperables de él. Ahora bien, supongamos que el mencionado vacío se prolongó por 7 años, es decir, un tiempo excesivamente largo, aunque al final el candidato haya obtenido un megaproyecto y haya publicado una obra de gran impacto, tal vez aquel vacío no va a poder ser subsanado por los mejores logros posteriores. Entonces asistimos, desde el punto de vista de ese evaluador, ya no a un freno temporal, sino a una suspensión del enlace entre el candidato y las acciones en investigación y publicaciones que se esperan de él. Al menos pues él, como uno de los miembros de la CSEA, no le dará su voto.

Lo anterior se apoya en ciertos tipos de argumentos que también se hacen claramente presentes en un CV, cuales son los del triple enlace entre persona y acto, persona y discurso y persona y grupo.

Al respecto, es interesante atender a lo siguiente: que para Perelman hay un tipo de argumento de enlace, por ejemplo el pragmático, que representa cierta dinámica de la sociedad. De acuerdo con este argumento lo que sucede ahí fuera en el mundo, en el cosmos, son hechos que traen consigo consecuencias, y se trata que el argumento pragmático lo que hace es transformar esa relación, en cierto modo fatal, en una relación medio-fines, con el fin de hacerse cargo de un problema, algo inesperado, un accidente, una catástrofe natural o económica, o lo que fuere.

Pues bien, los argumentos de enlace entre persona y acto, discurso o grupo, representan más bien la estabilidad, la estática en la sociedad y en cualquier comunidad. En la convivencia humana sucede que tanto del amigo, del jefe, del subalterno, del político, del padre, del hijo, de la esposa, del marido, del profesor, del médico, y por cierto también del académico, esperamos de que el mencionado triple enlace se cumpla y sobre todo mantenga.

Y así como el mencionado triple enlace está por supuesto presente en un CV, es probable también que se frene o se suspenda. En el caso del académico, se trata no únicamente de sus actos o acciones, sino también de los discursos que de él provienen, en términos de artículos, libros, conferencias, dictación de cursos, dirección de tesis y demás, como por último, se trata también de un enlace con ciertos grupos, con lo cuales no necesariamente hay consensos, sino que también pueden haber disensos, pero con los que se comparte un mismo interés disciplinar. Y por supuesto también es probable que al leer cierto CV cualquiera de esos enlaces se frene o suspenda.

En este punto conviene abordar lo que sería una consideración de fondo y que se refiere a los límites que supone toda evaluación. De fondo, es el problema que vio quizás sobre todo Michel Foucault, en el sentido de la necesidad, pero también artificiosidad de conceptos, categorías, y junto con ello, clasificaciones. Recordemos que su obra de 1963 "Las palabras y las cosas", parte por la clasificación de los animales del emperador chino que él toma de Jorge Luis Borges, entre los cuales se cuentan, por ejemplo: a. camello, b. oso, c. el gato pintado en el jarrón, d. rinoceronte, e. no incluidos en esta clasificación, f. etc. En cierto modo, este problema de toda malla conceptual ya lo vislumbró Zenón de Elea en sus “paradojas”.

Apoyándonos en Perelman, podríamos decir que hay tres argumentos adicionales a los que conviene atender en este punto.

Los dos primeros de cierto modo son como el anverso y el reverso de un mismo argumento: me refiero a los argumentos de inclusión y división. Como sea que divida un determinado universo, lo que incluya en él y lo que excluya, y junto con ello divida, tiene un carácter inevitablemente argumentativo y por lo general arbitrario. Por ejemplo, quienes tienen derecho a voto, qué enfermedades entran dentro del “Plan auge” de la salud pública. En el caso de un CV, ¿qué actividades corresponden a extensión y vinculación con el medio?; en las publicaciones ¿se incluyen o no los libros? ¿qué valor tienen éstos?

A propósito de esto último, si de acuerdo al índice de impacto de la producción en Ciencias Sociales y Humanidades en el mundo, en latino-américa y en Chile, se está bajo la media, me atrevería a decir que ello encuentra su explicación principalmente en un no debido reconocimiento del libro. Y resulta que en estos ámbitos lo que se escribe son principalmente libros. Los grandes aportes al conocimiento, los avances en las disciplinas, están dados por los libros, por ejemplo, en filosofía por los libros no sólo de autores clásicos (lo que es evidente) como Aristóteles, Kant o Hegel, sino de autores contemporáneos como Giorgio Agamben o el filósofo surcoreano de los más leídos en estos momentos en Europa, Bjun Chul Han. El libro Ser y tiempo de Martin Heidegger, de 1927, no tengo el más leve asomo de duda de que equivale al menos a 100 artículos ISI (hoy en día, Reuters), cuando no 1000 (y no estoy exagerando). Incluso cabría agregar que el índice de impacto de ese libro es simplemente inconmensurable.

Dimensionemos la gravedad de lo que atañe a una no debida y justa valoración del libro. Si, como ya decíamos, sin duda más significativamente en Humanidades que en Ciencias Sociales el avance del conocimiento se produce definitivamente a través del libro, el que se mida la investigación y publicaciones en términos de artículos indexados constituye a lo menos una aberración. El instrumento con que se nos mide no calza, es como si se quisiera medir la presión del aire con un anemómetro (que mide la velocidad del viento). Y resulta que este procedimiento de evaluación se ha instalado no sólo en Chile, sino en gran parte del mundo, y es incalculable el daño que provoca. Cabe decir que simplemente es algo nocivo para nuestras áreas.

Estoy convencido de que mientras en nuestro país, en latino-américa y en el mundo no le demos la adecuada solución a la cuestión de la valoración del libro, para Ciencias Sociales y Humanidades cualquier estadística resulta a lo menos sospechosa, cuando no completamente cuestionable. ¿Soluciones posibles a nivel nacional? Por ejemplo, que la CNA, CONICYT o el MINEDUC formara algo así como la “Comisión de valoración del libro” y que tuviera como propósito llegar a establecer una suerte de “sello verde” del libro, sobre la base de un estudio acucioso, permanentemente actualizado, de las editoriales. Mejor todavía: que esa propuesta Comisión la integraran miembros de cada una de esas instituciones, y probablemente también la Cámara Chilena del Libro.

El otro argumento al que me quiero referir en cuanto a los límites de toda evaluación es el que atañe al argumento de comparación, que justamente encuentra un límite en lo incomparable. Por de pronto, cabe reconocer que toda vez que hacemos una comparación, estamos argumentando. Si comparamos a un académico que ha sido investigador responsable de 7 proyectos Fondecyt en 10 años con un académico de la Facultad de Artes que ha obtenido 7 Fondart en el mismo número de años, estamos argumentando, vale decir, estamos diciendo que un Fondecyt sería perfectamente equiparable con un Fondart. Si comparamos la economía chilena, como miembro de la OCDE, con la economía de Brasil, estamos argumentando, ya que estamos pretendiendo un mayor reconocimiento de la economía nacional. De acuerdo al mismo ejemplo, si un economista brasilero compara su economía con la nuestra, es más que probable que reciba muchas críticas de sus pares y de las autoridades políticas y económicas de Brasil.

Mas, toda comparación experimenta su límite en lo incomparable. ¿Y qué es lo incomparable? Pues todo lo que te es más cercano y sobre todo en el plano afectivo: tu pareja, tus hijos, tu casa, o incluso cierto lugar donde vas de vacaciones. ¿Y ello, lo incomparable, juega también un rol en un curriculum vitae? Pues sí, y por eso es que por lo general el mayor reclamo que viene de las comparaciones, y junto con ello, de las evaluaciones, valoraciones, validaciones que hacemos, viene de los artistas. ¿Es comparable, evaluable, validable el poema “El hombre imaginario” de Nicanor Parra? No, tajantemente no. Y, sin embargo, optamos por atender a diversos aspectos de un poema o de un poemario publicado por cierta editorial y que permitirían evaluarlo hasta cierto punto, pero ojalá teniendo al menos el pudor de manifestar una reserva al respecto.

La columna del profesor Cristóbal Holzapfel corresponde a la ponencia que presentó en el Coloquio "¿Qué se evalúa cuando se evalúa?" organizado por la VID, FACSO e IBJGM.

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