Olga Grau, coordinadora del Programa de Filosofía para Niños de la Facultad de Filosofía y Humanidades, reconoce que su manera de abordar este tema "es poco tradicional, en el sentido de que estoy trabajando en una línea que ha costado mucho que sea validada en mi propio medio". Lleva más de 20 años dedicada a la filosofía para niños, cuestión que no deja de impactarla, por "cómo uno persiste durante décadas en algo".
Ese tema y el de los estudios de género -también es directora del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina de la Facultad de Filosofía- son los que aborda en el libro "Mujer Generación Siglo XXI 2006, Vocación por la Universidad y el País", que se lanza este viernes 30 de marzo en nuestra Casa de Estudios y que reúne artículos escritos por 20 mujeres de la Universidad de Chile provenientes de ámbitos tan distintos como el académico, estudiantil y funcionario.
La filosofía para niños, cuenta Olga Grau, la trajo a Chile "una monja misionera, Ana María Hartman, después de haber estado en Guatemala. Su interés era llevarlo a lugares donde hubiera regímenes dictatoriales o autoritarios. Porque filosofía para niños es absolutamente lo opuesto a cualquier concepción autoritaria de la relación entre pares, entre adultos y niños, y entre adultos y adolescentes. Es un proyecto que apuesta por una democracia real, y las interacciones son muy notables en ese sentido. Por eso soy una apasionada en este tema, porque se dispone a la gente a ser muy paritaria en lo que es el proceso de reflexión, en lo que significa dialogar, en lo que significa quedarse en silencio para que otra persona tenga oportunidad de hablar, o cómo lo que dijo me deja en silencio porque me hace pensar otras cosas que a mí no se me habían ocurrido".
-¿Qué quería probar ella?
-Ella llegó, no a Santiago, sino a Penco. También trabajó en Concepción. Lo que quería probar es cómo los chicos y las chicas de sectores populares, privados, tenían capacidades pensantes tan significativas como cualquier otra persona que haya tenido más posibilidades. Ella dice haberlo probado.
La académica reconoce que, en un principio, tuvo ciertas dudas sobre este enfoque, "sospechas, por todos los prejuicios. Porque era un programa hecho por un filósofo norteamericano, Matthew Lipman (Universidad de Montclair, Nueva Jersey, Estados Unidos)". Aunque las suspicacias se superaron rápidamente y Lipman se transformó en su guía. "Es una persona muy racional, obviamente, pero que también le daba un espacio muy importante a la tolerancia. Me sentí completamente acogida. Porque en filosofía la presencia masculina es muy fuerte y uno vivió también aspectos de discriminación, aunque no hayan sido violentos y evidentes", dice.
-Algo parecido debe existir con la filosofía en términos de ideologías y religiones.
-Me tocó hacer un taller en un colegio religioso. Yo no tenía experiencia en ese tipo de establecimientos, me había formado en un mundo totalmente laico, y tenía que hacer unos acomodos para todo eso. Estaban también unas monjitas en el taller, junto a las profesoras, que eran católicas. De distintas edades, pero todas con un compromiso con la misión, que ahí la palabra sí toma sentido. Una monjita en un momento queda para atrás con todas las preguntas. Porque eso es el programa. Lo que uno enseña a los profesores es a hacer buenas preguntas, no a tener las respuestas ni los mensajes. Es una alteración en los sentidos habituales.
-Para aprender a pensar.
-Claro, entonces estaba haciendo unas preguntas y la monjita iba recogiéndose y en un momento preguntó si este programa no ponía en duda la fe. Estaba viendo que con las preguntas estábamos llegando muy lejos. ¿Cómo contestar eso? Yo le decía que era importante también que este proceso de reflexión pudiera llevar a alguien que está en la fe a fortalecerla, y ahí se quedó tranquilas y seguimos con el programa.
-Salvo hechos muy puntuales, la filosofía para niños nunca ha sido un tema muy visible.
-Lipman ideó novelas filosóficas que dan cuenta de situaciones de la cotidianidad de niños y niñas, en sus relaciones familiares, en sus relaciones de escuela, en sus relaciones de amistad. Nosotras -y digo nosotras, porque fue principalmente con mujeres estudiantes- hicimos una lectura filosófica de "Papelucho". Las mismas estudiantes, en varios seminarios que hicimos juntas, hicieron unas pautas de preguntas para trabajar con Papelucho y lo llamaron "Papelucho Filósofo". Es un material precioso, que está ahí, que no se ha publicado.
-¿Y se pretende publicar este "Papelucho Filósofo"?
-Hay que conseguir fuentes de financiamiento. Además, teníamos que tener una cierta, no autorización, pero algo parecido, de la Fundación Marcela Paz, donde son muy celosos con sus cosas. Hicimos una carta a la Fundación y nunca recibimos respuesta.
-¿Pero ese material está escrito?
-Está hecho, y se probó en Tenaún, en Chiloé. Les pedí a las estudiantes que hicieran un Fondo Azul, lo ganaron, fueron a la isla por un mes, hicieron las pruebas, y hay un video, un trabajo muy bonito. Incluso hicimos un estudio comparativo, porque yo me quedé con esa idea de Ana María Hartman, de que el programa había funcionado perfectamente en colegios pobres. Yo les propuse en un seminario a un grupo de estudiantes que hiciéramos un estudio comparativo, entre aplicarlo en el Manuel de Salas y aplicarlo en un colegio de La Pintana.
-¿Qué pasó con los niños en Chiloé, con "Papelucho Filósofo"?
-Por ejemplo, se habló sobre la muerte (con niños de 5 a 12 años), y se hizo un trabajo colectivo, que fue una experiencia nueva también. Es bien emocionante el video, porque trabajaron con la idea de la máscara, y se hicieron algunas muy bonitas. Trabajaron también con la cultura local, el curanto, los chapaleles, las masas, los hornos, la cultura de la minga. Todo eso también entraba a ser reflexionado: qué significaba trasladar el lugar donde se habita, y hacerlo colectivamente.
-¿Y qué pasó con el estudio comparativo entre los chicos del Manuel de Salas y los de La Pintana?
-En el Manuel de Salas se hizo un estudio con una novela de Lipman. Mientras ahí, con padres profesionales, funcionaba de una manera, en la Pintana, había una privación tremenda, donde algunos chicos de IV básico todavía no estaban alfabetizados, no sabían leer. Allí se abandonó en un momento la novela y se empezó a trabajar con otro tipo de actividades, fundamentalmente con la autoestima de esos niños y niñas, que vivían en una violencia muy grande, no sólo familiar, sino también institucional. Porque la hay en los colegios, y es tremenda. Y yo diría que en todos los colegios, no se salva ni uno. Que va desde el sarcasmo, que es habitual, hasta los golpes. Les pedí a las estudiantes que observaran los resquicios del poder, por una parte, pero también el ejercicio del poder. Hay mucha violencia institucional.
-¿Está la violencia vertical y la horizontal?
-Claro, pero la institución prefiere hablar de la horizontal, y no de la institucional. No la mencionan. Una de las cosas que se aprende en la escuela son los rasgos de nuestra sociedad, que es autoritaria y violenta. El programa de filosofía para niños desmonta eso, porque crea relaciones paritarias para la reflexión y para el diálogo, y todos lo sienten. Y eso es lo bonito.
-Con todo lo importante que puede llegar a ser la filosofía para aprender a pensar y establecer relaciones diferentes, su enseñanza parece ir en caída libre. No es ramo obligatorio, por ejemplo.
-Hay muchos colegios donde esto se hace, pero son particulares, porque pueden acomodar incluso el calendario para que se divida el curso. Porque para que esto rinda mayores frutos tiene que ser en grupos más chicos. Lo logramos en La Pintana. Yo fui a hablar con el alcalde, con el Director de Educación, para que se hiciera así.
-¿La enseñanza de la filosofía debería empezar cuándo?
-Desde el jardín. La capacidad pensante de los chicos de cuatro y cinco años es impresionante. Ahí te empiezas a dar cuenta de la riqueza, de que ellos están mejor que nosotros, están mirándolo todo de nuevo. Eso es lo que uno tiene que lograr en filosofía, que la mirada sea nueva, y por eso tú te haces niño o niña también. No es que puedas retroceder e infantilizarte, pero la mirada se hace como la mirada de la infancia.
Actualmente hay varios establecimientos educacionales privados que están trabajando el tema de la filosofía para niños.