Premio Bicentenario 2008

Fernando Castillo Velasco nació dieciocho años después que se celebrara el primer Centenario de nuestro país como República.

Marcada quizás por los ecos de ese hito, es que su vida ha sido un conjunto de acciones estrechamente relacionadas a la lucha por la participación ciudadana, y a una constante vocación política que la pudiera plasmar.

Entregar hoy el Premio Bicentenario, a quien fue el primer -y quizás más joven- Rector elegido en la Pontificia Universidad Católica de Chile, constituye un signo de reconocimiento a los ideales más caros de la democracia: la elección de quienes guiarán los destinos de las instituciones, en este caso, universitarias.

Pero no se trata solamente de reconocer al político y al primer e infatigable alcalde de la Comuna de la Reina, sino al profesor y al arquitecto.

Fernando Castillo Velasco ha contribuido como nadie a una noción de "habitar" en las épocas más turbulentas de nuestra historia reciente. Se trata del habitar en comunidades, una propuesta arquitectónica realizada. En el momento en que la Dictadura Militar separaba, aislaba, segmentaba y propiciaba con fuerza la división de los ciudadanos.

Es ahí donde el genio de Fernando Castillo Velasco aparece para impregnar su entrañable comuna, La Reina - de la cual fue alcalde durante cuatro períodos- y que posteriormente otras comunas de Santiago imitarían, con una propuesta inédita: la reunión de un grupo de personas o familias ligadas por lazos de amistad, o de otro tipo, que decidieran vivir juntas, abaratando costos, por un lado, pero, por el otro, fundando una comunidad que se "protegiera" de algún modo de la violencia, y encarara los días de represión y desolación social en conjunto.

Sin duda las llamadas "comunidades Castillo" serán un símbolo imperecedero de un intento de recuperar la noción de colectividad, de cooperación y ayuda mutua, de solidaridad en medio de un escenario contrario, precisamente, a esos valores.

De este modo, este Premio que hoy entregamos a Fernando Castillo Velasco tiene varios sentidos que convergen, y que colocan un mensaje claro en los albores de la celebración de nuestro Bicentenario.

Por un lado, se premia a una vocación política que no ha sucumbido a los vaivenes del facilismo en el poder, y que no ha claudicado en sus principios libertarios. Ejemplo de ello es su renuncia como Intendente de Santiago en 1994 al no acceder a firmar la prohibición de una marcha del Partido Comunista.

Por otra parte, se premia una trayectoria de vida que ha combinado el pensamiento y la acción, la política, traducida también en la profesión de un arquitecto que ha señalado fórmulas habitacionales que van más allá de una mera solución estética, que hablan y proponen una manera de vivir juntos.

Quizás ese camino, que Fernando Castillo Velasco ha trazado, pueda también formar parte de las concepciones de las propias "obras Bicentenario", escuchando el sentido profundamente humano y de goce social - en el sentido del acceso igualitario y comprometido - que éste nos ha propuesto.

Expreso a la Presidenta Bachelet, y por su intermedio a la Comisión Bicentenario, nuestro reconocimiento por el otorgamiento de esta muestra de gratitud del país a un chileno distinguido; un hombre comprometido con la realidad de Chile y de su gente.

Quiero, finalmente, felicitar a don Fernando Castillo Velasco por esta significativa distinción, largamente merecida, y a toda su familia que representa el aprecio de muchos que ven en su trayectoria académica, profesional y política un referente para todos los chilenos y chilenas.

Muchas gracias.

Santiago, diciembre, 2008.

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