Publicada en El Mercurio

Columna de opinión: "Capacidades en tecnologías limpias para Chile"

A mediados de este año la adjudicación del Instituto de Tecnologías Limpias (ITL), la más importante inversión en innovación aplicada que el Estado de Chile ha proyectado llevar a cabo en su historia, sufrió un duro revés. La Corte Suprema acogió un recurso de protección constitucional, presentado por los rectores de las universidades, e instruyó a Corfo retrotraer el proceso licitatorio y adoptar medidas para subsanar las irregularidades que hubo en la adjudicación realizada en enero de 2021.

Dicha adjudicación, que contempla la entrega de US$ 193 millones en un plazo de 10 años, se encuentra todavía pendiente. La necesidad de adjudicar cuanto antes este importante proyecto refiere especialmente a la urgencia de impulsar procesos de I+D+i (investigación, desarrollo, innovación) del más alto nivel en el país que impactarán decididamente en su desarrollo.

El consorcio que integran nuestras universidades, representado por la Corporación Alta Ley, denominado Asociación para el Desarrollo de Tecnologías Limpias (ASDIT), está conformado por 11 de las universidades nacionales, ocho centros internacionales de I + D, centros de pilotaje minero, y empresas líderes en el ámbito minero y energético, las que han trabajado incesantemente durante estos años en distintos proyectos orientados a levantar el ITL en la Región de Antofagasta y fue el que tuvo el mayor puntaje en la calificación internacional. 

Aprovechando las condiciones únicas de la Región de Antofagasta, se crea una nueva industria sustentable que transformará la estructura productiva y la calidad de vida del norte de Chile y del país, y lo posicionará como proveedor de clase mundial de minerales sostenibles para los urgentes desafíos que presenta el cambio climático para la humanidad. La meta de ASDIT es lograr articular proyectos de innovación que permitan que nuestros minerales reduzcan a la mitad su huella de carbono a 2030 y que seamos capaces de producir hidrógeno verde a un costo menor a 1,5 USD por kilo antes de ese período en la región de Antofagasta, convirtiendo a nuestro país en un referente mundial en esta materia. 

Entre los muchos beneficios de la instalación de un Instituto de Tecnologías Limpias en el norte de Chile, se destaca la integración, participación y compromiso de diversos actores esenciales del sector de la energía, el agua, la minería, con participación de la academia, centros tecnológicos, centros de pilotaje, empresas industriales y de servicios, proveedores regionales y nacionales, del mundo de la innovación y de actores públicos, para trabajar conjuntamente en el desarrollo de estas industrias.

Junto con ofrecer la generación de un recurso humano avanzado para la región y el país, y de constituir un modelo de desarrollo ambientalmente sostenible, que redunde en empleos de calidad y mejoramiento de la calidad de vida para la región de Antofagasta, nuestra propuesta contempla la formación en nuevas áreas del conocimiento y desarrollo industrial en los cinco ámbitos de negocio de alto valor que considera el ITL: hidrógeno verde, minería sustentable, energía solar y concentración solar de potencia, agua y disponibilidad hídrica, litio y nuevos materiales. 

Nunca antes hubo en Chile una oportunidad de aprovechar la sinergia y complementariedad de estos actores en pos de una transformación estructural del modelo de desarrollo de la región. La magnitud de este instituto es un asunto estratégico de la primera importancia, porque representa la decisión del país de avanzar hacia una posición de liderazgo internacional en tecnologías limpias, dotándolo de capacidades que le permitan tener un rol relevante en el concierto mundial en materias de tecnologías limpias.

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