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Columna de opinión:

8 de marzo y pandemia, cómo ha afectado la crisis a las mujeres

"La reproducción de las desigualdades de género se ha visto exacerbada, mostrando descarnadamente la violencia estructural que está enraizada en nuestro país", señalan en esta columna Andrea Álvarez, María Sol Anigstein, Francisca Crispi, Daniela Díaz, Tamara Duarte, Pamela Eguiguren, Alejandra Fuentes y Marisol Ruiz, integrantes y colaboradoras de la Mesa de Educación No Sexista, Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende de la Universidad de Chile.

Hace un año, millones de mujeres participamos en la marcha 8M más grande de la historia del país en el marco de la huelga feminista, un proceso donde se inició el llamado a pasar al frente, a visibilizar lo invisibilizado, a unirnos desde nuestra diversidad y a abrir un camino de lucha donde el feminismo irrumpe como una fuerza social transformadora y de oposición a la precarización de la vida. Durante esas primeras semanas de marzo se comenzó a hablar en la prensa mundial de la pandemia por covid-19, y ninguna imaginó la situación que atravesaríamos y que aún enfrentamos.

Según las cifras oficiales del Ministerio de Salud, la incidencia de casos confirmados y probables de COVID-19 en hombres y mujeres es similar, ¿significa esto que la pandemia afecta de forma similar a hombres y mujeres? ¿Cuáles son las formas en que la pandemia ha afectado a la población y a las mujeres en particular?

La vulneración de la salud de las mujeres se ha puesto de manifiesto. Al cerrarse las aulas escolares y verse las familias encerradas en los hogares, los estereotipos de género han quedado develados en toda su expresión, algo que la prensa -con tono sarcástico- llamó el hombre 0, para referirse a quienes realizaban 0 horas de trabajo doméstico y de cuidados. Las mujeres somos quienes mayoritariamente hemos puesto en nuestras espaldas los trabajos reproductivos (cuidado, trabajo doméstico), siendo por ello las principales perjudicadas de la crisis que la pandemia ha desencadenado, pagando un gran costo con nuestra propia salud. Durante el 2020 hemos visto un aumento de los llamados telefónicos de mujeres que buscan ayuda por violencia de género, mostrando que ni siquiera los propios hogares son un lugar seguro para las mujeres.

En la esfera de los derechos sexuales y reproductivos, particularmente en el acceso a la anticoncepción, desde marzo de 2020 se generó una disminución del stock de anticonceptivos, obligando a muchas mujeres a suspender su uso. Posterior a esto, se produjeron fallas en al menos 4 lotes de anticonceptivos que condujeron a 120 embarazos no deseados. Hasta la fecha, las autoridades no se han pronunciado por ninguna de estas situaciones y las mujeres no han recibido ningún tipo de compensación, pese a que estas fallas son fruto de una respuesta ineficaz de la política pública y afectan directamente la salud, calidad de vida y futuro, lo que atenta flagrantemente a los derechos de las mujeres.

La reproducción de las desigualdades de género se ha visto exacerbada, mostrando descarnadamente la violencia estructural que está enraizada en nuestro país, y que se debe a un gran retroceso de políticas estatales. La crisis de los cuidados se ha hecho más patente debido a la ausencia estatal, somos las mujeres las que asumimos esa carga que para el espacio público sigue siendo invisible.

Hace un año, pudimos salir a las calles y generar un momento histórico. Este 2021 llenar las calles es más riesgoso, sin embargo, la pandemia que vivimos las mujeres día a día, la vulneración de derechos, sigue presente. Es necesario que la violencia de género sea considerada como un problema de Salud Pública prioritario para el Estado frente al cual se responda integralmente y que se generen políticas públicas destinadas a disminuir las brechas de género existentes.

Desde el espacio que nos auna decimos que las dificultades para reunirnos no callarán las voces del feminismo ni la búsqueda de una nueva constitución con perspectiva feminista, de una educación con enfoque de género y no sexista en todos los niveles y de un Sistema de Salud que respete y avance en equidad y en garantizar los derechos sexuales y reproductivos para todes y todas.

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