E. Matthey y la Iniciativa Bicentenario: "Un gesto extraordinario del Estado"

Iniciativa Bicentenario: "Un gesto extraordinario del Estado"
Enrique Matthey sostiene que "la Iniciativa Bicentenario es un gesto de la Presidenta de la República que es extraordinario, un gesto del Estado de Chile".
Enrique Matthey sostiene que "la Iniciativa Bicentenario es un gesto de la Presidenta de la República que es extraordinario, un gesto del Estado de Chile".

"¿Se ha tomado conciencia de que esta es una oportunidad extraordinaria, y acaso la única, para revertir una situación de crisis en la que vivimos desde hace más de 35 años?". Esta es una de las interrogantes que plantea el académico Enrique Matthey a su comunidad de la Facultad de Artes, quien expresó el deber moral que lo embargaba por despertar al interior del Consejo de su Unidad, como también entre el resto de los pares, la conciencia de estar viviendo una oportunidad extraordinaria para revertir la situación de crisis  que aqueja a su Facultad.

-¿Qué lo motivó a leer estas preguntas ante el Consejo?

-Leí estos puntos porque creo que la Facultad de Artes no está en condiciones de rechazar el proyecto. Creo que la Iniciativa Bicentenario es un gesto de la Presidenta de la República que es extraordinario, un gesto del Estado de Chile, una oportunidad que se da por primera vez en 35 años. Yo ingresé a la Facultad de Bellas Artes antes del golpe militar del 11 de septiembre del año 73, y conocí a una Facultad muy potente, donde lo que pasaba en ella era lo que pasaba en Chile con las artes visuales; al igual que con la Facultad de Ciencias Musicales y Artes de la Representación, con la música, el teatro y la danza. Luego vino el golpe y de ahí hasta ahora fui siendo testigo de cómo la Facultad se fue jibarizando de manera progresiva.

Para Matthey, la situación actual es crítica. Según su opinión, la Facultad de Artes agoniza desde 1973, y ante esta situación, el Proyecto Bicentenario sería el suero capaz de revertir este estado: "En lo que leí en el Consejo hablo de la agonía de la Facultad, pero creo más bien que estamos en estado vegetal, a punto de morir, y creo que con este proyecto lo que se nos está ofreciendo es el suero para recuperarnos".

-¿Según su opinión, ¿por qué la situación de crisis que atraviesa la Facultad de Artes se revertiría con la concreción del Proyecto Bicentenario?

-Se revertiría porque este es un proyecto esencialmente académico y un porcentaje interesante de ese fondo estaría destinado para que académicos se vayan a perfeccionar al extranjero. Por otra parte, es importante tener en cuenta que los tiempos han cambiado y que una Facultad de Artes unida potenciaría de manera determinante a todas las disciplinas, más aún si éstas entran en contacto con otras áreas del conocimiento, como son las que se cultivan en las otras Facultades del Campus Gómez Millas. Hoy, los límites entre las disciplinas cada vez son más flexibles y cada vez es más frecuente encontrarse con producciones artísticas multidisciplinares. Entonces, se potenciaría mucho a la Universidad si uno cuenta con estudiantes y profesores de todas las menciones que constituyan juntos un equipo de trabajo. Todo eso potenciaría de una manera increíble el desarrollo de los estudiantes.

-Si este proyecto se presenta como algo tan positivo, ¿por qué cree usted que aún hay oposición al interior de la Facultad de Artes?

-Mi percepción es que existe terror al cambio y una gran inseguridad en el ámbito académico, lo que deriva en que todos prefieran seguir como estamos y no provocar un cambio de cultura.

-¿En qué se funda ese miedo?

-En la idea de que pueden perder el trabajo, pero el proyecto no está pensado en esos términos porque este es un proyecto a largo plazo. Se considera establecer un sistema de desvinculación que sea beneficioso para los académicos y funcionarios que voluntariamente, si lo desean, se acojan a él. La idea es que se ocasione el menor daño posible a las personas, sin dejar de lado el bien común y la misión de la Facultad, el futuro de ésta y de las artes en el país, porque no hay que olvidar que este es un proyecto país.

Precisamente, en uno de los puntos que tocó el académico relativos a la situación a nivel de país, declaraba: "¿Se ha tomado conciencia de que al marginarnos de este proyecto no sólo ponemos en peligro a la Facultad y a la Universidad de Chile, sino que a la educación pública del país?"

Con respecto a los fundamentos de la oposición a esta iniciativa, Matthey afirma: "yo creo que es por mala información porque por diversos motivos las personas no se han informado debidamente. Esas preguntas que yo hago, creo que no se las han hecho realmente". Uno de los puntos que mayores dudas ha generado esta iniciativa es el tema del endeudamiento que contraería la Universidad a la manera de una contraparte económica que se saldaría en 15 años plazo. Para el académico, hay que ser cuidadosos con los términos, pues "si la Facultad de Artes acepta la contraparte, que significa una inversión a 15 años plazo sin que eso afecte en nada a su funcionamiento, lo que está haciendo es participar en el proyecto y no comprometerse con el proyecto".

Al hacer la diferenciación entre participar y comprometerse, Matthey está depurando las connotaciones negativas de un término para transformarlas en algo positivo en el otro, en una participación activa en beneficio de la Facultad misma. "El Decano Oyarzún ha sido extremadamente transparente y claro, pero a pesar de eso, no se ve esa claridad. Yo creo que todo esto no es para realizar 'jornadas de reflexión', porque si uno se está muriendo y te dicen 'aquí tienes el remedio', ¿qué hace uno? Lo toma. El Proyecto está abierto para que sea la misma Facultad la que determine como quiere ser como Facultad".

-¿Cuál cree usted que sería una vía factible para convencer a quienes aún no aprueban el proyecto?

-Yo creo que hay que conversar mucho, restablecer las confianzas y lograr que se den cuenta de que esto es por el bien de todos y no por el mal de todos. Que se den cuenta de que vamos a estar mejor que antes y no como estamos ahora, que estamos en condiciones precarias.

-¿Usted cree que el rol de la Universidad de Chile ha ido decayendo con los años a nivel país?

-Yo creo que el Estado, al restarle los fondos que antes le entregaba, ha impedido que la Universidad de Chile se pueda desarrollar en plenitud, lo que ha derivado en la autogestión y con ello en una progresiva privatización. Eso impide que exista investigación como corresponde, y muchas veces la investigación que se genera está supeditada a los intereses del mercado, entonces la investigación dura, que realmente hace universidad, es muy complicado que se haga. Es por esto que creo que el gesto que está dando el Estado es un gesto extraordinario, y creo que hay que aprovecharlo porque es una oportunidad única, no va a haber otra. Es una firma de sentencia. Si decimos que no, es como decir que renunciamos a toda posibilidad de salir de este estado en el cual nos encontramos. Es no querer ver una alternativa única que se está dando, que implica un desafío en el cual todos tenemos que trabajar.

En directa concordancia con su actitud crítica, Matthey pone ante la mesa el tema de las decisiones basadas en la reflexión y en la reacción. Según afirma, "la Facultad de Artes es reactiva, no reflexiva. Cuando se habló de que esto se podía realizar, nadie lo creyó. Pero cuando la Presidenta anunció que aportaría los fondos, todos reaccionaron, a pesar de que este es un proyecto de larga data. Recuérdese que el Rector, cuando postuló como candidato, dijo que lo que más le interesaba era revitalizar estas áreas. Por eso el decano dijo en una oportunidad que esta es una oportunidad para abrir la ventana y permitir que entre aire fresco".

Para Matthey, llegar a un acuerdo común y construir una renovada Facultad sobre la base de su integración "es complicado, pero creo que hay mucha gente que tiene voluntad, y que si uno conversa con mucha paciencia, se pueden conseguir una causa común".