No es un misterio que Brasil ha sido uno de los gobiernos latinoamericanos con una de las peores respuestas evaluadas frente a la pandemia del Covid-19. Esto en gran medida debido al cuestionado liderazgo que ha tenido el presidente Jair Bolsonaro, quien tomó desde el principio una postura negacionista frente a los efectos letales del virus, evitando medidas sanitarias como cuarentenas y cordones sanitarios y defendiendo a ultranza el desarrollo normal de la economía. Su postura radical fue compartida por otros líderes mundiales como Donald Trump en EEUU y Boris Johnson en Inglaterra, quienes sin embargo, acabaron admitiendo -en parte- la gravedad de la pandemia, luego de que los tres terminaran dando positivo en los test médicos. El último fue Trump, la semana pasada.
En Chile, si bien el gobierno ha tenido una reacción diferente, al crear una mesa social y técnica para enfrentar la crisis sanitaria y aplicando medidas de confinamiento y distancia social, al igual que medidas sociales y económicas, estas han sido criticadas de tardías y poco eficientes, al igual que se ha cuestionado el rol de la Fuerzas Armadas, debido a la aplicación del Estado de catástrofe y los toques de queda que se mantienen hasta hoy.
Sin duda, estos cuestionamientos vienen agudizados por la crisis social y política que ya vivía Chile desde octubre de 2019 con las manifestaciones post estallido social, que además obligaron a establecer el plebiscito del próximo 25 de octubre, donde se decidirá si se escribirá o no una nueva constitución que reemplace a la de 1980, instaurada bajo dictadura.
De todo esto se refirió la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Periodismo, Faride Zeran, invitada al seminario "Pandemia y crisis del capitalismo", organizado por la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencia Humanas de la Universidad de Sao Paulo (USP). La periodista compartió el espacio con Pedro Mendes Loureiro, economista y profesor de estudios latinoamericanos de la Universidad de Cambridge, moderado por Ruy Braga, profesor de Sociología de la USP y vicecoordinador de Cenedic.
“Sin duda la reflexión y la mirada crítica pasa a ser un elemento central para una universidad pública como lo es la Universidad de Sao Paulo y la Universidad de Chile, en medio de la crisis que viven nuestros países”, comenzó diciendo la profesora Zeran, para luego desarrollar un análisis sobre la pandemia, que agudizó las problemáticas sociales, políticas y económicas ya develadas con el estallido social.
“La pandemia trajo no sólo miedo, muerte y miseria, también invocó nuevos términos acuñados a lo largo de estos meses. Cuarentena, confinamiento, teletrabajo, Ley de Protección el Empleo, nueva normalidad, entre otros. Pero en Chile cada término posee dos acepciones dependiendo de quién sea el destinatario. Y es que una cosa es la cuarentena o el confinamiento en sectores acomodados y otra es la cuarenta en pocos metros cuadrados, en hacinamiento, en cités con migrantes desprotegidos/discriminados/racializados. Lo mismo que pasa con la Ley de Protección al Empleo, que por un lado permite al empleador dejar de pagar los sueldos a sus trabajadores, pero por otro lo autoriza a repartir las utilidades entre sus accionistas”, relató la vicerrectora.
Durante su intervención, Zeran además hizo hincapié en el tema de la violación a los derechos humanos perpetrados por las fuerzas de orden durante las manifestaciones sociales tras el 18 de Octubre y que a muchos les hicieron recordar los días más duros vividos durante la dictadura militar. En ese sentido, la vicerrectora se refirió a la postura tomada por la Universidad de Chile a través de su Cátedra de Derechos Humanos, inmediatamente un día después del estallido y previendo lo que sucedería durante los meses posteriores, que incluyó informes de organismos internacionales quienes fueron testigos del saldo de víctimas que los perdigones disparados sin criterio por Carabineros.
“Conocimos una magnitud de la represión que era difícil imaginar. Una represión tan brutal que se ha caracterizado por un crimen de pocos precedentes: las graves mutilaciones oculares contra la población movilizada”, acotó Zeran, quien contextualizó que "durante años nos advirtieron las agrupaciones y organizaciones de derechos humanos que la impunidad para los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico militar posibilitó y allanó el camino para las graves, masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos ocurridas en nuestro país tras la revuelta social del 18 de octubre”.
La periodista también se refirió a las cadena de sucesos que decantaron en la revuelta, lo cual relacionó con la aceptación del modelo neoliberal de la centro izquierda que tomó el poder tras el plebiscito de 1988 que sacó a Pinochet del sillón presidencial pero no de la escena política de Chile. En ese sentido, Zerán hizo un recorrido por lo que fueron los años '90 en adelante con la muerte de varios de medios de comunicación independiente, el auge del consumismo y la introducción de las tarjetas de crédito, el rápido crecimiento económico que hizo a muchos hablar del país como el “jaguar de latinoamérica”, al mismo tiempo que discusiones de fondo y aún pendientes como el divorcio, el aborto, los pueblos originarios o la mismas violaciones a los derechos humanos eran “desplazados del debate público mientras la seguridad ciudadana, los índices económicos, el fútbol y el show de mal gusto se imponían en la vida cotidiana de los chilenos”, dijo Zerán.
La idea de un modelo capitalista que se afianzaba con fuerza no sólo en Chile sino en el resto del continente, tras las dictaduras que muchos países vivieron en los años '70-80, fue tomada también por Pedro Mendes Loureiro. “La pandemia profundiza una crisis economica y politica global que estaba ya en curso desde la crisis financiera de 2018, procesada del legado del neoliberalismo global y esa crisis es particularmente destructiva en América Latina, por el carácter extractivista del modelo económico que arrasa con los recursos naturales, pero también por la ausencia de un proyecto común en Latinoamérica, y la incapacidad de tener una respuesta propia a la crisis y a la pandemia, que en el fondo revela una historia de desigualdades”, explicó el académico, quien planteó además la necesidad de establecer un sistema económico, sustentable y autónomo para la región que respete la diversidad que cada país tiene en cuanto a sus recursos y a sus pueblos originarios.
Con respecto a la idea del modelo, la profesora Zerán contextualizó que "lo novedoso del caso chileno es que lo que irrumpe el 18 de octubre logra articular un conjunto de movimientos sociales que confluyen en un tema y que no había ocurrido antes con las manifestaciones de los estudiantes secundarios en 2006 o con los universitarios en 2011, pero sí se lo habían planteado curiosamente los movimientos feministas el 2018 y que se sintetiza es la crítica al modelo neoliberal, a la derecha pero también a una centro izquierda que lo siguió administrando después del '90. El modelo no había sido interpelado hasta ahora, y por eso va más allá de un movimiento identitario o de reivindicaciones puntuales”.
“Lo que se plantea en Chile no tiene que ver con la instalación de un gobierno socialista ni de una revolución ni mucho menos, es una crisis del modelo neoliberal que tiene como exigencia la instalación de un Estado de bienestar que asegure una vida digna, que le devuelva a la gente los derechos básicos elementales que le han sido despojados”, concluyó Faride Zeran.
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