U. de San Felipe y U. de Chile

Señor Director:

Hace dos siglos y medio hoy, el nueve de enero de 1758, se dictó la primera lección de derecho en la Real Universidad de San Felipe. Es el comienzo de la educación profesional chilena. En dicha corporación, por vez primera, se pudo estudiar derecho, medicina y matemáticas ("ingeniería", diríamos hoy). Estas "profesiones" fueron denominadas "liberales" porque quienes las ejercían estaban libres de la obligación de tomar las órdenes. Hasta 1810, la San Felipe tuvo casi dos mil alumnos y graduó casi 300 doctores, varios de ellos provenientes de regiones que hoy son parte de Argentina, Bolivia y Perú.

Cuando el Ejército de los Andes recuperó el control de la capital en 1817, la corporación suprimió el adjetivo de su nombre. Más tarde, tomó un "apellido materno", denominándose, ya en 1835, "Universidad de San Felipe de la República de Chile". En 1839, el Presidente Joaquín Prieto Vial cortó por lo sano y abrevió el nombre a "Universidad de Chile".

Entre los múltiples y visionarios logros de su sucesor, Manuel Bulnes Prieto, estuvo asignar los fondos del Estado que permitieron "la instalación" de la Universidad de Chile en 1843, además de nombrar al venezolano Andrés Bello como rector.

Cuando Chile se acerca al bicentenario es saludable reconocer la continuidad entre su primera universidad profesional y la Universidad de Chile. San Felipe educó casi la totalidad de la elite chilena que lideró la Revolución de 1810, aquella que culminó con el primer gobierno de Chile que encabezó un criollo, el santiaguino Conde de la Conquista. Todos los doctores y catedráticos, así como todos los alumnos, libros y edificios de San Felipe terminaron perteneciendo a la Universidad de Chile. Su último rector fue también el primero que firmó documentos como rector de la Chile y, más tarde, segundo decano de su Facultad de Leyes y Ciencias Políticas. Luego de la muerte de Bello, estos hechos fueron olvidados gracias a un paciente trabajo ideológico, a la vez callado y vociferante, de múltiples autores anticatólicos y antihispánicos.

¿Acaso diríamos que cuando Lucila Godoy pasó a llamarse "Gabriela Mistral", una persona nueva comenzó a existir y otra dejó de hacerlo? Bello, siempre tan esmerado en el uso de la lengua como riguroso en los asuntos históricos, sostuvo en su discurso con motivo de la instalación de la Universidad (nótese, él no habla de fundación), que la ley "ha establecido la antigua universidad sobre nuevas bases, acomodadas al estado presente de la civilización y las necesidades de Chile". ¿Por qué cumple hoy la educación profesional chilena dos siglos y medio casi sin festejos? Porque la Chile es una señora coqueta: la única universidad del mundo que prefiere quitarse edad.

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