Centro de Análisis en Políticas Públicas

H2O: el recurso inevitable para la continuidad de la vida

Si usted ha visto "The Martian o Misión Rescate” (en hispanoamérica) protagonizado por el célebre actor Matt Damon, quien interpreta a Mark Watney, botánico e ingeniero mecánico, además de astronauta, quien es uno de los integrantes de la Expedición Ares 3 de la NASA en Marte, posiblemente sabe a lo que se refiere el título expuesto.

El botánico perdido en el planeta rojo, cuya misión espacial debía durar 31 días, debe esperar 3 años para ser rescatado por Ares 4, la misión que traería de vuelta al protagonista a la Tierra. La pregunta inevitable es ¿cómo podrá sobrevivir 3 años en un planeta desértico donde las condiciones climatológicas y geográficas no son aptas para la vida o, como la conocemos? Es allí, donde el ingenio y la ciencia aporta un grano de arena, donde nuestro protagonista usando sus habilidades y conocimientos botánicos cultiva papas, siendo su salvación. Pero para cultivar se necesita de agua ¿Cómo hacer agua? Matt tiene 160 metros cuadrados de tierra en el hábitat, donde cada metro cuadrado de tierra requiere 40 litros de agua para ser cultivable. Por tanto, debe superar con creces la cantidad de litros para continuar con su plantación. Realiza el experimento donde expone a fuego el hidrógeno y oxígeno y de allí genera vapor, que a su vez provoca gotas de agua siendo el suministro de riego base para las plantas.

La idea de ciencia ficción siempre nos ha impresionado. Sin embargo, la realidad supera la ficción. Los últimos estudios de cambio climático y degradación del medioambiente proyectan un avance del desierto hacia el centro y sur del país. El último informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático en español) del sexto ciclo de evaluación, ha sido categórico en mencionar que el elemento antropogénico ha acelerado la temperatura de la superficie terrestre a comparación de los niveles preindustriales (antes de 1860) en la temperatura del océano y atmósfera.

El informe establece la correlación de alta vulnerabilidad y extrema vulnerabilidad en diferentes regiones del mundo por el calentamiento global, emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), desprendimientos de glaciares, aumento del nivel del mar, riesgo crítico del borde costero, pérdida de permafrost, aumento de ríos atmosféricos, estrés hídrico, mega sequías, incendios urbanos, déficit en manglares, entre otros fenómenos socio-naturales (con un alto nivel de confianza).

A nivel país, el cambio climático y efectos adversos no se han reducido. El diagnóstico del primer informe de la Mesa Nacional del Agua, establece que el incremento en el consumo de agua en Chile con extracciones asciende a 4.900 m3/s, equivalente a 166 mil millones de m3/año y que seguirá in crescendo. Según el Banco Mundial, el sector agrícola es el mayor usuario de agua consuntiva, cercano al 72% a nivel internacional. En Chile, la agricultura y la actividad forestal cubren el mayor porcentaje (72.5%), luego el uso potable (12%), consumo industrial (7%), el uso de la generación eléctrica (4,5%) y actividad minera (4%).

Por otra parte, un último sondeo de percepción sobre la materia evoca que dos de cada tres chilenos creen que le cortarán el suministro. No obstante, el 77% de las personas a pesar de considerar grave la situación, no posee la cultura de prevención, resiliencia y seguridad hídrica para llevarlo a cabo.

Un panorama no menos crítico es lo que está viviendo la Región de Valparaíso con las diferentes localidades o zonas de sacrificio, como también lo percibe la Región de Coquimbo y la Metropolitana. Este último caso, el Center for Climate and Resilience Research [CR]2, identificó que las comunas de Vitacura, Las Condes y La Reina consumen en promedio 300-400 litros/habitante al día y la comuna de Lo Barnechea con un consumo mayor a 400 litros/habitante al día del suministro. Situación paradójicamente contraria en las comunas de Lo Espejo y La Pintana que consumen menos de 150 litros/habitante al día de agua, demostrando la inequidad del acceso al servicio y su distribución.

En este punto ya identificamos y comprendemos que el agua es una herramienta de superación de la pobreza o superación de grandes umbrales de vulnerabilidad, sobre todo, en territorios de zonas extremas, periféricas y rurales, puesto que la agricultura, la ganadería y cualquier otra clase de actividad productiva familiar o a menor escala requiere del elemento natural para su sostenibilidad. Todavía más grave, cuando existe bajas precipitaciones en la zona central del país, disminuyendo un 7% por década cerrando años con déficit. Ejemplo del 2021, que cerró con un déficit en la zona central de 2/3, según Raúl Cordero, climatólogo de la U. de Santiago.

El Código de Aguas de 1981 contemplaba tres elementos fundamentales para comprender la gestión y distribución del recurso para su población. Este permitía tener los derechos de propiedad de forma perpetua, heredable y transable en el mercado. La actual Reforma al Código de Aguas -publicada en el Diario Oficial el día 06 de abril del presente año- genera cambios respecto a los derechos de aprovechamiento, en cuanto se constituyen de interés público; modifica el derecho de aprovechamiento de aguas a carácter temporal y otorgados a través de una concesión, los derechos podrán extinguirse por su no uso, total o parcialmente, además de contemplar modificaciones como Planes Estratégicos de Gestión Hídrica y potestad sancionatoria desde la DGA en otros cambios.

Lo que queda por hacer es generar un cambio cultural sobre la gestión y tratamiento del recurso hídrico. La zona rural es una de las más golpeadas, sobre todo en las mujeres y mujeres que pertenezcan a un pueblo originario, dado que los criterios o requerimientos normativos todavía son deficientes para equilibrar el derecho al agua en las políticas y programas sociales.

Como desafío pendiente a nivel de gobernanza multinivel o climática es incorporar el enfoque de gestión integral del riesgo ante desastres (GIRD), porque se necesita mayor precisión y estudios con evidencia empírica, una institucionalidad más eficiente y eficaz, políticas públicas con inteligencia gubernamental, mayor inversión público-privada, mayor uso y adecuación de tecnologías como la tecnificación del riego y capacitación, focalizar óptimamente la movilización de recursos, elevar el conocimiento o memoria histórica de las localidades y, dar mayor énfasis en prevención, la adaptación, la resiliencia y la prospectiva para tener múltiples alternativas ante escenarios de incertidumbre.

El crecimiento de la población mundial concentrado en las grandes urbes del globo requerirá de un esfuerzo mayor para el acceso y al consumo humano al agua, desafiando a las políticas públicas y la comprensión del fenómeno, la focalización y distribución del recurso, el tipo de infraestructura resiliente y sostenible para su tratamiento entre otros elementos que contribuyan a dar respuesta a estos problemas presentes y venideros.

El Acuerdo de Paris (COP21), traducido en no superar el umbral de los 1,5° C de temperatura del planeta como forma de prevención y desaceleración a los daños que el aumento de temperatura puede generar en diferentes regiones del mundo y los desafortunados acontecimientos de la COP25 Chile-Madrid, liderado por nuestro país y el no llegar a acuerdo en el artículo 6 relacionado a la complejidad técnica y política de los mercados de carbono, además de ciertos resquemores en Glasgow (COP26) de avanzar más allá y materializar cursos de acción claves en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), no responden ante la inminente gravedad del cambio climático y sus externalidades negativas traducidos en la poca ambición de superación de países que aportan con creces mayores niveles de emisión de gases de efecto invernadero.

Es frecuente interpelarse como lo hizo el propio secretario de las Naciones Unidas, António Guterres, donde arguye que “La comunidad internacional ha perdido una oportunidad importante de mostrar una mayor ambición en mitigación, adaptación y finanzas para afrontar la crisis climática”.

Ver Marte y otros exoplanetas debemos preguntarnos seriamente ¿hasta dónde esperamos que el planeta resista y perdure con nuestras prácticas y formas de vida, asociadas a actividades productivas extractivistas y altamente contaminantes para prevenir la extinción de la humanidad y la de otras especies? ¿qué tan civilizados somos para ser conscientes de nuestra propia existencia y de su peligro? Estamos en el punto de inflexión donde cualquier senda que elijamos, si no es con alturas de mira, grandes acuerdos y co-responsabilidad, inevitablemente deberemos prepararnos como Mark Watney para sobrevivir a un planeta totalmente distinto al que conocemos.

Las opiniones vertidas en esta columna son de responsabilidad de su(s) autor(es) y no necesariamente representan a la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile.

Leandro Espíndola Vergara, Mg.
Profesor Asistente y Encargado de Difusión y Gestión del programa Académico Magíster en Gestión y Desarrollo Regional y Local [MAGDEL].
Coordinador e Investigador en Centro de Análisis de Políticas Públicas [CAPP].
Facultad de Gobierno, Universidad de Chile.

 

10 de agosto de 2022

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