Arturo Sáez, quien estudió en la Universidad de Chile, presentó algunas claves de la evolución morfológica de las muestras halladas en ese lugar cercano a Curicó en 2005, y discutió con los asistentes su propuesta de darle un enfoque más social a la bioarqueología.
"El análisis de los esqueletos que se hizo -que en su gran mayoría estaba en buena condición de preservación- reflejó que había tres grupos: el 1, de 9 mil años antes de nuestra era; el 2, de cerca de 5 mil años antes de nuestra era y el 3, de 900 años después de nuestra era. Me llamó la atención que en un área de solo 200 metros cuadrados hubiera ocupaciones tan distantes en el tiempo y me pregunté acerca de la historia evolutiva de esas poblaciones y de sus disimetrías sociales", comentó.
Morfología
Para enfrentar la historia evolutiva, Sáez realizó estudios de morfometría lineal, morfometría geométrica y de rasgos no métricos, comparando las muestras óseas con muestras de poblaciones mundiales modernas y pre modernas.
"Encontramos una dicotomía morfológica en los grupos 2 y 3 -el grupo 1, de los 9 mil años A.C., no pudo ser analizado por problemas de preservación-, con diferencias en el largo y ancho del cráneo, la altura de la cara y la altura de las órbitas. Respecto al tamaño, los restos del grupo 3 son más grandes que el grupo 2", sostuvo.
"Al comparar ambos grupos con otras poblaciones, encontramos que el grupo 2 tiene afinidades con grupos de Australia y de África, mientras que el grupo 3 tiene una morfología americana", planteó, añadiendo que estas y otras diferencias encontradas son importantes a incluir en la discusión de las poblaciones que hicieron ingreso al continente americano.
Bioarqueología
Saéz explicó que en el análisis de la bioarqueología de los restos de Tutuquén -que aún está en proceso- ha considerado aspectos como la dieta, la exposición a patologías, los marcadores de actividad, la estructura de la población y la misma historia evolutiva.
"Un elemento clave para mi investigación es la asexuación del pasado, el reconocimiento de la diferencia sexual entre los miembros de una sociedad, para identificar a los agentes de la vida social. La bioarqueología social que planteo es una bioarqueología social de la producción de la vida social, que busca localizar social e históricamente las diferencias entre colectivos sociales -tanto de mujeres como de hombres-, en un tiempo y espacios determinados. Esto, pues se trata de sujetos sociales sexuados", comentó.