La importancia de la sustentabilidad en el Modelo Educativo 2021 de la UChile

“La tarea es continuar fortaleciendo los procesos formativos con una impronta de excelencia, pluralista, laica, reflexiva, solidaria y ética, que potencie una formación relevante y pertinente para toda la comunidad estudiantil y que fortalezca los procesos de gestión y de mejora continua de la docencia y del currículum en todos nuestros programas de formación”.

Así presenta la Universidad de Chile el Modelo Educativo 2021, el que paso a paso comienza a integrar la sustentabilidad como un factor relevante en la construcción de profesionales que impacten positivamente en el desarrollo que necesita nuestro país.

Este Modelo 2021 viene a actualizar el presentado en 2018, en el entendimiento de que el currículum es “un proceso de construcción, negociación y selección de saberes, identidades, representaciones y realizaciones profesionales y disciplinares, expresados en un conjunto de habilitaciones (saberes y competencias) intencionadas, significadas, organizadas y administradas en un itinerario de formación, orientado al logro de un perfil de referencia (egreso) que constituye a la vez un compromiso y una promesa ante la
sociedad”.

Es en esta promesa que la sustentabilidad toma un rol crucial ante el creciente deterioro del medioambiente y el impacto del cambio climático tanto en Chile como en el mundo. Por esto, como analiza Nicolás Diaz Huarnez, secretario ejecutivo del Comité por la Sustentabilidad, “es importante destacar que este nuevo Modelo Educativo aborda la sustentabilidad de manera explícita a través de la competencia sello de compromiso con el desarrollo humano y sustentable. Esta competencia contempla que egresadas y egresados valoren y actúen con respeto al entorno cultural y ambiental, como base para un desarrollo justo y equitativo. Esto marca un avance importante respecto al Modelo Educativo previo (2018), en el que la competencia de compromiso con la preservación del medioambiente no explicitaba la interrelación y mutua dependencia entre sociedad y entorno."

Sustentabilidad y educación universitaria

La Política de Sustentabilidad Universitaria, aprobada en 2012 por el Senado, marcó el inicio del tránsito de la sustentabilidad en nuestra institución, y próxima a cumplir una década es primordial continuar con los avances que establece. “El desarrollo e incorporación de competencias asociadas a la sustentabilidad y el desarrollo sostenible son una parte importante de los compromisos que la Universidad ha asumido. La Política de Sustentabilidad establece que el desarrollo de estas competencias debe iniciar en las mallas y currículos, y concretarse progresivamente en las prácticas de enseñanza, aprendizaje docente y perfiles de egreso en la universidad”, recuerda Nicolás Díaz.

Es en este proceso, que el trabajo en sustentabilidad ha debido adecuarse a los tiempos y urgencias actuales, en medio de una pandemia que ha vuelto a demostrar el valor de la ciencia, donde los esfuerzos mancomunados han conseguido grandes avances.

La educación en sustentabilidad se hace trascendental para enfrentar este difícil camino, como destaca la reciente “Declaración de Berlín”, en el marco de la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Educación para el Desarrollo Sostenible 2021: “Estamos seguros de que la educación es un poderoso facilitador del cambio positivo de las mentalidades y las concepciones del mundo, y puede apoyar la integración de todas las dimensiones del desarrollo sostenible, de la economía, la sociedad y el medio ambiente, garantizando que las trayectorias de desarrollo no se orienten exclusivamente hacia el crecimiento económico en detrimento del planeta, sino hacia el bienestar de todos dentro de los límites planetarios”.

Así lo ha entendido nuestra casa de estudios, como destaca la vicerrectora de Asuntos Académicos, Rosa Devés: “La centralidad de la sustentabilidad universitaria en nuestro Modelo Educativo implica responsabilizarse con una formación que promueva el respeto al entorno ambiental y cultural, cuidando el desarrollo social de los miembros de la comunidad. El logro de estos objetivos sólo puede alcanzarse con un compromiso colectivo y transversal respecto de las distintas funciones universitarias. Nuestras competencias sello están todas de alguna manera permeadas por este concepto que se expresa con singular fuerza en el compromiso con el desarrollo humano y sustentable y en el compromiso ético y la responsabilidad social y ciudadana”.

Como señala Viviana Sobrero, jefa de la Unidad de Docencia del Departamento de Pregrado, la sustentabilidad se plantea “como un valor universitario, para lo cual resulta clave constituir el desarrollo académico y los procesos formativos de la Universidad sobre la base del desarrollo personal, social y cultural de cada uno de los miembros de la comunidad. El carácter colaborativo y comunitario de esta política tiene impacto en el medio social interno de la Institución, ya que el respeto al entorno cultural y ambiental permite un desarrollo justo y equitativo, así como también la satisfacción social, económica y ambiental de cada integrante de la comunidad. Esto también debe estar presente en la formación de todas y todos nuestros estudiantes, por lo que resulta fundamental que un documento estratégico como el Modelo Educativo, lo considere y lo incluya”.

Un compromiso con el país y con el planeta

El informe del Panel de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), presentado a mediados de 2021, no sólo encendió nuevamente las alarmas en materia medioambiental, sino que aumentó la comprensión de que el abordaje debe darse en todos los ámbitos, y es ahí donde la formación estudiantil también se hace fundamental.

Carlos Rilling, subdirector del Departamento de Pregrado y representante de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos en el Comité Por la Sustentabilidad UChile, refrenda esta mirada: “En ese sentido, y sobre todo en el contexto de una situación de cambio climático generalizada y de cambio acelerado (como lo demuestra el reporte del IPCC de Agosto de este año), es muy importante que nuestros estudiantes y futuros graduados cuenten con competencias para comprender el impacto que tienen nuestras acciones sobre nuestro entorno ambiental y para mitigar aquellos impactos negativos. Los desafíos sanitarios que hemos enfrentado en los últimos dos años nos han demostrado que los próximos desafíos para la humanidad van a superar los límites del estado-nación y son, más bien, desafíos de la humanidad completa, y esperamos que nuestros graduados y titulados puedan aportar al desarrollo de sociedades más sustentables”.


Para Lorna Lares, presidenta del Comité por la Sustentabilidad, nuestra institución ha entendido de buena manera dicha responsabilidad: “Como institución Universidad de Chile, estamos comprometidos con investigación de excelencia con alto impacto en las transformaciones que se requiere en materia de medio ambiente y cambio climático. En consecuencia, no sólo se genera conocimiento de vanguardia, sino también este es aplicado en los distintos espacios formativos al interior de la institución, para resolver los problemas complejos de la sociedad”.

La académica de la facultad de arquitectura, destaca, además, que “la actualización de nuestro modelo educativo no solo acoge esa riqueza y diversidad, que se traduce en los distintos espacios formativos de nuestra casa de estudios, sino que, a través de los principios formadores y proceso formativo planteado, se imprime un sello de sustentabilidad en los valores universitarios y compromiso irrestricto en la formación de los futuros ciudadanos y ciudadanas del mundo, profesionales y tomadores de decisiones de las instituciones del país. Y es que, a mi juicio, la actualización del Modelo Educativo va mucho más allá del compromiso institucional adquirido con el Manifiesto de la Universidad de Chile frente al cambio climático -incluir la macrocompetencia de sustentabilidad-, pues diseña y define un marco de referencia transformador, integral y transversal, que aborda todas las dimensiones de un desarrollo inclusivo y sostenible. Inspirado en una ética global e incorporando los aspectos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al establecer el respeto irrestricto a los derechos humanos, al bien común y la justicia social, acogiendo, además, los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.

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