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Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza

Análisis

Los grandes vectores de la diseminación del COVID-19

En el Día de la Tierra, destacados académicos de nuestra Facultad analizan cómo el cambio global del planeta y las grandes modificaciones que ha sufrido la bioesfera, se convirtieron en el ambiente propicio para la proliferación del virus que tiene al mundo sumido en una histórica crisis sanitaria.

La deforestación es una gran amenaza en la conservación de los ecosistemas.

La deforestación es una gran amenaza en la conservación de los ecosistemas.

La salud humana, animal y ambiental depende del funcionamiento ecológico del planeta.

La salud humana, animal y ambiental depende del funcionamiento ecológico del planeta.

Documentos adjuntos
Cambio Global y la diseminación del COVID-19

De acuerdo a la nota Cambio Global y la diseminación del COVID-19, de los profesores de nuestra Facultad, la Dra. Claudia Cerda, académica del Departamento de Gestión Forestal y su Medio Ambiente, y el Dr. Juan Pablo Fuentes, académico del Departamento de Silvicultura y Conservación de la Naturaleza, se ha planteado que la diseminación de enfermedades altamente contagiosas, como lo es el COVID-19, estaría íntimamente asociada con el conjunto de cambios ambientales y sociales que ha sufrido el planeta Tierra durante los últimos siglos.

La acción de los seres humanos sobre los ecosistemas, por ejemplo, transformando grandes extensiones de bosques nativos en terrenos agrícolas, fragmentando hábitats de vida silvestre, sobreexplotando los recursos naturales, expandiendo las zonas urbanas por sobrepoblación; sumado al cambio climático, ha generado importantes modificaciones en el funcionamiento ecológico de los ecosistemas del planeta del cual depende la salud humana y animal.

"Diversas plataformas científicas y políticas han alertado a los gobiernos sobre la relevancia de la mantención de los sistemas naturales para el control de enfermedades", afirmó la profesora Cerda.

Sin duda, la sobrepoblación en los asentamientos urbanos y la expansión de sus límites ha afectado muchos ambientes silvestres de nuestro planeta. Hábitats naturales se han visto alterados y fragmentados por la acción humana en desmedro de la vida animal y vegetal nativa.

En esta pérdida de hábitat, se alterarían funciones ecológicas y ciclos naturales que son esenciales para el bienestar social, al garantizar la existencia de diversos servicios ecosistémicos, como el control de plagas y enfermedades, la regulación climática, alimentos de calidad, provisión de agua para diferentes usos, entre otros.

"La pérdida y alteración profunda de los ecosistemas naturales estarían asociadas a mayores probabilidades de transmisión de microorganismos patógenos entre la fauna y las personas", explicó el profesor Fuentes.

Aquí surge un grave peligro de transmisión de enfermedades, ya que el contacto con los animales es una relación compleja, no es solo de contemplación o convivencia, sino que se da una práctica de caza intensiva con fines alimenticios, o incluso recreativos, lamentablemente, que lleva al tráfico de animales silvestres. En esta relación tan directa es donde aumentan las posibilidades de infección de cualquier enfermedad contagiosa, "incluyendo la mutación y traspaso de virus", enfatizó el académico.

Por otra parte, existiría cierto grado de desconocimiento frente a la real incidencia que puedan tener sobre la propagación y persistencia de los patógenos, factores ambientales como la temperatura y humedad del aire, radiación incidente, la contaminación, entre otros.

De acuerdo al profesor Fuentes, hay literatura existente que indica que las condiciones de temperatura y humedad serían los principales factores para propiciar el brote de enfermedades contagiosas como la influenza, "y podría esperarse algo similar para el nuevo virus".

Dado lo reciente de la aparición del COVID-19 esto aún sería tema de investigación, aunque estudios muy recientes realizados en Estados Unidos demostrarían que este virus podría ser más letal en lugares donde existe mayor exposición al material particulado fino, contaminación generada mayoritariamente por la acción humana. Una alerta importante para nuestro país, ya que es precisamente en invierno cuando los índices de contaminación en el aire muestran mayor concentración de estas micropartículas.

"Las concentraciones de PM2.5 en varias ciudades de Chile exceden a los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud por al menos 120 días del año y, justamente en el periodo otoño-invierno. Es decir, tendríamos, al parecer, las condiciones ideales para la dispersión, persistencia y letalidad del virus. Esto nos llama a que se tomen acciones inmediatas en el ámbito de disminuir las emisiones de PM2.5 y así evitar una catástrofe de mayores proporciones", advirtió el profesor Fuentes.

"Los gobiernos y las instituciones deben generar planes de gestión que aseguren la conservación de la naturaleza, protección de la biodiversidad y mantención del entorno natural que sustente las condiciones de salud humana y medioambiental", concluyó la profesora Cerda.

Nuestro país tiene un importante desafío frente a esta pandemia, lecciones de aprendizaje que sin duda deben cambiar la forma de vida de toda la sociedad a nivel global. Gran parte de este problema tiene su origen en la acción humana y requiere tomar acciones por parte de toda la población para modificar su comportamiento.

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