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Vicerrectoría de Extensión

Entrevista a la directora del Archivo Central Andrés Bello

Alejandra Araya: "En pandemia nos hemos volcado al espacio virtual, donde también hay memoria, opinión pública y educación"

A 26 años de su creación institucional, el llamado núcleo patrimonial de la U. de Chile, ha debido adaptarse a los tiempos virtuales, sobre todo en esta emergencia sanitaria. Su desafío ha sido seguir conectado con la comunidad y funcionar a la par de la inmediatez de las redes sin descuidar la prolijidad y reflexión del trabajo que merece la memoria histórica. "En estos meses hemos continuado digitalizando nuestro acervo y puesto en línea nuevas colecciones para el público", cuenta la historiadora.

No hay duda de que el tiempo que toma hacer memoria es mucho más largo que el tiempo de los acontecimientos mismos que más tarde se quieren rememorar. Recoger las huellas del pasado, unirlas y comprenderlas es un ejercicio de reflexión que inevitablemente va en desfase y que muchas veces parece ir en contra de la inmediatez que exigen los tiempos actuales. Bien lo sabe la historiadora Alejandra Araya Espinoza, quien desde 2010 asumió la misión de equilibrar el resguardo de la memoria con la difusión de ella, al convertirse en la directora del Archivo Central Andrés Bello (ACAB), espacio que conserva el patrimonio de la Universidad de Chile y como no de buena parte de la historia republicana del país.

Creado formalmente el 10 de agosto de 1994 y dependiente de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la U. de Chile, el archivo contiene más de 152 mil ítemes -incluidos libros, documentos, fotografías, microfilms- que en estos años se han ido investigando, catalogando, digitalizando y poniendo al acceso de la comunidad. La tarea, sin duda, se ha intensificado en estos meses de pandemia, debido al cierre de la Casa Central, donde funciona el archivo físico, y de la Sala Museo Gabriela Mistral, espacio de exhibición creado hace cinco años para mostrar de forma más directa el trabajo de ACAB al público. En mayo de 2019 se inauguró la actual exhibición Mujeres Públicas que da cuenta de la compleja y tensa relación histórica de las mujeres en los espacios públicos y que estaría abierta durante todo este año, pero debido a la emergencia del Covid-19 continuará durante el 2021.

En tanto, durante estos meses, el trabajo del archivo ha potenciado sus espacios virtuales, ha seguido en la digitalización de su acervo y trabajado en talleres y foros que lo han mantenido vivo y en movimiento.

-¿Cuál es su balance sobre estos diez años a cargo del archivo?
Desde que asumí en 2010 el trabajo ha girado en torno a instalar el archivo como representante del patrimonio de la universidad y su relevancia a nivel nacional. Ha habido una profesionalización del archivo porque nuestra misión y nuestras funciones debían estar a cargo de profesionales actualizados, especialistas en las áreas y hoy así es. Contamos con un equipo sólido de archiveros, bibliotecarias, restauradoras, conversadoras e investigadoras, eso es muy relevante. Pasamos de ser la bodega del archivo a ser reconocidos como un espacio patrimonial dentro de la Universidad de Chile. Además hemos tratado de poner el archivo en herramientas que antes no existían, como el sitio web de ACAB, donde está todo el contenido en línea y que ahora se ha vuelto fundamental en estos tiempo de pandemia.

Video: Legados para Chile: Archivo Central Andrés Bello

-¿Qué tan complejo ha sido dejar el espacio físico del archivo en estos meses para trabajar todo de manera virtual?
Creo que hemos tomado de buena forma este paso exigente hacia los contenidos virtuales, gracias a que efectivamente habíamos tenido un proceso de conocimiento hacia adentro de lo que implicaba nuestras colecciones, de manera bastante exhaustiva. El proceso de digitalización ha sido fundamental porque eso nos permite contar con material que ya estaba disponible en los sistemas de la universidad, pero que ahora podemos mover con mayor frecuencia y con otro sentido en el mundo de Internet. Hemos tenido que enfrentar los desafíos de unos tiempos distintos de las comunicaciones, además formamos parte de la Extensión de la universidad donde hemos enfrentado el desafío de aprender a comunicar, pero al mismo tiempo que se entienda cuál es la naturaleza y los ritmos de un trabajo como el nuestro, de que hay cosas que evidentemente tienen otro ritmo y que requiere más calma. Que eso sea comprendido no solo por la universidad sino también a nivel país es fundamental, porque a veces suele confundir la necesidad de algo con su inmediatez y en este caso es esencial trabajar en políticas públicas con respecto a la memoria histórica que significa miradas de largo plazo, significan presupuestos a considerar. Hay que entender que aunque algo no sea tan visible no deja de ser importante y necesario.
Creo que es un trabajo educativo en todos los sentidos que tiene que ver con nuestros propios aprendizajes en esta nueva era junto con la educación permanente de la comunidad de la universidad, de la sociedad y del mundo sobre la importancia que tienen los espacios donde resguardamos la memoria.

¿Cómo ha sido el trabajo de digitalización y cuánto queda aún por hacer en ese aspecto?
Falta mucho por poner disposición aún. En estos años se ha avanzado en muchos focos, uno de los más importantes ha sido el del archivo fotográfico por razones de conservación, pero por ejemplo de 75 mil negativos que tenemos, sólo hemos puesto en línea 15 mil. Ha sido importante no sólo por la difusión sino porque nos permite tener copias de seguridad en caso de algún siniestro del material físico. Aunque aún falta, ha sido un trabajo más bien rápido considerando que otra misión del archivo es generar protocolos que puedan servir de referencia a otras instituciones, entonces no se trata simplemente de que pasemos el material por el scanner y listo, sino que hay un proceso de estudio, de investigación, de ver que están haciendo otras instituciones en el mundo, adecuarnos a nuestras realidades sin descuidar el profesionalismo. Hoy aunque no estamos en el archivo insitu, es parte del trabajo diario, avanzar en la digitalización y catalogación.

Durante estos meses de pandemia, el Archivo Central Andrés Bello ha estado activo a través de campañas de difusión como #RastrosLectores, que en conjunto con la VEXCOM, invitó a los usuarios a enviar las huellas de lectura dejadas en sus libros; foros virtuales como Cartas Cartas de Libertad. Resistencias Afro en el Cono Sur, donde participaron expertas en el tema de las afrodescendencias a propósito de la carta de una esclava negra exhibida en la exposición Mujeres Públicas y también se puso en línea 227 piezas, entre dibujos, acuarelas y grabados de artistas viajeros del siglo XIX, como Auguste Borget, Benoit Darondeau, Claudio Gay, Alphonse Giast, entre otros.
Con respecto a su propia historia, el archivo realizó un homenaje, el pasado 10 de julio, a la bibliotecaria Marta Parejo, quien acaba de jubilar tras 40 años trabajando en la conservación del patrimonio en la U. de Chile, y a propósito de este cumpleaños número 26 acaba de lanzar un video que destaca los oficios y las labores que permiten crear y resguardar los libros. “En este periodo de confinamiento estamos valorando todos los oficios del archivo, y del patrimonio tangible e intangible. O sea, una cosa es valorar la fotografía como tal y otra cosa es valorar la práctica fotográfica, se puede valorar el libro, pero otra cosa son las artes asociadas al libro, que a veces quedan invisibilizadas cuando el objeto está terminado”, apunta Alejandra Araya.

Video: Los oficios del libro, por el aniversario de los 26 años del Archivo Andrés Bello

-¿Puede ser las redes sociales y las plataformas virtuales espacios de reflexión?
Por supuesto y en ese sentido ha sido muy satisfactorio ver la fidelización de las audiencias que tenemos en las redes sociales con las diferentes actividades del archivo. Por ejemplo, la exposición Mujeres pública que estaba generando mucho contenido lo ha seguido generando, a pesar del cierre de la Sala Museo Gabriela Mistral. Hay toda una programación virtual que nos ha permitido seguir en contacto con el público. Ha sido un desafío porque hemos tenido que aprender y lo digo desde mi propio ámbito, estos lenguajes que exigen la museografía, en el mundo virtual, los ritmos de las redes, Instagram, Facebook que los manejan otras personas del archivo y que se han debido especializar en ello para poder seguir comunicando. Antes lo teníamos, pero ahora se potenció, porque ahora esa es nuestra cara pública y es nuestra manera de comunicarnos con las personas y de seguir abiertos.
Dentro de la VEXCOM estamos pensando lo que implica esta adaptación y cómo va a ser la nueva extensión en que estos medios ya no son solo vitrinas sino que se transforman también en espacios de memoria, opinión pública y educación.

-¿En qué está trabajando el archivo y que joyas ocultas tiene aún por sacar a la luz?
Prontamente va a estar otro material en línea que es parte de un proyecto Fondart que lleva la investigadora Fernanda Vega que es la difusión del álbum de Isidora Zegers, estamos trabajando con la mayor rapidez posible que nos permiten las coordinaciones con los distintos actores de la universidad. Otra cosa importante que hemos hecho y que tiene que ver con las movilizaciones feministas y el compromiso de la Universidad con la igualdad de género, es destacar la importancia y la incidencia de las mujeres en la creación y
producción cultural. Por eso pusimos en las tres colecciones que son Monumento Histórico Nacional: Neruda, Manuscritos y Americana, inventarios con índice de autoras, por lo tanto ahora cuando entres al catálogo puedes hacer estadística de, por ejemplo, de cuantas autoras mujeres hay y esperamos poder trabajar a futuro con esta catalogación en las colecciones de toda la universidad y así visibilizar a las mujeres que están presentes como autoras en las producción.
En esa misma línea, por ejemplo, vamos a presentar un proyecto con la donación que recibimos de la familia de Justicia Espada Acuña, la primera mujer ingeniera en el Cono Sur para poder sistematizar el material que la nieta nos donó y otros materiales a futuro, con perspectiva de género, es decir, preguntándonos cómo guardan las mujeres y qué guardamos las mujeres. Porque esa pregunta por el tesoro también pasa por la noción que tenemos sobre lo que es importante y lo que no.
Y en ese sentido también tenemos pendiente apenas volver al archivo físico comenzar la digitalización de los manuscritos de las canciones de Violeta Parra. Es un material valiosísimo, pero aún nos queda por indagar si son todos manuscritos de la propia Violeta, porque están las partituras que fueron trabajadas por Gastón Soublette, porque ella no sabía de notación musical, pero tenemos sus letras y ese es un patrimonio fantástico.

-En lo personal y profesional ¿qué ha significado para tí hacerte cargo del Archivo Central Andrés Bello?
Para mí ha sido fundamental, fue una transformación dirigir toda mi actividad académica, de investigación de docencia hacia los desafíos de pensar este espacio del patrimonio, significó transformar mi perfil y dejar de lado cosas que a lo mejor podían ser fundamentales para la universidad respecto a sus criterios de evaluación académica. Sin embargo esto le ha dado da un sentido y una una misión a mi trabajo como historiadora que no lo tendria haciendo clases, entonces he redirigido todos mis esfuerzos y mis energías a pensar el Archivo Central Andrés Bello a generar contenido y un relato desde la universidad, a partir de lo que el archivo nos cuenta. He aprendido más de historia de Chile y de la Universidad de Chile trabajando en la investigación de sus materiales de lo que podría haber aprendido en cualquier clase y en cualquier libro. Ha sido un periodo de formación, de especialización de estudio y de muchísima creatividad, porque tienes que aprender a escribir de otra manera tienes que aprender a manejar equipos que no son los de tu mundo de origen y por supuesto trabajar trans e interdisciplinariamente. En ese sentido, para mi el archivo es una especie de laboratorio, un espacio de creación y experimentación en el buen sentido, de enriquecimiento y de exploración en mi trabajo personal que es impagable. No me lo esperaba y agradezco la confianza en el trabajo que he podido realizar allí.

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