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Facultad de Ciencias Sociales

Abandono escolar en Pandemia: especialistas analizan si estamos ante un proceso de deserción y sus consecuencias

Casi 40 mil estudiantes no se matricularon en ningún establecimiento educacional este año, según informó el Mineduc, una cifra que preocupa y despierta el análisis de expertos(as) sobre las consecuencias reales en la educación de niños, niñas y jóvenes. Para académicos de los departamentos de Educación y Psicología, sin un seguimiento o saber si el(la) estudiante voluntariamente dejó la escuela, es apresurado hablar de deserción e implica una discusión mayor respecto del concepto en la situación actual, porque podría tratarse más bien de un abandono transitorio. Sin embargo, explican que pueden haber varias razones y factores que hacen que un(a) estudiante deje la escuela, desde sociales, emocionales, hasta económicas o de conectividad. Más que la pérdida de contenidos, la no presencialidad y el abandono, afecta las relaciones humanas y los procesos de aprendizaje.

Tanto docentes como estudiantes e incluso madres y padres han debido adaptarse drásticamente al formato de las clases online al interior de la casa.

Tanto docentes como estudiantes e incluso madres y padres han debido adaptarse drásticamente al formato de las clases online al interior de la casa.

El Mineduc dio cifras de deserción escolar 2021, señalando que hasta el año pasado en Chile existían más de 186 mil niños(as) y jóvenes de entre 5 y 21 años que abandonaron el sistema escolar.

El Mineduc dio cifras de deserción escolar 2021, señalando que hasta el año pasado en Chile existían más de 186 mil niños(as) y jóvenes de entre 5 y 21 años que abandonaron el sistema escolar.

Mientras que las cifras entregadas el pasado 05 de Abril reflejan que otros casi 40 mil niños y niñas no se matricularon en ningún establecimiento este año.

Mientras que las cifras entregadas el pasado 05 de Abril reflejan que otros casi 40 mil niños y niñas no se matricularon en ningún establecimiento este año.

Salas de clase y establecimientos educacionales vacíos, pero las clases no se han suspendido, el soporte es el que ha cambiado. Tanto docentes como estudiantes e incluso madres y padres han debido adaptarse drásticamente al formato de las clases online al interior de la casa. No obstante, hay estudiantes que no han continuado estudiando ni asistiendo virtualmente a las clases.

Hace algunas semanas, el Mineduc dio a conocer detalles de cifras de deserción escolar 2021, señalando que hasta el año pasado en Chile existían más de 186 mil niños(as) y jóvenes de entre 5 y 21 años que abandonaron el sistema escolar. Mientras que las cifras entregadas el pasado 05 de Abril reflejan que otros casi 40 mil (39.498 para ser exactos) niños y niñas no se matricularon en ningún establecimiento este año.

De estos 40 mil niños, un 53% (21.260) de ellos son hombres y un 46,17% (18.238) mujeres. En tanto, el nivel educativo con mayor índice de abandono escolar es 1° medio (7.048). Pese a que la cifra es menor a las peores proyecciones efectuadas por el ministerio el año pasado -en Junio 2020 proyectaban que más de 80 mil nuevos niños y jóvenes podrían desertar- para el Ministerio la deserción sigue causando preocupación y “hoy el desafío que tenemos es cómo somos capaces de reincorporar a esos 40 mil niños, niñas y jóvenes, y también de retener a quiénes por diversas razones puedan dejar el sistema en este año 2021”, dijo en aquella oportunidad el ministro de Educación, Rodrigo Figueroa.

En estos casos y considerando la crisis sociosanitaria que ha traído consigo la Pandemia, ¿es posible hablar de deserción escolar? Para académicos de la Facultad de Cs. Sociales, se requiere discutir y precisar primero el concepto de deserción escolar, pues para ello hay que considerar -entre otras cosas- la decisión del estudiante al momento de la deserción.

Christian Miranda, académico del Depto. de Educación, recuerda que en 2019 el Mineduc definió al desertor escolar como un estudiante que, en un determinado periodo académico, formando parte de un establecimiento educativo, deja de asistir sin obtener una credencial mínima, y no se matricula en otro establecimiento. Por tanto, se habla más bien de retiro escolar pues no se alude a la voluntariedad del estudiante, aspecto clave en la idea de deserción, de acuerdo al investigador. En suma, sin elementos como esos, parece “contraproducente abordar como desafío acotar las brechas de retiro escolar si no se precisan y definen tales criterios”, arguye.

Para la académica del Depto. de Psicología, Jenny Assael, es muy apresurado también utilizar el término en este contexto, pues hay que hacer un seguimiento más exhaustivo para determinar si es deserción definitiva o abandono. “Yo creo que en medio de la Pandemia no se puede decir si es deserción o, más bien, abandono transitorio”, añade.

¿Por qué un(a) estudiante dejaría la escuela?

En caso de que efectivamente un(a) estudiante opte por dejar la escuela, existen diversos y complejos factores que pueden incidir en su decisión, algunos más objetivos y estructurales y otros más motivacionales o emocionales. Jenny Assael describe que el contexto de Pandemia ha despertado también problemas técnicos en la conexión y acceso a Internet, por lo que ciertos estudiantes no han podido participar de las clases online o no en todas las sesiones programadas.

En uno de los cursos que ella imparte en Pregrado sobre Etnografía a estudiantes de Psicología, estudiantes realizaron breves investigaciones en cuatro establecimientos -entre ellos destacaron una escuela rural en la VI Región, una escuela privada pequeña y una escuela municipal, ambas de la Región Metropolitana-, donde entrevistaron a sus estudiantes, evidenciando que muchos de ellos no accedían a las clases. Casos como aquellos, se aprecia cómo “más que desertar fueron abandonados por el sistema”, comenta Jenny.

Por otro lado, participar de cursos online, resulta muy complicado para los(as) estudiantes por la falta de contacto con sus compañeros(as), sumado a otras dificultades y distracciones que puedan surgir al interior del hogar, por eso, muchos de ellos no les encuentran sentido. La realidad en cada colegio es muy distinta al igual que la metodología de enseñanza y organización empleada, así por ejemplo relata Jenny Assael, algunos establecimientos realizan clases vía Zoom durante toda la mañana, manteniendo la lógica de las clases presenciales con recreos de apenas10 minutos. “Entonces, no hay condiciones ni un contexto para que los estudiantes se motiven y concentren”, explica.

Aclara que tampoco es responsabilidad exclusiva de los y las docentes pues, incluidos(as) los(as) profesores(as) de universidades, se han visto demandados por hacer mayores esfuerzos en buscar otras formas de abordar una situación que era inesperada, de manera interactiva, entretenida y atractiva para los(as) jóvenes.

Actualmente, hay un conjunto de tensiones que, a juicio del profesor Miranda, hacen que el problema del retiro o abandono escolar de niños(as) no sea prioritario o visible. Una de ellas es la exigencia a instituciones y docentes en ejercicio sobre la actualización de sus propuestas de contenido, priorizando el currículo con aprendizajes definidos como basales, esenciales e integrales, los cuales concentran las preocupaciones sobre el qué enseñar.

Para las y los docentes, se ha ampliado y diversificado el quehacer pedagógico al incluir en la actualización el aprendizaje emocional de estudiantes, debido al contexto de emergencia sanitaria y sus consecuencias en tal ámbito, preparándoles para brindar soporte en situaciones delicadas como la angustia, ansiedad, inseguridad y dolor por la muerte de un ser querido, entre otras. Y también, los(as) docentes deben “asumir la incertidumbre que se ha generado en el marco del Plan Vuelta a Clases y directrices de evaluación flexible, como políticas sectoriales que han generado desconcierto en las comunidades educativas de base”, detalla Miranda.

¿Cómo prevenir el abandono escolar?

Hay al menos dos maneras de ver el problema de la deserción, según el profesor Miranda. La primera es conceptualizando el entorno social y núcleos familiares de origen del estudiantado, como factores de conflicto que pueden amenazar su continuidad educativa; junto con ello, están los intentos de las instituciones educativas en cumplir sus compromisos formativos y, de paso, el logro de las metas del sistema educacional.

Otra, a la cual él suscribe, observa la deserción como un problema que afecta la participación estudiantil en la vida escolar y el desarrollo ciudadano, como un instrumento de cambio social.

Para prevenir el abandono más aún en Pandemia, es clave la comunicación de riesgo que significa la deserción en el plano de la integración social que promueve la presencia educativa. El mensaje debe ser claro y propositivo, realizando por ejemplo una invitación a estudiantes, familias y comunidades escolares a ser partícipes en los procesos de discusión referidos a la organización interna y a aquellos que corresponden a la definición de las prioridades pedagógicas en el marco de la emergencia sanitaria, siendo una de ellas minimizar el ausentismo, retiro o deserción escolar.

Jenny, por su parte, recuerda y enfatiza que generalmente son los sectores más vulnerables o populares los más afectados y quienes más desertan, mientras que los estudiantes que viven y provienen del barrio alto desertan mucho menos, ya que cuentan con condiciones muy distintas de acceso y a servicios digitales de calidad; las posibilidades de educarse son diametralmente opuestas.

Al respecto, para abordar el problema de la deserción escolar, es urgente generar “políticas públicas integrales no aislacionistas como las actuales (focalizadas), pues nos debemos ocupar de las condiciones estructurales, como la desigualdad social por ejemplo, del sistema y no solo reaccionar ante el caso particular”, propone.

Cuándo se retorne a la presencialidad, ¿qué repercusiones habrá en los procesos educativos?

Desde el sentido común y la experiencia investigativa comparada, Christian Miranda asevera que no hay sustituto a la presencialidad escolar, tanto para mitigar la deserción escolar como para generar las condiciones para un ambiente propicio para el aprendizaje. Pese a ello, “desde corrientes socioconstructivistas radicales se sostiene que la mediación de un adulto en el proceso formativo de niños y niñas se puede llevar a cabo en escuelas o en el hogar. Por ejemplo, el homeschooling es un movimiento que durante décadas ha desarrollado procesos educativos en el hogar. Es una alternativa que hay que valorar y estudiar con más profundidad en caso que la emergencia se proyecte por más tiempo. No es lo deseado, pero en las circunstancias actuales nada es descartable”, comenta.

En el caso de los profesores, Miranda detallada que solo 3 de cada 10 docentes indica que ha recibido suficiente formación y/o apoyo para el uso de herramientas tecnológicas (TIC) durante la Pandemia y 6 de cada 10 indica contar con herramientas institucionales para comunicarse con sus estudiantes vía sala de clase virtual, correo institucional, página web, etc., esto según datos de la Fundación Chile y Circular HR, 2020.

Como se ha evidenciado durante las catástrofes naturales, crisis sociales y emergencias sanitarias como la actual, la discontinuidad de clases presenciales afecta de modo particular a escuelas, estudiantes y profesores de las comunidades más vulnerables de la sociedad. Estudiantes y profesorado han sufrido las consecuencias socioeducativas durante estos procesos de alta intensidad social. Por tanto, se han visto obligados(as) a dejar las escuelas por un largo periodo, con un impacto regresivo en la calidad y equidad de su educación escolar.

Al igual que en el caso de la emergencia sanitaria, “sería deseable que la toma de decisiones en materia educativa relativas a la deserción escolar tenga como base evidencia científica robusta y no circunstancial. Esto para que ayude a la búsqueda de soluciones estructurales a uno de los problemas más urgentes en la actualidad dado su fuerte impacto en la población más pobre del país”, afirma Miranda.

También se proyecta por parte de especialistas en Educación, la necesidad de analizar el papel cultural del entorno y su incidencia en el fracaso escolar. En especial, analizar el rol de las familias y el alumnado desde una perspectiva testimonial y personal, para saber cómo ha afectado sus vidas la Pandemia.

Procesos de aprendizaje más que pasar contenidos

Es indiscutible que la no presencialidad de las clases afecta tanto a estudiantes como a profesores, quienes se encuentran viviendo problemas de hacinamiento, salud mental, económicos y de comunicación, entre otros. En este contexto, es imposible que no haya una merma pedagógica a futuro y, quizás más complejo aún, habrá que reponer condiciones y relaciones humanas mínimas.

Cuando se retorne a la presencialidad, la académica de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales, indica que uno de los desafíos pendientes y perentorios en materia educativa es eliminar el Simce, mecanismo de evaluación que obliga a pasar contenidos.

Más que pasar contenidos, “es necesario favorecer procesos de aprendizaje para aprender con mayor autonomía, pues el tema de los contenidos se puede solucionar. Es fundamental desarrollar aprendizajes que no sean memorísticos ni repetitivos o mecánicos, sino más bien que sean significativos, contextualizados y entre pares para los(as) estudiantes, desde los primeros niveles o cursos educativos. Eso es mucho más importante que pasar tanta materia”, concluye.

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