Sobre su debatida exposición:

Adelina Marambio: “Hay más violencia en los comentarios que en los bordados”

Bordados, serigrafía, grabados y pintura/ilustración se pueden apreciar en la exposición Casa/pueblo de la artista visual egresada del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Adelina Marambio, inaugurada el 8 de julio en el Centro Cultural Teatro Serrano de Melipilla. 

Una exposición a la que fue invitada Adelina por el centro cultural por el hecho de ser vecina de la comuna y una artista emergente destacada que los representa. Desde allí comenzó un arduo trabajo de recopilación de varias obras, la mayoría trabajadas durante el 2019, mientras se encontraba estudiando, y algunas más actuales.

“El 2019, al menos para mí, fue un año de mucha producción. Pasé mucho tiempo en el taller trabajando, aprendí muchas cosas. Estaba descubriendo mucho sobre mis temas y mis modos de hacer, desde los recuerdos familiares, lo doméstico y el viaje en bus desde Melipilla a Santiago todos los días, que significaba una parte importante de mi experiencia universitaria y como artista. Seguir viviendo en Melipilla y luego hacer la traducción de todo eso que veía ahí en la Facultad de Artes”, contextualizó la artista visual.

Cuando el 18 de octubre comenzó el estallido social, Adelina Marambio no regresó a Santiago por un largo tiempo. Debido a eso se instaló en Melipilla y desde allí realizó un singular trabajo de campo. “Viví las protestas en la comuna y los enfrentamientos entre carabineros y los manifestantes ocurrían fuera de mi casa. No soy una persona muy valiente y el miedo y las inquietudes las pasé bordando. Yo ya había empezado a bordar grafitis ese año, pero los que aparecieron en ese tiempo tenían una connotación diferente. No sólo por los mensajes, sino porque fue una explosión de rayados. Me resultaba fascinante estar pendiente de como cada día aparecían nuevos, los iba registrando; también, como los iban borrando”, contó.

Y desde ahí fueron surgiendo las obras que hoy nutren su exposición Casa/pueblo que obedece a una lógica del montaje en cuadrícula/mosaico de varias piezas pequeñas. Entre ellas los santitos, que tienen canciones de reggaetón escritas al reverso. “Me pareció que, aunque no se unían tanto en cuanto a temática, sí se encontraban en esta mezcla de las expresiones relacionadas con la calle y las más domésticas, de casa de pueblo, como los paños bordados y las estampitas de santitos”, dijo.

Agregó además que “me pareció que toda esa mezcla tenía mucho que ver con la identidad de pueblos como Melipilla, que han ido cambiando mucho con el tiempo. Recordados por sus tradiciones más campesinas, que se presume que son pequeños, pero han crecido un montón y tienen sus propios problemas, sus propias luchas. Siempre trabajo muy desde lo personal y lo autobiográfico, y quise armar una exposición que generara un entorno íntimo, evocara recuerdos, y sumergiera al espectador en este modo de hacer las cosas lento, de guardar bordando, que ya se hace tan diferente al ritmo en que funcionan las ciudades, la sociedad. Es una invitación a mirar las casas y la ciudad por fuera y por dentro. Mirarse a uno mismo por fuera y por dentro”, puntualizó Marambio.

Con ese mismo objetivo, la artista exhibe trabajos que abarcan técnicas diversas, desde la serigrafía y el grabado con los “santitos” y la Virgen de los Dolores, pasando por pintura/ilustración, hasta la serie #siteloborranyologuardo, consistente en bordados realizados en base a grafitis que recopiló marambio en sus caminatas por Melipilla.

“La verdad es que cuando surgió la posibilidad de una exposición, entré en pánico y me puse a revolver entre todo lo que tenía. Siempre pensé que #siteloborranyologuardo, que es la obra de los bordados de los grafitis, iba a ser la central, porque nunca la había visto montada y para mí mostrar esa obra en Melipilla iba a ser más especial que en cualquier otro lado. Por eso el montaje fue todo un desafío”, explicó la egresada del DAV.

Además contó que “me hacía mucha ilusión que aquellos que la vieran pudiesen ir reconociendo los lugares donde habían sido tomados. Que reconocieran los grafitis. Verse a sí mismos y a su entorno en esas imágenes”.

Pero fue precisamente con esa serie donde comenzaron los problemas para la artista y su exposición, ya que al exhibir bordados con frases como “Estado asesino”; “Piñera a la hoguera” o “El paco tortura, viola, mata”, surgieron los juicios y censuras por parte del concejal de Melipilla Daniel Domínguez y el diputado de la UDI Juan Antonio Coloma, quienes han llegado a calificar la muestra de “incitación al odio”, “apología a la violencia” y “como un acto de proselitismo por parte de la municipalidad”, incluso denunciando en Contraloría a la artista y su trabajo.

¿Qué te parecen los juicios que has recibido por parte de estos políticos?¿Cómo respondes a esas críticas?

No me las esperaba. Era lógico que los grafitis, en cualquier ciudad, no sólo en Melipilla, iban a generar desacuerdos, tanto por el contenido, como por el cuestionamiento sobre los límites del arte. Pero me imaginaba desacuerdos que llevan a discusiones nutritivas. Acusar la muestra de incitar al odio me parece una irresponsabilidad. Es sacarla de contexto y manosearla de una manera brutal, sin respeto por la visión del artista, por el resto de las obras, por el esfuerzo y el trabajo duro de todos aquellos que tratan de hacer cultura en estos tiempos tan complejos a nivel mundial.

Desde el municipio y el centro cultural el apoyo nunca fue por la ideología ni el mensaje, sino desde la intención de entregar el espacio a artistas nuevos, artistas locales, y siempre estaré muy agradecida de ello. Si uno se pone a pensar, hay más violencia en los comentarios de la gente enojada en internet que en un bordado colgado en la pared de un centro cultural. El mundo es violento, no el arte.

¿De qué modo te perjudica personal y profesionalmente esta lectura de tu exposición por parte de Domínguez y Coloma, la denuncia ante Contraloría, y por qué crees que se da esa lectura?

Como artista, no sé. No creo que un artista caiga por este tipo de críticas, que vienen desde una visión parcial, sesgada e intencionada de la obra. Pero me duele desde mi faceta de docente, que es algo que vengo desarrollando desde hace muy poco y a lo que le he entregado mente, cuerpo y alma. Hago clases de artes visuales a niños y adolescentes y estoy convencida de que esta lectura desde la odiosidad no es la propia de ellos. Son los gritos de los adultos, de los políticos, que prefieren inculcar el miedo antes de detenerse a observar, a explicar cuántas veces sea necesario, a educar. Resultan preocupantes estas denuncias a la Contraloría y a la Defensoría de la Niñez, corresponden a una censura gigante y están hechas con mala intención. Están hechas con fines políticos que nada tienen que ver con los niños ni con el arte. Aquellos que las han apoyado y han encendido el odio en internet ni siquiera se han dado el tiempo de visitar la exposición, de recorrerla completa, o de difundir registros verídicos y objetivos de la muestra, generando desinformación.

¿Crees que en Chile el arte no es bien recepcionado? Si es así ¿A qué crees que se debe?

No creo que sea en todo Chile, o al menos me gusta pensarlo, en pos de la salud mental. Estamos viviendo tiempos muy complejos, de mucha tensión. Hay mucha desesperanza, todos queremos evadir esta realidad tan fea. Cuando el arte toma esta realidad (porque es inevitable, está en todos lados) y la pone frente a la gente, caen las penas del infierno. No queremos ver nada, porque resulta muy doloroso. Preferimos vivir en un mundo en que todo está en silencio, porque creemos que significa que estamos todos de acuerdo, aunque no sea verdad.

Me gusta pensar que hay un gran porcentaje de la población que aún disfruta de manifestaciones artísticas y que está dispuesta a tener las discusiones y las reflexiones que surgen a partir de algunas obras. Pero a lo mejor aquí estoy yo misma queriendo evadirme de la realidad.

El artista visual y académico del DAV, Francisco Sanfuentes, también se mostró sorprendido por el revuelo que causó la obra de la egresada y aseveró que, “aún hoy, a pesar que no es primera vez que se intenta censurar un trabajo artístico, no dejo de sorprenderme por lo insustancial de dichas acciones por parte de algunos personeros políticos, incluyendo a un diputado, que en este caso creo trata de usar como excusa un trabajo artístico, para atacar las instituciones o autoridades con las que entiendo serían evidentes sus diferencias ideológicas”.

Indicó además que “comprender aunque sea de forma muy básica en qué se fundan gran parte de los procesos artísticos contemporáneos, es a lo menos saber que la condición de cualquier artista es ser un observador, un testigo desprejuiciado de los tiempos que nos toca vivir” y agregó: “hace ya bastantes años el sociólogo e historiador Arnold Hausser en la “Historia Social de la LIteratura y el Arte” afirmó que el arte es aquella ‘sensibilidad epocal materializada en un sistema de lenguaje’,  dicha concepción es muy clarificadora en este caso, pues esta exposición no se trata de gustos o ideas preconcebidas de la belleza, de lo correcto o noble según uno u otro punto de vista, se trata de testimoniar la verdad de lo que sucede en los mundos y contextos que nos toca experimentar, y partir de ello  tomar distancia y observar dicha realidad, reflexionar a partir de los visto y los hechos que la provocaron”.

Asimismo el artista visual aclaró que “una obra se puede debatir, no siempre se trata de lo evidente y por lo mismo  siempre estará abierta a la discusión, incluso a la crítica, pero otra cosa muy distinta, es amenazar e intimidar desde el poder”.  

Francisco Sanfuentes se refirió también a la obra de la expositora y recalcó que “Adelina ha sido y es una testigo de  pequeños mundos, de la intimidad de una familia, una familia cualquiera o quizás la suya, y pone en obra  sus padeceres y su frágil humanidad. Eso lo retrata de manera hermosa y humilde en todo su trabajo. Sin embargo, ese mundo íntimo de pronto se vió abatido  por la agitación que desbordaba las calles, y ella como cronista sensible a los signos que la rodean, recoge una parte de ello: lo que se escribía en los muros, y lo comienza a bordar, a pasarlo por su cuerpo, y claro que puede doler, pues había dolor en las calles, en el presente y en el pasado, pero finalmente era la realidad que se exponía  en toda su crudeza al otro lado de su ventana.”

Agregó que “ella no manifiesta una posición, sólo transcribe sin exacerbar fragmentos de una  realidad desbordada en octubre de 2019, que no fue provocada por ella, pues en las calles se manifestaba el malestar acumulado y creciente de décadas de abusos, abandono, desprecio y precarización de la vida de la gente. Culpar destempladamente  su trabajo como apología o incitación a la violencia  es un despropósito y en una profunda contradicción. Con dicha acusación  puede a su vez configurar una invitación a la violencia contra una joven artista usando las plataformas comunicacionales que otorga el poder y eso es extremadamente grave.  Si una exposición con temas sensibles es susceptible de  ser visitada por niños,  nos corresponde a nosotros, adultos, responder sus preguntas, explicar los contextos, poner las cosas en  perspectiva, incluso aconsejar y en el caso de otras personas adultas generar instancias de conversación y debate, pues obviamente la solución no es la simple negación  e intentos de censura”.

El académico del DAV concluyó afirmando que, “A mi entender, la amenaza por parte de algunos personeros políticos de iniciar acciones legales contra el municipio que acogió esta exposición, es también un claro acto de intimidación y amedrentamiento contra una joven artista y su  trabajo. Dado el tenor apresurado y agresivo de sus declaraciones, puedo imaginar que no la conocen a cabalidad, pues la obra de Adelina Marambio está cruzada por una profunda humanidad que vale la pena conocer y comprender. La violencia aquí no proviene de ella”.   

La exposición Casa/pueblo de Adelina Marambio está disponible para ser visitada hasta el 29 de julio 2022 en el Centro Cultural Teatro Serrano de Melipilla, ubicado en Serrano 417, Melipilla. La entrada es liberada y se puede visitar el día.

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