25 de julio

Los desafíos de la sociedad ante un nuevo Día Internacional de la Mujer Afro-Latinoamérica, Afro-Caribeña y de la Diáspora

Una declaración y un video referente al 25 de julio, Día Internacional de la Mujer Afro-Latinoamérica. Afro-Caribeña, y de la Diáspora, son parte de los pronunciamientos de la Cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, como parte de la campaña “La humanidad somos todes”; uno de los diversos mensajes que se están desplegando en el país como parte de este hito cada vez más visible.

La historia de esta conmemoración comienza a escribirse en 1992, cuando mujeres negras de 32 países de América Latina y el Caribe se reunieron en República Dominicana en el Primer Encuentro de Mujeres Negras de América Latina y el Caribe; instancia a partir de la cual surgió la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y afrocaribeñas, la que en los distintos territorios ha relevado la lucha por la visibilización, reconocimiento y respeto ante esta comunidad, cuya historia en nuestro país ha sido negada y ocultada.

En esta trayectoria, uno de los hitos es la promulgación de la Ley 21.151, la cual le otorga reconocimiento legal al pueblo tribal afrodescendiente chileno y a su cultura, idioma, historia e instituciones, fruto de más de una década de lucha de esta comunidad.

Como explica respecto a esta experiencia Milene González, del Colectivo de Mujeres Afrodescendientes Luanda de Arica, “fuimos como pueblo afrodescendiente a decir al Estado: “somos el pueblo afrochileno, existimos, tenemos historia, podemos demostrarlo””, ante lo cual, relata, “el Estado nos dice, ‘bueno, nosotros vamos a conversar con ustedes cuando ustedes nos traigan documentos o respaldo científico de su existencia”.

Fue así que tuvieron “que golpear la puerta de la academia –que tampoco fue fácil que nos mirara- pero cuando alguien enganchó y nos miran y se dan cuenta que hay harto material. Toda esta oralidad con la que habíamos partido primero hacia la estructura, se la traspasamos a la academia, la academia le cambia el lenguaje y le pone firma, timbre tapa dura y se la entrega al estado, ahí el Estado dice, 'ah, ahí sí existen'”.

Una historia negada

Como prosigue la Milene, con esta negación por parte de “la institucionalidad, el Estado y la estructura nos perdemos de poder aprender muchísimo de otras culturas, de tener un intercambio dentro de este mismo territorio, de tantas formas de ver la vida; pero no sé si es necesariamente solo el Estado, es la sociedad también, que quieren pensar que somos un tipo, hegemonizar todo y no valorar lo distinto”.

Para Claudia Zapata, académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades e integrante de la Cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones, "lo primero que pierde una sociedad o algunas de las vertientes que la componen, es sin ninguna duda una riqueza al concentrarse solo en algunos legados y en algunos aspectos constitutivos de una sociedad, entonces, se pierde tener una mirada compleja de sí misma”; esto, sin “dejar de reconocer que estamos conformados por distintas trayectorias culturales y eso no significa que existe una simbiosis armónica”.

Como advierte la académica, “en la medida que miramos que estamos compuestos por distintas trayectorias culturales, interrogamos inmediatamente por qué algunas son tan negadas, ocultadas y despreciadas, entonces eso nos coloca de inmediato en el tema de que existe una diversidad, pero que es una diversidad injusta en términos de sus relaciones, por lo tanto nos coloca en el tema de la desigualdad”.

Por otro lado, agrega la profesora, lo que nos estamos perdiendo es reconocer que “no somos un país blanco, que nunca lo hemos sido. Ahora, que haya un sector de la sociedad que por razones históricas tiene vínculo y que se puede denominar como pueblo negro, eso nos desarma todo”.

Feminismos negros este 25 de julio

La respuesta social ante esta opresión, contextualiza la profesora Zapata, se inscribe en un contexto internacional, donde en un momento en los ’70, y luego en los ’90-2000, prospera un “proceso de reivindicación política y de articulación a nivel latinoamericano, y eso incentiva muchísimo a la población afrodescendiente de Chile para iniciar su propio proceso de reconocimiento, en un contexto en que acá solo se estaba hablando de reconocimiento de la diversidad cultural, pero totalmente centrado en lo indígena, que ha tenido su propio recorrido”. Este caso, describe la académica, “es el típico sector muy subalternizado en la sociedad chilena, pero que encuentra en una relación internacional las posibilidades de su reivindicación política”.

En esta trayectoria, como señala Milene Molina, en el caso de su territorio vienen conmemorando el 25 de julio hace aproximadamente una década, proceso en el cual este día fue posicionado por otros movimientos feministas como el Día por el Aborto libre. "Con organizaciones de mujeres afrodescendientes y no afrodescendientes, hemos ido colocando que hay un día de las mujeres afrodescendientes y que el feminismo hegemónico a nivel nacional no lo había visto”; diálogo producto del cual la fecha por el aborto se movilizó para el 30 de julio.

“Hemos disfrutado muchísimo este año esta vinculación y este tejido que hemos logrado hacer a nivel nacional con distintas organizaciones de mujeres afrodescendientes”, plantea Milene Molina, respecto a la visibilidad y articulación para este 25 de julio. “Sabernos hermanas y sentirnos como tal, nos ha llevado a construir esta vinculación nacional, las cuales pudimos dialogar con la Coordinadora Feministas en Lucha. Que la movilización del aborto se cambie para el 30 de julio, para nosotras es histórico; que el feminismo blanco venga y diga, 'bueno, no hablemos solamente de antirracismo, sino que llevémoslo a la práctica, y una forma de llevarlo a la práctica es trasladar nuestra marcha por el aborto y dejar a las mujeres afrodescendientes se posicionen ese día'”.

Desafíos de hoy

Para Ariana Vargas, presidenta de la Asociación de Dominicanos presentes en Punta Arenas, las discriminaciones y violencias se han intensificado en el actual contexto de pandemia y  crisis sociosanitaria. “Ahora con la pandemia hemos visto demostrado que el racismo es muy fuerte, y cuando se trata de ayuda y todas esas cosas, uno ve la diferencia de las personas de acá con las personas extranjeras”, relata.

Ante este escenario, Vargas plantea que uno de los desafíos es desarmar los imaginarios negativos en contra de las comunidades afrodescendientes, particularmente aquellos referidos a las mujeres. “El llamado es que nos den la oportunidad de hacerles ver que somos mujeres y que no se tenga la idea de que venga una persona de color tiene algo negativo”.

En esta línea, Milene Molina, señala que es importante derribar estos imaginarios “que existen de las mujeres afro y las mujeres negras tan sexualizado. O sea, si nosotras nos estamos riendo o hablando fuerte, somos violentas o maltratadoras, o solo estamos para el sexo o las labores doméstica, que son espacios al que se nos sitúa a las mujeres negras”; por ello, “días como el 25 de julio nos va permitiendo colocar esto en la discusión y en lo visual para que la gente nos mire un poquito más y cambiar este imaginario".

“Cada 25 de julio va significando una mayor visibilizarían y significación de ser una mujer negra y nos va permitiendo poder comportarnos frente a las otras y a los otros como realmente nos sentimos por dentro”, agrega.

Para Claudia Zapata, esto no sólo pasa por su dimensión cultural, sino que también por lo político. “El primer proceso es dialogar con estos actores, ver qué es lo que han aprendido, qué es lo que están reivindicando, cuáles son sus trayectorias culturales; pero por qué digo que esto no se acaba con la cultura, porque por ejemplo, un aspecto cultural con el que la sociedad chilena no ha tenido ningún problema es con la gastronomía peruana, pero eso no significa que se haya acabado la discriminación y la racialización con la comunidad peruana”, señala.

En este desafío, puntualiza la académica, el actual contexto es fundamental, dado que “se nos vienen el momento constituyente y allí tenemos que pensar que la formulación de una constitución que gire en torno a los derechos de las personas, que no reproduzca una idea de chilenidad excluyente, que es lo que hasta ahora tenemos”. En definitiva, “que los derechos humanos y la dimensión universal predomine por sobre aquellas nociones excluyentes de nacionalidad”.

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