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Facultad de Medicina

Enseñanza telemática en tiempos de pandemia

Un punto de inflexión hacia la autogestión del aprendizaje

La irrupción de la docencia virtual –más allá del desafío de aprender el uso de nuevas tecnologías y desarrollar metodologías docentes efectivas para estos medios-, no sólo llegó para quedarse, dicen nuestros académicos. Para muchos es un cambio largamente esperado que no sólo da al estudiante un rol mayor en su formación, sino que optimiza la carga docente y enriquece el trabajo presencial.

Los becados de Neuropediatría estuvieron en un sistema mixto de presencialidad y trabajos virtuales.

Los becados de Neuropediatría estuvieron en un sistema mixto de presencialidad y trabajos virtuales.

La microscopía pasó de ser un trabajo práctico de laboratorio a serlo de manera virtual

La microscopía pasó de ser un trabajo práctico de laboratorio a serlo de manera virtual

En Nutrición también se utilizó el sistema de cápsulas de contenidos

En Nutrición también se utilizó el sistema de cápsulas de contenidos

“Si fuera por mí, nunca más vuelvo a hacer un trabajo práctico presencial de microscopía en mi vida”; así de tajante es la doctora Ulrike Kemmerling, del Programa de Anatomía y Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas y profesora encargada del curso de Histología y Embriología. Para ella, la abrupta puesta en marcha de las clases a distancia debido a la pandemia que comenzó el 2020 fue la oportunidad para poner a prueba una metodología docente que, junto al equipo de su unidad, venían planificando desde hace tiempo pero en la que no habían podido profundizar.

“Desde hace años yo insistía en cambiar los trabajos prácticos tradicionales por microscopía virtual, gracias a avances que ya habían desarrollado, por una parte, las doctoras Cleofina Bosco y Eugenia Díaz, que hicieron las primeras guías de trabajo práctico de autoaprendizaje para esta materia y, por otra, las imágenes creadas en el laboratorio del doctor Steffen Härtel. Este sistema tiene la ventaja de que todos los estudiantes pueden acceder a la mejor placa –no a la que les pudo tocar entre muchas de diferente calidad-, y así responder a los pasos de establecidos en las guías, sin necesidad de que estén presentes en el mismo laboratorio. Además, y con el apoyo de uno de nuestros académicos jóvenes, como es el doctor Mauricio Cerda, que nos hizo algunos tutoriales de cómo usar diferentes plataformas y herramientas para facilitar el aprendizaje de los alumnos,  pudimos cambiar todos los trabajos prácticos convencionales sentados frente al microscopio por microscopía virtual. Es un sistema nuevo que no sólo ha gustado y funcionado,  sino que fue presentado por los doctores Fabricio Cuevas y Cristián Castillo, profesores adjuntos del programa que generaron todo ese material docente, en un encuentro organizado por la Universidad de Chile en materia de educación a distancia”.

Coincide con ella la doctora Jimena Sierralta, del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina, profesora encargada, entre otros, del curso de Fisiología I, que señala que “desde hace tiempo veníamos planteando la posibilidad de hacer clases “invertidas”; es decir, de proporcionarle a los estudiantes parte del contenido de la asignatura a través de cápsulas audiovisuales, para después profundizar en este material y resolver dudas en una sesión presencial. Pese a todas las dificultades que hubo el año pasado pudimos poner este sistema en marcha lo que, junto a otras innovaciones, ha resultado bastante bien en beneficio de su aprendizaje”.

Otros cambios, explica, fueron la realización inmediata de trabajos en grupo posteriores a un seminario virtual, con su correspondiente informe, y la disminución de controles con alternativas; pero entre lo más relevante, la doctora Sierralta destaca la concentración de contenidos a los esenciales, resaltando aquellos que son indispensables para la formación venidera. “Estar frente a una pantalla 10 a 12 horas diarias no es apropiado para un buen aprendizaje. Los alumnos tienen mucha carga académica y este fue un paso en la dirección de reducir ese enorme volumen de contenidos”.

La profesora Soledad Reyes, directora de pregrado de nuestra institución, recuerda que “nuestra primera expectativa el año pasado fue cumplir con el mandato institucional; es decir, sacar adelante y dar continuidad a los procesos formativos, definir lo que se podía y no hacer para no suspender las actividades. La segunda se orientó a avanzar en ese sentido con claridad, migrar hacia una docencia remota más planificada y mejor organizada; en esto es en lo que estamos este año, ya no actuando sobre la marcha, sino que perfeccionando lo que ya se implementó. En ese sentido, han surgido experiencias bastante innovadoras y positivas”.

A ello, la profesora Karin Basfi Fer, directora de la Escuela de Nutrición y Dietética, agrega que “las dificultades que se presentaron partieron desde creer que el estudiante iba a estar las mismas horas frente a un computador que las que hacíamos presenciales, pero la verdad es que no pudimos ni siquiera nosotros como profesores. Pero todas las innovaciones realizadas en este proceso, llevaron a que los alumnos adquirieran otras capacidades, como la autogestión, la independencia en el estudio, que son habilidades transversales que deben tener los profesionales”.

¿Generación perdida?

La doctora Carolina Heresi, neuropediatra y académica del Departamento de Pediatría y Cirugía Infantil Norte de la Facultad de Medicina, a cargo de los médicos en formación de especialistas de su disciplina en el Hospital Roberto del Río, explica que la labor asistencial directa, indispensable en este proceso, tuvo que ser modificada en los inicios de la pandemia, para lo cual contaron con el apoyo del jefe de la Unidad Neurología del recinto, doctor Marcos Vallejos.

“Lo que hicimos al principio fue organizarnos para que la jefatura nos permitiera mantener algo de docencia clínica real con nuestros pacientes reales, por lo que como profesores nos dividimos en dos grupos, para venir alternadamente cada semana, e hicimos lo mismo con los estudiantes, pero ellos venían una semana al mes, siempre en el mismo equipo para evitar un posible cruce de contagios. Así, cuando las autoridades del hospital solicitaron la reducción de los policlínicos para nosotros no fue necesario, mantuvimos la capacidad de recibir ingresos, de hacer controles de pacientes graves y nuestros becados se hicieron cargo del control telefónico o por videollamada de los casos de menor complejidad. En ese sentido nuestro compromiso docente asistencial fue súper fuerte, facilitando el trabajo del equipo que se dedicó a los enfermos de covid”.

Pero además, añade la doctora Heresi, “tuvimos que mantener a los estudiantes que estaban en  casa con algo de actividad que les permitiera hacer el razonamiento clínico, para lo que junto a la doctora Rocío Cortés desarrollamos un sistema de casos clínicos mensuales, seminarios con un enfoque bien clínico que ellos iban completando on line. Así trasladamos nuestros seminarios tradicionales a zoom, y en base a este trabajo los estudiantes tenían una tarea que hacer, orientada a desarrollar una reflexión clínica de manejo práctico, para que justificaran. Incluso, los hicimos con complejidad creciente, para que con el mismo caso respondieran, según sus conocimientos, los alumnos de primero, segundo y tercer año de la especialidad. Pero después, cuando los aforos se normalizaron un poco y pudimos hacer más atención de policlínico, nuestra actividad prácticamente se normalizó y trajimos a los estudiantes dos semanas al mes o incluso todas las semanas; así, privilegiamos que vinieran con más frecuencia los que estaban más atrás en cuanto al desarrollo de guías clínicas y a los que llevaban menos tiempo de formación presencial”.

- ¿Cree usted que su preparación se vio perjudicada en este formato?

- Siempre tener más actividad clínica es mejor, pero en esa fase en que ellos siguieron con algo de actividad clínica, siempre tuvieron mucha supervisión, estábamos todos más encima porque los pacientes eran un poco más delicados. Y eso llevó a que estuvieron menos tiempo como médicos a  cargo de la situación, que es lo que sí podemos darles ahora. Por eso es que decidimos solicitar tres meses adicionales de financiamiento para todos los becados, porque pese a que estuvimos con esta “tele escuela” durante seis meses, creo que la mitad es suficiente para que, más que nada, adquieran el terreno necesario viendo pacientes con menor supervisión directa.

En opinión de la doctora Kemmerling, las cohortes de futuros profesionales formada en el actual contexto de docencia a distancia, “puede que en algunas áreas incluso estén más preparados que generaciones anteriores, sobre todo en cuanto a su capacidad de búsqueda de información y de uso de herramientas informáticas.  Si esta educación a distancia perjudica o no su desempeño posterior habrá que evaluarlo, no tengo una bola de cristal; han tenido un camino de aprendizaje distinto que es indudable. El hecho de estar estudiando una carrera universitaria en condiciones de pandemia genera por un lado falencias, pero también competencias que los otros no tienen”.

La doctora Sierralta añade que estudiar en la Universidad de Chile “es un proceso de personas que se van formando continuamente, que no termina cuando les entregan el diploma, y eso tiene que ver con la propia curiosidad, la capacidad de leer, investigar, buscar información. Eso tratamos de decirles siempre, y ojalá  que estas nuevas metodologías les fomenten eso. De hecho, cuando volvamos a una mayor presencialidad mantendremos el uso de cápsulas y videos, para que cada actividad en persona sea para la discusión y para profundizar en lo que sea necesario. Para este curso la pandemia fue una oportunidad para ayudar a los estudiantes a adquirir este nuevo sistema; cuando partimos alegaron mucho, decían que estaban aprendiendo menos. Ahora están más empoderados”.

- Están más a cargo de su aprendizaje…

- Esa es la idea que estamos tratando de empujar hacia ellos, que sean capaces de autoevaluarse en términos de detectar qué es lo que no han aprendido, más allá que lo que el profesor, con una prueba, les señale aquello en lo que fallan. La idea es cambiar esto de que el docente es el que da todo, sino que ellos activamente se hagan dueños de su propio aprendizaje.

En ese sentido, la profesora Reyes sentencia que aunque efectivamente hay horas prácticas que no se han tenido, y los contenidos se transmitieron de una forma distinta a la esperada, “no podemos sacar conclusiones todavía respecto de qué va a pasar con ellos como profesionales, porque todavía no sabemos cómo afectará el aprendizaje, sobre todo en los niveles más bajos. Se privilegió lo nuclear y más importante de cada asignatura y se dejó un buen registro de lo que no se pudo hacer. Y, en cuanto a las actividades de laboratorio indispensables, ya están planificadas; estamos esperando tener la condición sanitaria para movilizar a los y las estudiantes hacia la Facultad de Medicina. Además, en lo asistencial las visitas que hacían a un consultorio o un hospital se transformaron a telemedicina, y yo creo que esa es una modalidad que llegó para quedarse”.

La profesora Basfi-fer finaliza señalando que las bitácoras que “implementaron las escuelas con la Dirección de Pregrado para conocer el aprendizaje que quedo pendiente, además de sistematizar un respaldo para los estudiantes, para los docentes será una guía que nos permitirá planificar algunas actividades que nos permitan nivelar lo que quedó pendiente y generar actividades integradoras”.

 

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