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Salud Pública

Por un aislamiento físico que no conlleve un aislamiento social de las personas mayores

Una de las certezas que existen en torno al COVID-19 es su rápida propagación y su mayor afectación -incluso mortalidad- en personas mayores y portadores de enfermedades crónicas. Ante las medidas de aislamiento social, que incluyen el confinamiento de quienes tengan más de 80 años, las académicas Constanza Briceño y Daniela Thumala, de la Red Transdisciplinaria sobre Envejecimiento, nos entregan claves para abordar los cuidados de este grupo etario en este particular contexto.

En el actual contexto es preciso tomar medidas para que el aislamiento físico no se convierta en uno social y/o afectivo.

En el actual contexto es preciso tomar medidas para que el aislamiento físico no se convierta en uno social y/o afectivo.

Daniela Thumala, académica del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales.

Daniela Thumala, académica del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales.

La profesora del Departamento de Terapia Ocupacional y Ciencia de la Ocupación de la Facultad de Medicina, Constanza Briceño.

La profesora del Departamento de Terapia Ocupacional y Ciencia de la Ocupación de la Facultad de Medicina, Constanza Briceño.

Ya lo sabemos: en nuestro país, el porcentaje de personas mayores de 65 años ha aumentado desde el 6,6 por ciento en el año 1992 a 11,4 por ciento en 2017, lo que se traduce en que si en 1992 dos de cada diez personas eran mayores de 65 años, en 2017 lo son seis de cada 10. A esto se suma que según las proyecciones, el 2050 alrededor del 25 por ciento de la población tendrá 64 años o más.

Como se ha estudiado a partir de instrumentos como la "Encuesta Nacional sobre Inclusión y Exclusión Social del Adulto Mayor en Chile”, y según plantea una de sus ejecutoras, la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales, Daniela Thumala, “la mayoría de las personas considera que los adultos mayores no pueden valerse por sí mismos. Esto, a pesar de que la Encuesta Nacional de Dependencia del año 2009 muestra una cifra completamente al revés: la mayoría de las personas adultas mayores sí puede autovalerse”.

Como se recoge en el Policy Paper "Salud Oral en Personas Mayores: Un desafío multidimensional para Chile", “un 68 por ciento de las personas de 18 y más años creen que las personas mayores no pueden valerse por sí mismas”, esto, a pesar de que según “la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Ministerio de Desarrollo Social, 2017), sólo el 14 por ciento de las personas mayores presenta algún nivel de dependencia funcional".

Ante esto, advierte Daniela Thumala, académica del Departamento de Psicología e investigadora del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo (GERO), “si bien no todas las personas mayores son dependientes, la dependencia se concentra en la población mayor”. Al respecto, detalla, tal condición “tiene que ver con cuánto cuidado necesito de una tercera persona”.

Independiente de los imaginarios que la sociedad chilena posee sobre el envejecimiento y las personas mayores, y de los niveles de dependencia que éstas tengan, ante este contexto de aislamiento social, como enfatiza la profesora Thumala, “hay que tomar medidas de cuidado: tratar de hacer todo lo posible para que este aislamiento, que en realidad es un aislamiento físico, no termine siendo un aislamiento social ni afectivo, no sea un espacio que termine desarrollando sentimientos de soledad”.

Recomendaciones

Primero, como advierte la profesora del Departamento de Terapia Ocupacional y Ciencia de la Ocupación de la Facultad de Medicina, Constanza Briceño, “la población adulta mayor es muy heterogénea”, por lo que las recomendaciones en la línea de prevenir el aislamiento social son muy variables: “la mayoría son autovalentes, pero hay un grupo que tiene una dependencia leve y moderada y que no siempre están siendo cuidados por otras personas, y a veces viven solas”.

Esto, porque si bien “estrictamente debería ser del Estado la responsabilidad de hacerse cargo de las personas que requieren más cuidado, hay quienes están en una dependencia más leve o moderada, que se quedan afuera de lo que el Estado puede hacer”, como plantea la profesora Briceño.

Respecto a las personas con dependencia leve y moderada, plantea la especialista, “es importante que donde vivan exista algún catastro de que están ahí. Si viven en un edificio, tener un registro de ellas y las necesidades que pueda tener, desde cosas muy básicas como el abastecimiento de alimentos, pero también qué hacer si esta persona requiere asistencia médica o requiere otro tipo de ayuda”.

Ante esto, es importante ayudar a las personas a “establecer una rutina intradomiciliaria”, esto porque hay quienes “tienen su rutina bien armada pero implica salir de la casa, ir a comprar, o hacer algún trámite. En este caso es buscar los apoyos en la familia y en la comunidad, por ejemplo, para las compras. En el fondo es determinar las cosas para las que voy a requerir ayuda”.

Para todas ellas, independiente de su nivel de dependencia, agrega la profesora Thumala, es importante la comunicación. “Aunque sea un llamado telefónico desde la red fija de la casa”, dice, agregando que lo importante es que haya una planificación, “tanto del adulto mayor como de los que están alrededor, para mantener una comunicación permanente durante el día, ojalá varias veces, de reporte, de cómo está, qué has visto en la tele, contarse chistes, tratar de meterle un poco una conversación en torno a la situación en la que estamos, sino que también hablar de otros temas”, dice.

Mantener la comunicación en este contexto es importante “porque esta situación en la que estamos ahora es bastante incierta, y la incertidumbre es gatillante de mucho estrés”. Frente a eso “hay que tomar medidas y una de ellas es mantener comunicación permanente”.

Otro punto, como señala la profesora Thumala, es el humor, que “es una de las estrategias de afrontamiento descritas de la psicología como sumamente saludable”. Por ello, es importante "hablar de otras cosas también. Regular el acceso a la información, no estar todo el día pegados a las noticias. También darse tiempo para ver otras cosas que ayuden a subir el ánimo forma parte también de las estrategias”.

Así, en definitiva, como concluye la profesora Briceño, es importante “mirar más allá de nuestro entorno próximo y fijarnos en la comunidad, e identificar a las personas que requieren de estos apoyos”.

Como agrega la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales, “no me quedaría solamente con el tema de cómo poder contener y cuidar a personas dependientes, sino que hay muchas personas mayores que aunque no sean dependientes, les va a tocar estar mucho más aisladas en el contexto en que estamos”.

“Tenemos una responsabilidad hacia los grupos que son más vulnerables. Hemos asumido que a los niños y niñas les damos todos los cuidados, pero también hay una responsabilidad hacia las personas que también nos cuidaron a nosotros”, cerró la profesora de la Facultad de Medicina.

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