"Partir sola a Guatemala de intercambio en un principio fue todo un desafío, ya que para muchos es una de las capitales más peligrosas del mundo, llenándome de incertidumbre y miedo.
Cuando llegué por primera vez y vi en el aeropuerto la bandera de mi país escrita con un "Bienvenidas chilenas" supe que los miedos y preocupaciones quedaban atrás, su recibiendo tan afectuoso me hizo sentir inmediatamente como en casa. Y fue ese el sentimiento que perduró en toda mi estadía: me sentía parte de una familia guatemalteca, vivía como ellos y con ellos. No era una turista, si no que era una más, permitiendo empaparme de una cultura hermosa.
En la práctica misma como terapeuta ocupacional me sentí muy cómoda y muy acompañada ya que tanto los docentes de la Universidad de San Carlos, como mis colegas de la práctica no hicieron más que facilitarme el aprendizaje. Permitir que me equivocara y que aprendiera todos los días, me dio la oportunidad de sentirme libre y al mismo tiempo, muy contenida viviendo un inmenso aprendizaje.
Por otro lado, la oportunidad de viajar por el país y descubrir la cultura, los idiomas, los bailes y trajes típicos de cada región fue inolvidable ya que te permite comprender mejor a una sociedad como la guatemalteca, y al mismo tiempo, te invita a apreciar mucho más lo propio.
La experiencia en Guatemala fue maravillosa, llena de amor, de colores, olores y sabores distintos, donde pude aprender de una cultura hermosa acompañada por grandes personas. Este viaje sin duda contribuyó a mi crecimiento como terapeuta ocupacional y sobre todo a mi crecimiento como persona. Estoy infinitamente agradecida haber tenido la posibilidad de realizar el intercambio".